Avengers y el 95%

Yo sé que es la película del momento y que tiene una calidad… pero hablemos del problema que representa en el cine, las propuestas, y la aglomeración de una película que ocupa casi el 100% de las salas de cines nacionales.

Avengers: Infinity War acaba de pasar. Es el evento más divertido de la temporada y el público mundial se ha olvidado por un momento de sus problemas, entregándose a una película que ofrece viajes emocionales muy dispares a lo que comúnmente frecuentan hacer estas películas sacadas de la máquina de galletas que representa la industria.

Yo la vi el día del estreno, y si leyeron el texto, la respuesta del público es impactante. La gente está llegando a asistir 3 veces a una función por día, publican memes –que básicamente se han vuelto condensadores de opiniones-  y existe una comunicación global; por otra parte en el mundo de Twitter se encuentran opiniones variadas, y las negativas tienden a obtener un rotundo “no” por parte de fanáticos, algo que incentivó las opiniones de críticos a los que sigo para unirse y demeritar la propuesta de los hermanos Russo… y entre esos comentarios apareció esto:

Era un hecho el que fuera a obtener ingresos desmesurados, y en tres días, pero lo que llama la atención es el número de salas que Avengers: Infinity War tiene: 6364 de 6633 salas nacionales, eso quiere decir que el 95% de todos los servicios tanto de Cinemex, Cinépolis y las cadenas más pequeñas, sirven para una sola película.

Y eso es preocupante, e ilegal.

Anterior a la semana de Marvel, había en la ciudad de León, Guanajuato cinco estrenos: Sherlock Gnomes (John Wayne Stevenson), Verdad o Reto (Jeff Wadlow), Ploey Cabeza de Chorlito (Àrni Àsgeirsson), Sueño en otro Idioma (Ernestro Contreras) y arrastrando desde la temporada del Oscar El Hilo Fantasma de Paul Thomas Anderson.

Las películas tenían horarios saludables pero con la llegada de los vengadores estas se cuentan con una función para cada proyección, cosa que de antemano no es saludable y se presiente más con la intención del colchón, en caso de que una persona no pueda asistir a la película deseada con el horario pensado, existe la posibilidad de consumir otra película y así erradicar el problema de salir de las instalaciones.

El problema  radica, con la película de Ernesto Contreras.

La Ley Federal de cinematografía se publicó por primera vez en 1992, y es un material que dictamina las regularidades dentro del marco legal fílmico respecto a qué es una película, la valoración y rescate del material desarrollado –curiosamente- a nivel mundial, fines de explotación comercial y en el artículo 18, establece que si una película mexicana se estrena, se le tiene que dar como espacio de proyección de salas un 10% a nivel nacional, por dos semanas.

Esto ha ido decreciendo y es lamentable, porque por allá en el inicio de la ley, se establecía que el espacio destinado a proyecciones nacionales era del 30%, llegando al 10% de este 2018.

Y Sueño en otro idioma, no alcanza ese 10%

Si lo ponemos en alcance Leonés, ocupa el 1% de las salas, con una sola función.

Lo cual también deriva de un problema del que menos queremos hablar: nuestras intenciones como cinéfilos y las salas de cine, que tiene el potencial de educación sin ánimos de perder ingresos con películas como la de Ernestro Contreras, una película diferente a lo que se suele hacer en el país y con un aire melancólico que sí tiene un público –¿O acaso nos hacemos sordos con los ingresos que obtuvo Llámame por tu Nombre (Luca Guadagnino)?- pero del que le hemos negado con un horario que le castiga.

¿Y por qué pasa eso? Porque no podemos dejar de ver al cine como un divertimento, porque no hemos tenido el interés de educar a nuestros jóvenes en el terreno del aprecio fílmico –tarea que sería mucho más sencilla por la proximidad del cine con todo nivel socioeconómico- y porque pensamos que si alguien debe de rescatar el cine nacional, o de autor… es el gobierno, que la culpa no es mía por ver Avengers 3 veces pero no buscar más propuestas… que estoy en todo mi derecho de hacerlo pero ¿No propago un daño severo a las otras películas?

Todo producto, bueno o malo, merece estar en sala de cine, porque es labor del cinéfilo encontrar la obra por la que quiera entablar un diálogo. Y lo curioso es que Avengers: Infinity War no es una película burda, tiene conceptos interesantes como el consecuencialismo de nuestros héroes y los golpes emocionales a los que no acostumbramos ver, su construcción de un villano carismático a la par de los grandes de Hollywood, pero tampoco queremos darle esa posición.

Porque Avengers: Infinity War está para consumirse, gozar la línea de diversión que ofrece, y esperar la siguiente dosis.

Expresé mi queja en redes sociales también expresando mi quejar respecto a la carencia de otras opciones en el cine, y echando culpa al asistente que somos todos, porque los números van a reflejar datos de los que no queremos ser parte, pero nunca mienten.

La gente sólo podía materializar una incredulidad de parte de mi persona como el típico tipo nefasto y aguafiestas, e incluso un conocido al que sé que está dedicándose en cuerpo y alma para su proyecto fílmico mencionó que mi queja era estúpida… y pues yo no sé, pero no quiero ver que en un futuro con el estreno de su ópera prima, su asistencia en las salas de cine se demerite por tener el horario más feo dentro de las salas de cine, para después ser desplazada por la película de los que usan mallones en turno.

¿Qué podemos hacer para reanimar al cine?

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.