¿Es posible una ciudadanía transnacional?

Por: Miguel Vilches Hinojosa*

 

En el pasado proceso electoral se recibieron 98,470 votos de mexicanos residiendo en el extranjero para elegir presidente de la República Mexicana; en los estados de Chiapas, Guerrero y Michoacán encontramos la figura de los diputados migrantes, en el primero desde 2012 y en Guanajuato se ha anunciado por parte del nuevo gobierno (2018-2024) que el titular de la nueva Secretaria de Movilidad Humana y Migración será el mexicoamericano Juan Hernández.

Estos datos nos dan qué pensar sobre la modificación práctica de la clásica visión de ciudadanía que T.H. Marshall definía a mediados del siglo veinte como “un estatus concedido a aquellos que son miembros de pleno derecho de una comunidad.”  En el momento actual presenciamos una apertura de las comunidades políticas (Estados) a que una persona ostente más de una ciudadanía, abriendo los derechos políticos a personas que por diferentes vías han adquirido más de una nacionalidad.

En la actualidad se estima que hay más de 250 millones de migrantes internacionales, esta realidad mundial contemporánea evidencia con más énfasis lo que la teoría política internacional ha concebido como uno de los factores que puede trastocar el equilibrio de poder de los Estados: La ciudadanía transnacional.  Desde luego, se trata de un nuevo concepto que intenta comprender un nuevo tipo de ciudadanía en la era de la mundialización, en donde una persona puede incidir en los asuntos públicos en más de dos países de manera cotidiana y simultánea más allá de las fronteras nacionales.

En este sentido, la ciudadanía transnacional incluye la convergencia de diversidades culturales y de la condición translocal en una sola persona.  Esto se puede observar en el empleo del inglés y el español para comunicarse cada día por parte de los mexicoamericanos tanto en México como en Estados Unidos; así mismo la creciente movilidad de las personas migrantes que pasan temporadas en una y otra nación, convirtiendo su lugar de residencia en un continuum cruzado por una frontera y construido entre dos naciones.

La ciudadanía transnacional, en tanto que concepto, parte de la crítica al concepto esencialista de nación y de comunidad, en el que la pertenencia originaria a la comunidad o a la nación no debe ser una limitante para que la persona goce de plenos derechos dentro de su condición transnacional.  Esto resulta evidente, al menos en el discurso racional, cuando se trata de derechos fundamentales como la vida y la libertad. Pero es más discutido cuando hablamos de los derechos políticos para estos ciudadanos transnacionales, como es el hecho de votar desde el extranjero a quiénes no tiene residencia fija en México y el ser elegido como representante o funcionario en el espacio público cuando se tiene más de una nacionalidad.

Pese a esto observamos que en el mundo cada vez está más legitimada la condición de un individuo de pertenecer a diferentes Estados y participar en las decisiones de la vida pública de diversas comunidades, sin que esto obligue al individuo a optar por una sola de estas adscripciones territoriales o a guardarle lealtad a una única autoridad estatal. Más todavía, esta concepción ha inspirado modelos filosóficos que proponen convertir al conjunto de la humanidad en una comunidad basada en la solidaridad de la que nadie quede excluido, es el caso de la filósofa valenciana Adela Cortina. Esto nos lleva a imaginar una nueva comunidad internacional en la que los actuales Estados reconocen de manera universal el derecho humano a migrar y el reconocimiento universal de los derechos políticos tanto a personas nacionales, nacionalizadas y extranjeras en función de su aporte a la sociedad.  

Por lo tanto, estudiar las formas en cómo esta ciudadanía transnacional se expresa concretamente en México (y en Guanajuato) y por parte de los mexicanos (y guanajuatenses) es una necesidad para comprender los retos de reinventar el estado contemporáneo.  Es decir, que esta realidad está obligando a los países, en sus diferentes niveles de gobierno, a modificar los mecanismos, otrora reservados a los ciudadanos con una sola pertenencia, de elegir a los gobernantes y representantes para que este derecho cada vez más incluya a las personas que viven fuera del territorio del que son originarios, y que a la vez, las personas que originalmente provenían del extranjero o que mantienen vínculos con otra nación, para que tengan un esquema legal por medio del cual puedan participar en las decisiones de la comunidad de la que son parte al residir y realizar sus actividades vitales en el país de adopción.

México y Guanajuato participan de esta realidad como territorios de emisión, tránsito recepción y retorno de personas con las condiciones para desarrollar esquemas jurídico-políticos que potencialicen esta ciudadanía transnacional. ¿Cuáles son las acciones que como ciudadanos, sociedad civil, empresarios y autoridades podemos implementar para hacer frente a esta creciente realidad?  Es un debate abierto en el que estamos exigidos a participar.

 

*Miguel Vilches Hinojosa. Profesor del Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno. Universidad de Guanajuato

 

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