Analistas dijeron a SinEmbargo desde la campaña que Acción Nacional se enfrentaría a una encrucijada después de los comicios presidenciales de 2018. Si ganaba, dijeron, “deberá reestructurarse para ser más incluyente y unir los diferentes proyectos políticos que se cuecen en su entraña”. Y si perdía, que fue lo que sucedió, “existe la posibilidad de una ‘perredización’ del blanquiazul, es decir, que se quiebre en facciones internas que limiten su capacidad de acuerdo y de acción”.Politólogos afirmaron en entrevista con SinEmbargo que “esta elección va a cambiar el modelo de sistema de partidos que vemos ahora”, algo que se está viendo. Otros coinciden en que la del PAN es una crisis que viene de tiempo atrás, de Vicente Fox y de Felipe Calderón.

“Cuando se tiene el poder y se enfrenta uno al problema del cambio, el problema más complejo que existe en la vida política, […] se necesita mucha inteligencia, mucha decisión y suerte”, dijo a SinEmbargo el pasado 2 de julio Lorenzo Meyer. Agregó que el primer presidente panista no sólo no supo “qué hacer con la transición”: se alió con el PRI para garantizar la gobernabilidad, y sobre todo, para evitar que la izquierda lo rebasara.

“[Vicente Fox] compendió que el rival en serio era la izquierda -más con Andrés Manuel López Obrador que con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano- y entonces vio en el PRI a un aliado, [que implicó] mantener una parte sustantiva del pasado para no perder el control del aparato administrativo y de gobierno frente al reto de la izquierda”, explicó entonces el profesor emérito del Colegio de México.

El foxismo, abundó, no buscó un reencuentro de México con la democracia o un cambio de sistema político. Más bien, evitar que la izquierda llegara a la Presidencia. Y el desafuero de López Obrador “es el momento en que Fox renuncia, de manera clara, a la supuesta herencia democrática del PAN”.