El Hombre Hormiga y la Avispa (2018)

Pues al fin ha pasado: Marvel tiene una película tibia que continúa con las fallas del estudio, sin mucha razón de existir más que la de ser una pieza de rompecabezas

¿Es 2018 el año de la implosión fílmica? Lo pienso porque estoy en el día del estreno de El Hombre Hormiga y La Avispa, la más reciente película de Marvel y no hay pista del montón de personas que este tipo de películas suelen atraer: ni en la fila de las palomitas, ni en las afueras, no hay gente ataviada de playeras o de los personajes y el estacionamiento es una bendición libre de utilizar, algo que claramente no es lo que los estudios quieren, pero que se han estado ganando con la sobresaturación del mercado entre ellos mismos, que no entienden que compiten con el tiempo a cuestas en películas que deben recaudar en un mes lo necesario.

También es que la decisión de sacar una secuela de la primera parte de El Hombre Hormiga resulta desconcertante en términos económicos. Si bien la primera parte superó su presupuesto, a la hora de comparar datos la película obtuvo un porcentaje de ganancias en taquilla similar al de Iron Man (Jon Favreau, 2008), película que iniciaba el proyecto del universo fílmico y que era más un apuesta inesperada, ese sólo es un guiño del largo camino de tropiezos que “El Hombre Hormiga” ha tenido en su viaje a la pantalla grande y es imposible –y ciertamente injusto a cierto nivel- el no recordar el tropiezo más grande: el de la salida de Edgar Wright del proyecto tras años de haber estado involucrado, que de inmediato anunciaba una alerta de apoderamiento de ideas por parte del estudio y que es un área en donde se ha cojeado muchas veces.

La labor de superar lo que Wright propuso fue de parte de Peyton Reed quien como director de rebote de un proyecto inusual hizo un trabajo… adecuado. Estaban las bases para un personaje singular y torpe con una película sobre robos, a pesar de la pésima visión directoral con personajes que nunca comparten escena juntos, hay un toque del “working class” en Scott Lang que nos hizo perdonar esta incomodidad –sobre todo en el montaje- y la carencia de un villano con el mismo peso que el de su protagonista.

La aparición de Scott Lang fue mucho más notoria y satisfactoria en Capitán América: Civil War (Los hermanos Russo, 2015), en donde el personaje fue utilizado en perfil secundario y ofrecía los despuntes positivos del proyecto, que hacía tener esperanzas en el proyecto de secuela que se cocinaba para el personaje, que serviría de entre todas las cosas como oportunidad de oro para Peyton Reed de revelarse sin la sombra del “qué pudo ser”.

Los resultados son… existentes: El Hombre Hormiga y La Avispa se trata de una de las películas más tibias de Marvel en 10 años de existencia, repitiendo el patrón de la anterior película, con despuntes de genialidad adheridos en un proyecto que sólo existe.

Desde la película anterior, teníamos dos elementos que se nos prometían a explorar durante siguientes entregas del universo Marvel: Que Hope (Evangeline Lilly) llegase a usar el traje de La avispa y la exploración del mundo cuántico, sus peligros y posibles usos dentro de la historia del personaje. Hope aparece, y es partícipe de las mejores escenas de acción en donde Peyton Reed exige más creatividad a la hora de presentar la dinámica de pequeño/grande, pero fuera de estas escenas, no es muy consistente. Le preocupa saber qué habrá sido de su madre durante unos minutos porque después es entrecortada de sus pensamientos con el humor de Scott Lang, y de la misma manera, nunca llega a cuestionar las acciones repudiables de su padre en el pasado. Es más presentada por los 5 guionistas –quién diría que requieres a tantas personas escribiendo una historia tan simple- como parte de un abanderado progresista que bien pudo saltar más allá de sus intenciones de representación y más como un personaje con mayor peso o identidad.

Hope acapara la mayor parte del tiempo la acción y la trama, dejando de lado a Scott Lang quien, también termina siendo dispar. Salvo por la conexión que tiene con el reino cuántico, la vida de perdedor de Scott es perfecta para la dinámica que la película propone, porque no puede escapar a ser el héroe de antes siendo el único que afronta consecuencias de las películas pasadas (y en donde se exprime a la perfección la comedia de Paul Rudd para un personaje que le queda perfecto). También es destacable que la relación que tenga con su hija sea una anomalía en estas películas porque jamás solemos ver las interacciones de los seres queridos y lo que piensan respecto a su ser querido volviéndose un sujeto con habilidades extraordinarias al servicio de los necesitados, pero el problema es que todo lo que plantea con alcance cómico o de desarrollo, queda de lado, porque lo importante es el mundo cuántico.

Aunque la película sabe y aprovecha la secuencia de acción de San Francisco, que resulta ser la más entretenida y emocionante de la película, no el mundo abstracto de donde tiene lugar un rescate desinteresado.

Y cuando llegamos al mentado mundo cuántico, el final es tan anticlimático y carente de sentimentalismo o consecuencias que uno no puede evitar el pensar cómo se llegó a este punto en la película, una que ya quiere culminar. Y no es que no existieran riesgos plantados en la película, porque tanto Janet con conocimiento del mundo en el que estuvo tanto tiempo, y la aparición de Ghost (Hannah John-Kamen) como villano relacionado a este lugar prometen exploraciones, que nunca hace.

Básicamente uno puede agarrar una lista de problemas con las películas de Marvel y aquí encontramos todas: guión repleto de potencial jamás explorado, humor que llega a ser forzado, villano del montón que no representa mucho problema, y volverse una pieza para el argumento central de 10 años de películas que promete terminar en la última parte de Los Vengadores.

En ese término, encuentro más ofensivo lo que se plantea, porque no importa lo que hayas visto durante más de una hora, todo lo que se propone hacia al final es lo que las audiencias encuentran sorprendente, omitiendo una película que nos hace pensar el “¿Necesitábamos otra película de El Hombre Hormiga? O mejor dicho ¿Peyton Reed es el único que quiere hacer estas películas? Corazón hay, lo que no hay es capacidad de poder realizar un trabajo competente, y a estas alturas, ya deberían prever esto.

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