GIFF 2018: Niebla de culpa

Francisco Laresgoiti no es un director frecuente. Van a cumplirse 10 años de su primera película y de 1999 a nuestros tiempos, sólo cuenta con tres proyectos (siendo uno, una colaboración en una película de segmentos), siendo Niebla de culpa la más radical de todo su historial, que constaba de películas de ciencia ficción. En esta ocasión decide acercarse al terreno del drama, pero de una manera mucho más interesante que las tradicionales.

En Niebla de Culpa, Laresgoiti nos presenta la historia de Yolanda (Alma Moreno), una mujer de edad avanzada que vive a las afueras de la Ciudad de México junto a su esposo Juan (Ramón Álvarez). Yolanda es una mujer que apenas y sabe cocinar y que depende mucho de lo que Juan haga o diga, lo cual es algo confuso porque la mayor parte del tiempo se encuentra borracho (e imaginando a una niña). Una ocasión de oro para la pareja ocurre cuando Amanda (Marina de Tavira) busca a Yolanda –quien fuera su antigua niñera- para encargarle el cuidado de su hija mientras se va de viaje por un crucero.

Laresgoiti, lejos de mostrar una realidad cliché en el cine, es rudo con los involucrados y dista mucho de ponerse en una posición enjuiciadora, porque aquí su tesis se radica en la ignorancia que todos predicamos desde nuestros círculos sociales/económicos. Yolanda apenas y sabe leer y termina accediendo a una labor complicada para sus capacidades, y a su vez Amanda tiene confianza de un hecho del pasado que no pragma con las realidades de un mundo que avanza desgraciadamente más rápido que el drama latente y sus posibles soluciones.

En este aspecto, lo que hace es proponer un drama desolador, porque casi damos por seguro los hechos que pasarán, pero jamás el ritmo cadente y letárgico con el que se promueve la película. Llega a ser dura y fría pero hace eso cuando ninguna otra película del cine mexicano referente llega a hacer en nuestros tiempos y se da tiempo de ser creativa ocasionalmente.

Mostrando la inutilidad de Yolanda a la hora de leer o escribir, acompañada de una fotografía carente de alma por estar en blanco y negro y un diseño sonoro que levanta los pelos de los brazos de recordar con ese llanto inacabable de un bebé.

Hay incluso unos momentos con apariencia supernatural que no hacen otra cosa más que la de afianzar la senda de torpeza de los involucrados.

Hacia el final, Niebla de culpa acaba por ofrecer una historia desmoralizadora, y de pronto la película adquiere color… en sus pretensiones termina por dañar lo presentado porque se muestra orador en una escena presuntuosa con animales en una mesa de campo y la frase desoladora de Amos Bronson Alcott.

-La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia.-

Es algo inconsistente porque jamás se había detenido a plantear sus propios temas y se siente que es algo para reafirmar las ideas que la audiencia pueda tener, pero llega a ser necesario, porque es un calvario del que no se pone en juicio quién erró menos, sino qué tan estúpidos llegamos a ser.

 

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