Elecciones en Guanajuato

Por Alejandro R. Elizarrarás*

 

Con periodos perfectamente definidos y nula alternancia en el Poder Ejecutivo durante los últimos veintisiete años,Guanajuato se perfila como una de las entidades que ha sido gobernada durante largos periodos por un instituto político.

Un recuento de los últimos noventa años refleja que es el Partido Acción Nacional quien mantiene la gubernatura desde 1991 con Carlos Medina Plasencia a la fecha. Son siete gobernadores entre electos e interinos en un lapso de casi tres décadas.

El Partido Revolucionario Institucional ejerció el poder de 1946 a 1991, 45 años, con doce gobernadores.

El Partido de la Revolución Mexicana (PRM) de 1937 a 1946, nueve años y cinco gobernadores.

Y con el Partido Nacional Revolucionario (PNR) de 1928 a 1937, nueve años y ocho gobernadores.

El actual gobierno estatal observa resultados positivos en el terreno económico y en atracción de inversiones, pero con un incremento en los niveles de inseguridad, tanto en delitos del fuero común, como federal, reflejo de una estrategia a inicio de sexenio que no necesariamente fue la adecuada para la totalidad del periodo. La criminalidad evoluciona y se va adecuando a las condiciones geopolíticas, económicas y legales de cada contexto. No asimilarlo de esa manera es un error. Las políticas públicas y programas deben evaluarse cada tres años para saber si están funcionando o no. Esperarse al final del sexenio es un error de gestión.

Los partidos tienen como función principal canalizar los intereses y demandas de la sociedad para que sean consideradas en la toma de decisión gubernamental y por otro lado posibilitar la participación de las personas en los procesos políticos por medio de la elección de los representantes populares que ejercen el poder.

La disyuntiva es que la mayoría no cumplen con ambas premisas. Partidos políticos monolíticos, cuyos dirigentes lo toman como un ente patrimonialista, donde las posiciones son tomadas por grupúsculos que no necesariamente son los más capaces para dicha función. Si a esto se suma los procesos poco democráticos hacia el interior el desastre e inconformidad de los militantes y de la sociedad se acentúa.

Los problemas a los que nos enfrentamos son graves y requiere de los mejores perfiles para su solución. La población se da cuenta, ya no es fácil engañarla. Aquí reside el desprestigio y la carencia de credibilidad en la clase política.

En el proceso electoral actual y ante la coyuntura, dos actores saltaron a la palestra, por un lado los candidatos independientes que en el caso de Guanajuato no se tiene registro validado por el IEEG para gobernador. Y por el otro los candidatos tránsfugas, que si bien es cierto les asiste el derecho constitucional de votar y ser votados, no necesariamente representan los ideales de los partidos que los postulan. Se visualiza un desdibujamiento de ideologías, que por ejemplo en el caso de Europa y algunos países de América Latina se fortalecen, pero para México el pragmatismo se impone. La lucha por la obtención del poder a costa de todo.

Dentro de este mapeo de actores tenemos a una sociedad, apática, carente de mecanismos de participación, de un sentido social de las cosas, poco articulada y donde la exigencia de rendición de cuentas a sus gobernantes es nula.

Son noventa días de campaña en el caso de la elección para gobernador. Tiempo que debe ser aprovechado en reuniones significativas, que marquen la “visión de estado”. Eventos donde se presenten diagnósticos, metodologías, propuestas y contenidos claros para la solución de problemas.

Todos los que contienden tienen la oportunidad de marcar agenda. Pero esto depende de la capacidad y conocimiento del estado de cosas del aspirante y su equipo cercano.

Acciones como visitar mercados, si bien es cierto se utiliza para placear al candidato, ya poco abona e influye en el electorado. El saludo y la sonrisa fingida tanto del elector, como del que busca ser su representante están ahí.

Los institutos políticos en su mayoría no han realizado el trabajo que les corresponde, tampoco han tendido puentes en los distintos segmentos del electorado: jóvenes, adultos mayores, amas de casa, profesionistas, agricultores, ganaderos, transportistas, obreros, empresarios, comités de colonos, comerciantes, organizaciones de la sociedad civil, colectivos, ciclistas. El trabajo que tuvieron que hacer durante muchos años atrás, lo quieren efectuar en 90 días de campaña y dejárselo todo a la comunicación política.

Se percibe una mínima evolución de anteriores campañas a la que actualmente estamos viendo. Quizá una mayor propuesta en términos del uso de redes sociales y contenidos visuales. Pero en el fondo algunos partidos le apuestan a obtener los mínimos indispensables de votos para seguir recibiendo las prerrogativas que por cantidad de votos les corresponde. No le abonan nada a la vida democrática del estado, ni tampoco a ejercer contrapesos.

Guanajuato, en un estado con una enorme oportunidad de generar un vínculo gobernante-ciudadano. Pero pocos se han visualizado esa veta de oportunidad.

Las campañas van iniciando. Estemos atentos a lo que acontece.

 

*Alejandro R. Elizarrarás, es politólogo y administrador público. @Alelizarraras

1 comentario
  1. Edgar dice

    Excelente artículo! Muy claro tú planteamiento del contexto que estamos viviendo! Muchas felicidades Alejandro. Saludos!

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.