“El arte no es una receta mágica para erradicar prácticas violentas”: Juan Antonio Sustaita Aranda.

El investigador y académico de la Universidad de Guanajuato, Juan Antonio Sustaita, expresó que dentro de una cultura violenta como la de México, pensar que el arte pueda erradicar la violencia es una idea inocente.

León, gto. Poco o nada hablan los candidatos sobre cultura en nuestro país, y quienes lo hacen tienden a vincular cultura con educación y prevención, percibiéndola como una herramienta útil para la reconstrucción del tejido social — frase que hemos escuchado hasta el hartazgo por lo menos en Guanajuato— dejando de lado la complejidad que guarda el significado de esta palabra y los conceptos que nacen de ella desde la antropología, la sociología y el arte.

Juan Antonio Sustaita Aranda, Doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro ‘La Danza de las Cabezas. Para una estética de la miseria corporal’, considera que la relación entre cultura-violencia y arte-violencia, es compleja, por lo que los políticos que aseguran que se puede erradicar la violencia a través de talleres y actividades artísticas, tienen una noción muy corta de estos conceptos.

“Me parece inocente la idea de que la cultura sirva para erradicar la violencia cuando vivimos una cultura de la violencia.  Creo que hay problemas conceptuales para entender la relación entre estos dos factores. Si fuera sólo cuestión de deseo y de una aplicación práctica, la violencia ya se habría erradicado”, señaló el investigador de la Universidad de Guanajuato.

Invitado a inaugurar las Jornadas Académicas 2018 del Instituto Universitario del Centro de México, en torno a la búsqueda de la paz, Juan Antonio Sustaita habló acerca de uno de sus ejes de estudio favoritos: la estética de la violencia, de la que se han derivado los títulos editoriales de su autoría.

Durante su discurso, Sustaita expresó que en países como México, la violencia se muestra como un fenómeno complejo que se mantiene gracias a la mimesis cultural, es decir, en adoptar y reproducir acciones violentas desde la infancia. Agregó que, al igual que la corrupción, la violencia se ha normalizado.

“No necesitamos ir a los extremos, ver descabezados y descuartizados para indignarnos. Todos los días nos encontramos frente a situaciones violentas, como los perros abandonados en las azoteas. El maltrato en todas sus formas también es violencia y la hemos aceptado”, puntualizó.

Juan Antonio Sustaita explicó que hay un amplio espectro de violencias que componen lo social y que la visibilización de estas violencias es lo que puede causar una revolución, ya que se develan los exabruptos del poder, del abusador, como ocurrió en el caso de Julio César Mondragón Fontes, el único cuerpo que los autores de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no ocultaron, y que fue encontrado sin rostro, con claros signos de tortura.

Sin embargo, Juan Antonio Sustaita advirtió que también hay que tener cuidado con estas claras demostraciones de violencia que se replican a través de algunos medios de comunicación, ya que tanto el medio como la imagen envían un mensaje que hay que decodificar, que habla a su vez de un discurso oficial agonizante y de cómo se escribe ahora el espacio público de un modo despiadado y espectacular.

“El arte no sirve para erradicar la violencia porque mucho del arte que se ha hecho a través de la historia también es violento. Creo que este discurso de que el arte combate las prácticas violentas es una moneda de cambio en cuestión de política porque tranquiliza de alguna forma a la sociedad”.

Sustaita asegura que en los últimos 20 años se han incrementado los centros artísticos en todo el país, pero no ha disminuido la violencia.

“No existen las recetas mágicas. Es ingenuo creer que los talleres de pintura y demás actividades artísticas para los niños y jóvenes van a terminar con la violencia cuando la viven de forma cotidiana. Venimos de una cultura de la mímesis donde también reproducimos lo malo. Si los padres de familia, si los líderes sociales practican la violencia y estos actos se difunden, es muy difícil pedirle a los hijos y a la sociedad que hagan lo contrario”, expresó.

Sustaita expresó que gran parte de los candidatos en México no tienen preparación ni cuentan con estudios sobre temas sociales ni se rodean de gente que tenga esta preparación, antes bien, se convierten en opositores de aquellos que practican la parresía, término que el filósofo Michel Foucault utilizó para referirse a hablar con franqueza, ya que si hay una mayor conciencia, hay mayor crítica a los sistemas injustos.

“Es bien sabido que en América Latina, cuando un candidato está en campaña adopta una postura populista y una vez que está en el poder adquiere una práctica neoliberal. Esta preocupación por lo cultural existe sólo en la primera fase, es decir, en lo populista y luego se olvida”.

Finalmente, el investigador de la UG señaló que para comenzar a combatir la violencia y otros problemas sociales, hace falta una red estatal en donde participen todas las áreas de estudio humanísticas que aborden los temas del Estado. “Creo que vamos en carriles muy separados cuando el fin es el mismo”, puntualizó.

Juan Antonio Sustaita Aranda

Juan Antonio Sustaita Aranda, ha participado en 48 congresos y coloquios internacionales con investigaciones alusivas a la teoría e historia del arte contemporáneo, estética, semiótica y análisis de discurso. Cuenta con publicaciones nacionales e internacionales. Es miembro del grupo de investigación GRECA (Gruop de Recerca en Estètica general i Antropològica – Arts plàstiques, teatre. Arts d`accio i Cinema) de la Universidad de Barcelona e investigador responsable del grupo de investigación en formación: ‘Poéticas y estéticas de la narcoviolencia’.

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