2 de enero de 1946: un hecho, dos maneras de recordarlo

León, Gto. El sonido de los rifles y las ráfagas de metralletas irrumpían la tranquilidad del Centro Histórico de León; mientras, Ricardo Sheffield Padilla observaba tranquilo cómo los soldados postrados en los balcones del Palacio Municipal disparaban contra los manifestantes. Era 2 de enero del 2012.

Era lunes. El ex alcalde tenía sentado a su derecha al ex gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez; a su izquierda estaba el entonces secretario de Gobierno, Héctor López Santillana.  Los tres eran espectadores en primera fila de la dramatización de la matanza acaecida un día como hoy pero de 1946.

Desde niños hasta personas de la tercera edad -algunos de ellos sobrevivientes de la masacre-observaban minuciosamente la simulación, cómo los soldados orquestados por el flamante Partido de la Revolución Mexicana (PRM) -antes Partido Nacional Revolucionario (PNR)- masacraban a los simpatizantes de la Unión Cívica Leonesa (UCL), quienes protestaban frente al Palacio Municipal por el fraude electoral ocurrido un día antes.

Los invitados de honor tampoco perdían detalle: Mayra Enríquez Vanderkam, quien aspiraba a la alcaldía de León; José Ángel Córdova Villalobos, en ese entonces aspirante al Gobierno del Estado, y quienes aspiraban a ocupar un lugar en el Senado, Javier Usabiaga Arroyo y Fernando Torres Graciano.

“A partir de aquélla matanza, nuestra identidad como hombres y mujeres valientes y demócratas, quedó grabada literalmente con fuego, en la historia de nuestro país”, dijo Sheffield en su discurso precedido por el de Héctor Antonio Cato David, uno de los sobrevivientes que enfundado en un traje gris y corbata a rayas, relató lo que sus ojos vieron ese 2 de enero que está grabado en la memoria colectiva de la ciudad.

Eso fue hace exactamente un año. Hoy es el aniversario número 67 de aquélla noche fatídica en la que las frías cifras oficiales indican que sólo fueron 30 los muertos; testigos aseguran que las muertes podrían contarse en centenas.

Hoy no hubo dramatización alguna, no hubo relatos de sobrevivientes, no hubo niños que escucharan réplicas de disparos.

La alcaldesa Bárbara Botello Santibañez, quien llegó al poder por el PRI -antes PRM-, dirigió los honores a la bandera. Eran minutos despúes de las 8 de la mañana. Su discurso de 5 minutos y 43 segundos, lo destinó a recordar la matanza que dio nombre a la plaza principal de León: Plaza de los Mártires del 2 de enero.

Bajo un clima gélido y gris, la alcaldesa dio un discurso donde resaltaba el deber tomar el hecho histórico con madurez y no permitir que éste alimentara a la “serpiente del rencor”, reviviera viejas rencillas. Las nuevas generaciones de leoneses no deben crecer con esa espina añeja, dijo.

Funcionarios municipales, regidores y elementos de seguridad pública escuchaban inmutables sus palabras. El frío de esas horas calaba, pero las palabras y el recuerdo de aquél día calaban aún más. Las garantías individuales y los derechos políticos de los manifestantes fueron vulnerados, decía la alcaldesa mientras que todos los asistentes escuchaban de pie.

“Feliz año para todos ustedes”, fueron las últimas palabras de un discurso que justificaba la falta de una conmemoración oficial; los ciudadanos, testigos o no, oriundos de León o no, serán quienes lo acepten o reclamen rememorar el hecho año con año.

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