La comunidad científica pone fin al patrón físico del kilo y aprueba su nueva definición universal

El kilo patrón, fabricado con una aleación resistente a la corrosión de 90 por ciento de platino y 10 por ciento de iridio, pocas veces ha visto la luz del día, pero ha cumplido una función crucial como la base del sistema aceptado internacionalmente para medir la masa del cual depende, por ejemplo, el comercio internacional.

SEVRES, Francia, 16 de noviembre (SinEmbargo/AP) — El kilogramo está en vías de ser actualizado. No, la balanza del baño no se volverá más amable y un kilo de fruta seguirá pesando un kilo. Lo que está a punto de cambiar es la definición científica exacta de la masa de un kilogramo.

Hasta ahora, el patrón de su masa era el abuelo de todos los kilos: un cilindro metálico del tamaño de una pelota de golf encerrado en una bóveda en Francia. Durante más de un siglo fue el patrón único en que se basaron todos los kilos del mundo.

Se acabó.

Representantes de los gobiernos que se reunirán el viernes en Versalles, al oeste de París, esperan aprobar planes para usar una fórmula científica que defina la masa exacta de un kilo. El cambio tendrá aplicaciones prácticas en industrias y ciencias que requieren mediciones ultraprecisas de la masa.

Esto significará la jubilación del llamado Gran K, el kilo que presidía a todos los demás desde 1889.

El kilo patrón, fabricado con una aleación resistente a la corrosión de 90 por ciento de platino y 10 por ciento de iridio, pocas veces ha visto la luz del día, pero ha cumplido una función crucial como la base del sistema aceptado internacionalmente para medir la masa del cual depende, por ejemplo, el comercio internacional.

Se necesitan tres llaves, guardadas en tres lugares distintos, para abrir la bóveda donde se guardan el Gran K y seis copias oficiales _conocidas como “el heredero y los repuestos”_ bajo campanas de vidrio en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas en Sevres, un suburbio al oeste de París.

Fundada por 17 países en 1875 y conocida por sus siglas francesas, la BIPM guarda las siete unidades principales utilizadas por la humanidad para medir su mundo: el metro para la longitud, el kilogramo para la masa, el segundo para el tiempo, el amperio para la corriente eléctrica, el kelvin para la temperatura, el mol para la cantidad de una sustancia y la candela para la intensidad lumínica.

El titular de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, Martin J.T. Milton sostiene una réplica del Prototipo Internacional del Kilogramo en Sevres, cerca de París. El cilindro metálico que sirve de patrón mundial para medir la masa se va al museo. Los gobiernos reunidos el viernes 16 de noviembre de 2018 en Versailles esperan aprobar la adopción de una fórmula científica para definir el peso exacto de un kilo. Foto: Christophe Ena, AP

De los siete, el kilo es el último que todavía se basa en un artefacto físico, el Gran K. Por ejemplo, el metro patrón era una barra metálica, pero ahora es definido como la distancia que recorre la luz en una 1/299,792,458ma de segundo.

“Esto es, si se quiere, un momento para celebrar, porque es el último patrón restante de 1875 que será reemplazado por una innovación”, dijo el director de la BIPM, Martin Milton, en entrevista con The Associated Press. “Todo lo demás ha sido reciclado y reemplazado y mejorado. Esta es la última mejora que se remonta a la concepción original de 1875. Es un homenaje a lo hecho en 1875, que ha durado tanto tiempo”.

Muy raramente y con gran cuidado, se han retirado de la bóveda los kilos patrones de la BIPM para que otros kilos enviados a Sevres pudieran calibrarse con toda exactitud, más o menos la masa de una partícula de polvo.

Aunque la mayoría de los estadounidenses pesan en kilos y onzas, Estados Unidos es uno de los 17 fundadores del BIPM. Su kilo primario, el K20, le fue asignado en 1889 por el BIPM.

Mientras discutían, guerreaban y se masacraban por millones durante el siglo XX, los seres humanos compartían el kilo.

“Es un homenaje a la capacidad de colaboración del hombre”, dijo Milton. “Se lo ha llamado una gran obra de paz porque es una de las zonas en las que todos los estados del mundo se reúnen con el mismo objetivo”.

El kilo metálico será reemplazado por una definición basada en la constante de Planck, que es parte de una de las ecuaciones más célebres de la física, pero extraordinariamente difícil de explicar. Baste decir que, con el tiempo, la nueva definición evitará a las naciones la necesidad de enviar sus kilos a Sevres para calibrarlos con el Gran K. Los científicos podrán calcular el kilo exacto sin tener que comparar un trozo de metal precioso con otro.

Según Milton, el cambio tendrá aplicaciones en la computación, las industrias fabril y farmacéutica, el estudio del cambio climático y en otras ciencias que requieren mediciones precisas.

“El sistema será intrínsecamente correcto en referencia a las leyes de la ciencia, las leyes de la naturaleza”, dijo. “No tendremos que partir de la base de que un objeto en particular nunca cambia”.

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