Cambia, todo cambia

Parece inevitable: los cambios tan esperados están por materializarse a todo lo largo del país. A semejanza de una piedra que cae en un estanque, las ondas expansivas llegarán a las orillas. Esa ha sido la dinámica a lo largo de la historia de nuestro peculiar federalismo. Los cambios que ocurren en el centro tarde o temprano impactan a toda la geografía nacional.

Los resultados electorales del pasado 1 de julio anuncian una profunda transformación de la vida pública nacional. Negarlo sería como querer tapar el sol con un dedo. El país no está como para soportar un engaño más como ocurrió en el año 2000 con el triunfo de Vicente Fox Quesada. Nunca antes había triunfado un proyecto de izquierda y eso hace una diferencia enorme respecto a las alternancias anteriores. Ya lo estamos viendo, falta un poco más de dos meses para la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador y las propuestas e iniciativas que hoy se discuten en ambas cámaras son un buen laboratorio de lo que veremos en los próximos años.

Baja California no será la excepción, el próximo 2 de junio se eligen gobernador, alcaldes y diputados. Eso abre la puerta para acelerar los cambios que muchos esperan. Después de tres décadas de gobiernos del PAN, parece estar la mesa servida para que triunfen los candidatos de MORENA. Los tres partidos tradicionales (PAN, PRI y PRD) no tienen condiciones de participar con posibilidades de triunfo. La expectativa por entronizar los cambios federales con los locales crecerá. Y deberán ser transformaciones desde el flanco izquierdo y no ya desde la perspectiva a la que nos tienen acostumbrados los gobiernos del PAN y del PRI. Una de las instituciones que requiere cambios profundos es la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

La Junta de Gobierno de la universidad ha lanzado su convocatoria para designar al nuevo rector. Debería ser la hora de los universitarios. Se abre una gran oportunidad para sacar a la comunidad de la pasividad y conformismo a la que ha sido confinada durante los últimos 38 años. La calidad universitaria no se puede medir solo con discursos o propaganda en la que se venda la idea de que es una “de las mejores” del universo. Que sus carreras están certificadas lo mismo que sus procesos administrativos. No, se trata de que como institución tenga una voz firme y comprometida con su comunidad. Que su razón de ser no sea “el orgullo cimarrón” sino su compromisos para resolver los grandes problemas sociales, no solo de la región, sino que la opinión de sus universitarios tenga eco a nivel nacional e internacional.

Es muy difícil que los cambios alcancen este proceso de designación rectoril. Lo ideal sería que los universitarios presionaran para que de una vez se lograra una transición en las formas de gobierno de la universidad. Pero ello es poco probable, pues el rector será designado por una Junta de Gobierno controlada por un grupo. Sin embargo, si el nuevo rector quisiera pasar a la historia establecería un plazo razonable, quizás de dos años, para generar las condiciones para que una nueva Ley Orgánica fuera discutida por toda la comunidad, misma que deberá ser aprobada por la nueva Legislatura.

Ya hay algunas ideas acerca de las modalidades de designación o elección de los rectores. Una de ellas es la de elección universal. No creo que encuentre pleno consenso. Otra más,precisa establece que debería ser por elección excluyendo a los alumnos y desapareciendo a la Junta de Gobierno (propuesta del maestro Daniel Solorio Ramírez). Ello en virtud de la temporalidad de los estudiantes que son de paso mientras que los efectos de su decisión van más allá de su estancia. Por último, yo planteo la necesidad de que de la Junta de Gobierno se excluya a ex rectores y altos funcionarios de la universidad. Desde luego, que estas apenas son algunas ideas a las que he de volver. Pero son los universitarios los que tienen la palabra y urge que se pongan a discutir el futuro de nuestra universidad en un contexto de cambios como el que empezaremos muy pronto a vivir.

 

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