Estado muerto

A propósito del día de muertos, el resumen del gobierno del presidente Peña Nieto se puede sintetizar como un epitafio. La lápida podría llevar escrito: “2012-2018 Cuando la impunidad se naturalizó y la corrupción se institucionalizó”.

Como nunca en la historia moderna del país, la ineficacia y la soberbia fueron el canon de la administración pública federal y de muchos de los estados del país, en donde los sepultureros también fueron los gobernadores, junto con las y los secretarios de estado. El descaro se hizo sinónimo de cinismo y con ello estilo de gobierno.

Los mensajes en los medios de comunicación previos al sexto informe de gobierno y los que siguen apareciendo en estos días a unas semanas de entregar el cargo de presidente, muestran el bizarro maquillaje que los cosmetólogos del marketing político hacen, todavía, sobre el rostro desdibujado del estado mexicano y del desaparecido presidente Peña Nieto, en la que se dibuja una calavera, como símbolo del saldo de muerte y dolor de las políticas seguidas en el sexenio.

Un gobierno que sigue entrampado en justificar lo injustificable, en evadir sus responsabilidades, en dar la espalda a sus propias decisiones. El tema de la cancelación del aeropuerto confirma la institucionalización de la corrupción.

Hubiera sido deseable que el gobierno de Peña Nieto presentara públicamente los argumentos y los estudios técnicos y económicos  en los que se basó para comprometer la realización de una obra que sería la “cereza” del pastel, de una administración federal que jugó a la inversión pública para construir un negocio privado, en donde el estado ha gastado sin ningún escrúpulo los recursos públicos para seguir apuntalando y favoreciendo a empresas que  han sido protegidas por el modelo neoliberal, que los gobiernos panistas y priistas han impulsado en los últimos 40 años.

Si se trataba de pensar en la nación, y hubiera asistido la razón a la administración del partido en poder en este sexenio que fenece, su responsabilidad estaba en informar con los datos y con los  estudios técnicos y científicos realizados, de una forma transparente y didáctica, la factibilidad, técnica, social, ambiental y económica y no dejar, como fue el caso, que el ahora presidente electo haya dado un sobrepeso de corrupción en su discurso contra el NAIN, no sólo por el incremento de los costos de las obras que ya se han realizado, sino la calidad de los estudios ecológicos, hidrológicos y geológicos que soportaban la decisión peñista.

El gobierno de la República se desvaneció, se desdibujó de la escena política nacional, sin ni siquiera atreverse a lavarse las manos, simplemente se escondió  y renunció a dar una explicación de sus actos, lo que confirmó lo que López Obrador había dicho y que ahora se apuntala en los resultados de la consulta.

El resultado es una polarización social y política, después de una consulta que se trasladó sólo al campo de la política, en la que los detractores de López Obrador propician animar una animadversión social y política en contra del nuevo gobierno que vendrá. Esto en  tiempos en el que la presidenta nacional de PRI hace una autocrítica en su partido, dejando de lado al presidente Peña Nieto y hablando de errores del partido, quitando nombres y hechos concretos de corrupción e impunidad que  lo llevaron a la derrota y al descrédito de la figura presidencial y negando la ineficacia del gabinete. En un momento en donde el PAN se rasga las vestiduras y se pone a querer montar un espectáculo al interior del partido para elegir en una simulación a Marko Cortés; en donde el PRD se devora así mismo, y en donde los chiquipartidos buscan la sombra o el cobijo de Morena.

Las ausencias se sienten y se padecen. El presidente dejó de gobernar desde el escándalo de la Casa Blanca y con la que se naturalizó la impunidad. Los muertos vivientes del gabinete todavía andan sueltos y buscan hacer de las suyas, por ejemplo, esas almas en pena buscaron en el amparo federal que les otorgó el ministro de la corte Eduardo Tomás Medina-Mora Icaza, abriéndoles una puerta para salir al purgatorio, pero sin darse cuenta que esa puerta los llevará directo al infierno. Un fantasma recorre los salones, pasillos y jardines de Los Pinos y de los edificios de las secretarías de estado y se llama justicia.

 

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