Ciudad de México, (SinEmbargo).- Un grupo de adultos de más de 60 años elige cada uno una canica dentro de un costal negro afuera del Superama Lindavista, al norte de la Ciudad de México. El número que les toque es la caja asignada para su turno de cinco horas –de 12 a 17 horas– como empacadores voluntarios. No reciben salario ni prestaciones, solo alrededor de 150 o 200 pesos diarios por propinas (6 mil mensuales).

Otro grupo, el del turno de 7 a 12 horas del día, guarda su mandil azul y sale. José Luis, de 62 años y maletín en mano, se va a su segundo trabajo: mantenimiento automotriz a domicilio. Por hora puede ganar 300 pesos, más que empacando. Lo hace para “no estar de ocioso en casa”, donde lo mantienen sus hijos. Solo el 13 por ciento de los adultos mayores vive solo (Inegi, 2016).

Por una semana de cotización que le falta ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), no ha logrado obtener su pensión. Era líder de mantenimiento en otro supermercado.

“Si me tocan mil pesos que sean mil pesos”, dijo en el estacionamiento del Superama mientras fumaba tras su jornada laboral. “Son insuficientes, una cochinada”.

Lupita, de 70 años, quisiera ganar más. Explicó que durante las cinco horas de trabajo los hacen sentarse cada media hora en la banca lateral a las cajas. “Quisiera descansar menos para ganar más”, aseguró a lado de José Luis.

La Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) publicó este mes un estudio que revela que 26 por ciento de los adultos mayores no recibe ninguna pensión contributiva ni mediante programas sociales del gobierno federal o local. Deben buscar financiamiento a través de otros rubros como el trabajo (75 por ciento), donativos de otras familias (12 por ciento) y otras transferencias (7 por ciento).

Asimismo, el 33 por ciento de adultos mayores tiene ingresos solo de su pensión (16 por ciento contributivas y 17 por ciento no contributivas).

“La falta de cobertura del sistema de seguridad social y los bajos montos de pensión son factores que han
llevado a mantener económicamente activos a los adultos mayores. Por ejemplo, de los hombres que no tienen pensión, 71 por ciento tiene una actividad laboral (23 por ciento en las mujeres)”, dice el estudio.

“El vínculo del empleo formal y el derecho a la seguridad social, los altos niveles de informalidad, el desinterés por la seguridad social pensionaria, los requisitos para la obtención de una pensión contributiva, entre otros, son algunas de las razones que explican esta situación”, agrega.

Y quienes reciben alguna pensión, el 49 por ciento de los adultos mayores tiene la no contributiva que representa 600 pesos mensuales. El 34 por ciento de ellos habita en zonas rurales.

Lupita, de 70 años, lleva un año trabajando como empacadora de Superama, tienda de WalMart. Cuenta con la pensión no contributiva del Gobierno federal por mil 165 pesos… cada dos meses.

“Con lo que gano aquí me mantengo. Para la comida o la ropa. La renta la pagan mis hijos. La del gobierno también me ayuda”, contó sonriente. Tiene 12 hijos y se siente sana. En limpieza, su cargo anterior, ganaba mil 200 pesos al mes por nueve horas. “Ya no aguanté el sueldo ni la jornada”, evocó.

“Me siento mejor que nunca. Útil”, afirmó. “Me voy a morir caminando”.

Por género, del universo de personas con pensión contributiva, el 60 por ciento son hombres. Las mujeres son mayoría en los grupos con pensión no contributiva (59 por ciento), como Lupita, y quienes no reciben pensión (61 por ciento).

LAS MÁS BAJAS PARA MUJERES RURALES

Del total de 9.6 millones de adultos mayores, la mayoría gana la pensión más baja, esto es, la no contributiva de 600 pesos en promedio, también relacionada con la baja escolaridad, el género femenino y la zona rural.

En general,  las pensiones contributivas benefician a las personas de mayores ingresos mientras que las no contributivas a las de menores.

Los 2.9 millones beneficiarios de una pensión contributiva (31 por ciento del total de adultos mayores) reciben, en promedio, un monto mensual de 5 mil 128 pesos en el caso de las mujeres y 6 mil 602 en hombres.

“Las mujeres están en desventaja en términos de bienestar debido a que tienen esperanza de vida mayor y a su menor participación en empleos formales, por lo que los beneficios por seguridad social son menores, por ejemplo, salud y pensión”, aclara el informe de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro.

Este dinero representa el 46 por ciento del ingreso total en mujeres y 52 por ciento en hombres. La mayoría vive en Coahuila (48 por ciento), Nuevo León (47 por ciento), Sonora (45 por ciento) y Baja California (44 por ciento).

“Los datos construidos a partir de la ENIGH 2016 indican que la cobertura de pensiones contributiva está sesgada a hombres, a personas con mayor nivel educativo, afiliadas a sistemas de salud institucional como IMSS o ISSSTE, con vivienda propia, de zonas urbanas y del norte-centro de la República”, concluye el estudio de la Consar.

Los 4.7 millones que reciben una pensión no contributiva (el 49 por ciento) ganan en promedio 600 pesos hombres y mujeres, e implica el 13 y 6 por ciento de sus ingresos totales en mujeres y hombres, respectivamente. Habitan sobre todo en Chiapas (69 por ciento), Zacatecas (68 por ciento), Oaxaca (65 por ciento), Tabasco (62 por ciento) y Tlaxcala (61 por ciento).

“La cobertura de pensiones no contributivas, por su parte, tiende a estar concentrada en mujeres, personas de baja escolaridad, afiliados a servicios de salud del Seguro Popular, del sur-centro del país”, agrega.

En México, el sistema de pensiones se integra por distintos pilares, uno contributivo ligado al empleo formal y aportaciones del empleador, gobierno y trabajador, y el no contributivo mediante impuestos y programas sociales como “65 y más” para a aquellos que no tuvieron oportunidad de ahorrar.

Por la modificación a la ley, en el caso de los pensionados por empleo formal, laborarán más por menos. La Generación Afore que debe cotizar mil 250 semanas ganará menos que los de la Generación de la Ley 73 que cotizan 500 semanas. José Luis, por una semana, no puede acceder a su pensión.

“LE REZAMOS A AMLO”

El gasto de los hogares con adultos mayores en un mayor porcentaje se destina a alimentos, hogar, salud y vivienda; mientras que el porcentaje es menor en educación y esparcimiento, transporte y vestido, expuso el estudio de la Consar.

El gasto monetario de los adultos mayores es, en promedio, de 3 mil 194 pesos mensuales. El gasto en alimentos es el principal rubro de consumo con un monto de mil 199 pesos (38 por ciento), seguido del gasto en transporte con 575 pesos (18 por ciento) y el de la vivienda con 380 pesos (12 por ciento). Para el gasto en salud son 157 pesos (5 por ciento del gasto total).

El documento añade que hay quienes además de ingreso por pensión, obtienen de otras fuentes. El 8 por ciento de los adultos mayores recibe ingresos laborales y de pensión no contributiva; en igual porcentaje (8 por ciento) se encuentran quienes reciben ingresos únicamente laborales. Por rentas o donativos son muy bajos los porcentajes.

“Necesitamos mucho dinero, estamos rezando para que Andrés Manuel López Obrador nos aumente la pensión”, bromeó Noé de 71 años. “Primero Dios”, secundó María Rosa de 79 años, cuya hermana María Digna de 75 años también trabaja de cerillo para que ambas paguen los gastos de la casa: luz, agua, gas…

López Obrador, durante su gestión en el entonces Distrito Federal (2000-2006), lanzó un programa de pensiones a personas de la tercera edad, el cual plantea extender como Presidente de la República (2018-2024).

Todos entran a la tienda a trabajar al Superama tras el reparto de cajas.

Agustín, de 62 años, se queda otros diez minutos antes de las 12 en punto del día. Su pensión la considera baja respecto a sus gastos: le debe al Infonavit a 30 años. De eso se van 934 pesos de su pensión mensual de 6 mil 900 pesos. Vive con dos de sus hijas, yerno, nieto y su esposa. Los pesos que gana empacando son para “gastos familiares de la semana”, contó.

En total, 54 por ciento de las personas mayores de 65 años poseen una vivienda propia, 30 por ciento habitan con otras persona propietaria y 16 por ciento vive en vivienda no propia. Gerardo, empacador de 65 años, renta junto con su hija, nieta y esposa, quien también trabaja, pero para atender su diabetes, contó.

El gasto monetario de los adultos mayores es, en promedio, de 3 mil 194 pesos mensuales. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

Al ser empacadores voluntarios, son libres de faltar. Pueden pedir permiso para vacaciones o para ir al médico. El requisito para ser contratados es contar con seguro social. La hija de Lupita tuvo que darla de alta para que la contrataran.

Del total de adultos mayores con pensión contributiva, 70 por ciento menciona estar afiliado al IMSS y 18 por ciento al ISSSTE; caso contrario ocurre con aquellos que no tienen una pensión contributiva al encontrarse afiliados, en su mayoría, al Seguro Popular.

Los hogares con adultos mayores y pensión no contributiva destinan la mayor proporción del consumo a salud, ya que carecen de un seguro de salud.

México enfrenta un gran reto en torno a satisfacer las necesidades de los adultos mayores del país que deberá atender en el contexto de un profundo cambio demográfico, empezando por integrar los diversos rubros de pensiones, concluyó la Consar.