A continuación fue la española la que asestó el primer mazazo y estuvo a punto de romper después, en un juego en el que Venus cometió tres dobles faltas, pero Muguruza tampoco acertó.

El drama para la española es que no encontraba la fórmula para romperla y encima tuvo que afrontar dos puntos de set en el décimo juego, que salvó con una calma solo propia de las campeonas.

Y después llegó el espectáculo, la exhibición de Muguruza. Su éxtasis, porque no solo rompió el servicio por fin de Venus (6-5) sino que apartó los nervios, serenó su ánimo y empezó a mandar en la pista como a ella le gusta.

Garbiñe comenzó a distribuir, a repartir sus golpes en abanico, a restar a los pies y a mandar. Venus no se lo podría creer. La aspirante no solo controlaba el partido, sino que además se crecía en cada punto.

Y así Garbiñe rompió tres veces consecutivas el saque de su rival. Sin ceder el suyo, sin contemplaciones, dictando el juego en la central como si hubiera jugado allí toda su vida. Mostrando la calma necesaria que quizás le faltó hace dos años contra Serena, para ganar ocho juegos consecutivos, algo que nadie podía creer.

El final fue de infarto porque Garbiñe, con tres bolas de partido, reclamó el Ojo de Halcón dos veces. Falló en la primera, que se tuvo que repetir, pero acertó en la segunda. Su triunfo estaba sellado y ella, como predijo hace unos días, colocó un nombre español, por fin, en el territorio de las Williams.