Jurassic World: El reino caído (2018)

¿Por qué los dinosaurios son tan atractivos para los niños? Esa pregunta ha pasado por todo padre de familia desde el siglo pasado, porque fuera en novela, en maquetas, juguetes o películas, los niños consumen dinosaurios.

La aceptación de los dinosaurios entre niños plantea un puñado de posibles respuestas: Son monstruos, y los infantes tienen un apego instintivo por los monstruos y lo bestial, lo alejado de cualquier norma de ética que obtienen conforme crecen, y al saber que estos animales vivieron en nuestro planeta, lo que pasa es que terminan planteando variables entre dramáticas y didácticas sobre lo pequeño que somos, y de la suerte de que estamos destruyendo este planeta cuando antes los titanes reinaban.

Lo sé porque yo fui parte del renacimiento del dinosaurio; junto con mi hermano teníamos un amor hacia estos y nos rodeaban en una gran variedad de productos. Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993) fue una de las primeras películas que pudimos ver, y entre gritos de emoción veíamos cómo los humanos eran presas fáciles de aquellos que sólo pudimos imaginar o ver en libros de texto, muy a pesar de mis padres –específicamente de mi madre- que miraban con horror.

Jurassic Park fue un éxito inmediato entre las audiencias y un hito de la mercadotecnia comparado al siempre objetivo sacro de La guerra de las galaxias, y es por ello que Universal haya intentado seguir ofreciendo el menú de dinosaurios en verano para el beneplácito de las audiencias.

Me encuentro sentado en una sala repleta de gente, con un niño regordete a mi lado que tiene una playera del icónico logo de la primera película creado por Sandy Collora, pero a diferencia de su rostro de nerviosismo por lo que va a ver, el mío no es tanto de emoción, sino de desapego, porque podré tener todavía una fascinación por estos animales, pero la última vez en la que tuvimos un encuentro, no me fue grato.

Jurassic World de Colin Trevorrow fue un inesperado éxito de taquilla, posicionándose en segundo lugar a nivel global; también se le suele asociar una visión crítica al consumismo, y pues está sí existe en el proyecto, pero para ello tienes que soportar una trama absurda con personajes detestables y que tienden a usar lo metatextual como para darse una palmada en el hombro asegurando lo inteligente que puede llegar a ser.

Cada que la vuelvo a ver, la encuentro más detestable, incluso si el final llega a ser la cosa más satisfactoria paradójicamente (no voy a mentir, esa cuádruple pelea contra un dinosaurio alterado genéticamente eleva la adrenalina y gritas como si estuvieras en un hipódromo). Trevorrow dejó los elementos necesarios para poder construir una nueva trilogía, cosa que fue la intención original a pesar de no estar en la silla de director en esta ocasión.

En esta ocasión, es el turno de J. A. Bayona, y eso inspiraba algo de curiosidad. Bayona, que poco a poco se ha estado presentando como un director capaz de ofrecer una película repleta de sensibilidades sin tampoco tenerle miedo a los efectos especiales, tiene más madera de dirigir un proyecto gigante de Hollywood, mucho más que los demás directores que con el paso del tiempo hemos visto en la infamia por ceder más a las necesidades de los estudios que de ofrecer una visión libre de compromisos.

Y en esta ocasión… no es la excepción.

Los elementos a destacar en Jurassic World 2: El reino caido son enteramente labor de la visión frustrada de Bayona. La película se detiene y centraliza el planteamiento para analizar lo que representan los dinosaurios en este mundo; no es algo ajeno de las demás películas que siempre han mostrado que la avaricia termina ocasionando el caos, pero Bayona ofrece una visión más enternecedora con animales a los que o siempre pensamos como torpes, o asesinos de sangre fría, lo cual sí termina cediendo a nuestras visiones respecto al tema, casi en tono chantajista e irónicamente mejor representados que los humanos.

Transcurre a través de dos escenarios gigantes construidos para y por el espectáculo, que es a lo que la gente llega a las salas de cine para ver estas películas (aunque no entera justificación). El primero que sucede en la isla es estúpido, estúpido, estúpido… muy estúpido y quizás esa sea su beneficio. No hay mucho esmero en mostrar las interacciones de los humanos con los dinosaurios en pro de rescate pero sí para dedicarle tiempo a una película de desastres ofreciendo una despedida a una isla a la que siempre ha tenido anclada la saga.

Incluyendo una despedida extremadamente conmovedora en la que se ejemplifica todo lo que la película trata de plantear, sin díalogos y una tragedia que te hace voltear hacia otro lado.

El segundo acto es en el que el director se siente más libre, y de hecho es la parte que lo hizo aceptar el proyecto, porque básicamente se vuelve una película de horror… algo que adopta de la estructura de la primera película. Y en donde Bayona se vuelve cuidadoso de plantear momentos tensos a pesar de la incredulidad del momento en sí.

Destaco también que haya dedicado atención hacia los efectos especiales de los animales, que aparecen más en forma de animatronics que la vez pasada. y un diseño de producción que me recuerda a las inverosímiles entregas de Resident Evil y sus mansiones repletas de lugares secretos o escenarios planteados para la aparición de un monstruo dispuesto a clavar el colmillo en sus víctimas, son elementos que parecerían menores pero en realidad son una extrañeza en estos tiempos en el que el grupo de artistas dedicados a los efectos especiales terminan siendo ninguneados por la calidad de estos en el proyecto final.

Jurassic World: El Reino Caído abraza el concepto de película de horror que tanto le hacía falta, aunque el problema más grave, radica en también en la propia génesis del proyecto, y del cual sospecho no tuvo mucho control Bayona, porque repite el nefasto uso de personajes de Trevorrow.

Destacaría los elementos en contra, pero es que no tienen un crecimiento importante o un cambio inesperado… salvo el asunto del extraño mensaje pro familia que siempre aparece en estas películas y que probablemente analice a fondo en estos días.

Lo más triste del asunto, es que la película se siente sin voz final a la hora de acomodar la franquicia, porque tiene tantos elementos dentro de sus manos que no puede explorar a gusto por la ineptitud del guión, uno que se formula como carne de cañón para una tercera entrega que supone ser más impactante, a pesar de que las consecuencias no se sienten tan graves como se plantean ni tampoco son desatadas.

Y es extraño, porque es una película que al final no se justifica, pero no por ello deja de ser un viaje ideal para apagar el cerebro. El problema, es que proviene de una primera película que supo conjugar estos elementos, con actuaciones y personajes humanos por los que nos preocupamos una vez que se es adulto, por sus posiciones ideológicas que realmente se encuentran en contra del proyecto de Hammond.

Ahora vivimos en una franquicia que vive viejas andadas con la filosofía de la nostalgia y del valor ético de una falla que nosotros mismos causamos, y no sé si esto diga más de nosotros en la vida real.

 

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