La importancia de la mujer en la economía

Hoy por hoy la brecha de género es un tema pendiente de resolver tanto en la agenda pública nacional, como en la agenda pública internacional, puesto que, aunque ha habido avances en distintas áreas, la igualdad de género no ha sido alcanzada en su totalidad en muchos campos, siendo uno de estos, por ejemplo, el caso de la economía.

Hablando de México en concreto, según cifras del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), solo 43 de cada 100 mujeres en México participan en actividades económicas, mientras que, 78 de cada 100 hombres tienen un papel activo en la economía.

Además, de acuerdo con el Estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sobre Políticas de Género en México, “Construir un México Inclusivo: Políticas y Buena Gobernanza para la Igualdad de Género”, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres autoempleadas es de casi 50%, mientras que el promedio para las Naciones de la OCDE es cerca de 33%.

En el sentido de lo anterior, cabe recalcar la importancia y relevancia de que las mujeres participen de forma activa en la economía, puesto que tal y como lo como ha señalado el Dr. José Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE en el Seminario Interactivo sobre Mujeres Emprendedoras, reducir la brecha de género en la fuerza laboral en un 25% para el 2025 (cumpliendo así con los objetivos del G20), podría impulsar el crecimiento del PIB per cápita acumulado del país en casi cuatro puntos porcentuales, y si además dicha brecha se redujera a la mitad, podría generarse un aumento acumulado de 8.7 puntos porcentuales en el PIB per cápita del país.

Es así, que según las autoras Gamberoni y Reis, existen tres razones importantes por las cuales las mujeres deben ser tomadas en cuenta al momento de la creación de políticas públicas que tengan incidencia en la economía y que son las siguientes:

  • La discriminación contra las mujeres emprendedoras y productoras puede impedir su acceso a la información, a las finanzas y a los mercados. A su vez esto puede socavar la real y potencial productividad de las mujeres en las actividades económicas.
  • Las políticas de comercio y las iniciativas que no se ajusten a las necesidades particulares de las mujeres, pueden agravar las desigualdades existentes y revertir los logros alcanzados anteriormente.
  • Las mujeres suelen dedicar una mayor parte de sus ingresos, con relación a los hombres, a la salud y la educación de sus familias, mejorando el crecimiento de capital humano. Por lo tanto, abordar las limitaciones en cuestiones de género en el comercio y la economía, puede tener efectos multiplicadores en términos de impacto en el desarrollo general. (Higgins, 2012)

Ahora bien, hablando de algunas acciones concretas que pueden ser adoptadas por diferentes países para lograr la inclusión de la mujer en la economía, podemos encontrar las establecidas en la Plataforma de acción de Pekín, entre las que se encuentran las siguientes:

Promover la independencia y los derechos económicos de la mujer, incluidos el acceso al empleo, a condiciones de trabajo apropiadas y al control de los recursos económicos a través de:

  1. Promulgar y hacer cumplir leyes que garanticen la igualdad de oportunidades.
  2. Utilizar en la formulación de las políticas macroeconómicas y microeconómicas y sociales el análisis de género a fin de vigilar las repercusiones de género y modificar las políticas en los casos en que esas repercusiones sean perjudiciales;
  3. Fomentar políticas y medidas que tengan en cuenta el género a fin de crear las condiciones para que la mujer pueda participar en un pie de igualdad con el hombre en los campos técnico, administrativo y empresarial.

Eliminar la segregación en el trabajo y todas las formas de discriminación en el empleo, a través de:

  1. Aplicar y supervisar programas de empleo equitativo y de acción positiva en los sectores público y privado para superar la discriminación sistémica contra las mujeres en el mercado de trabajo.
  2. Eliminar la segregación en las ocupaciones, especialmente promoviendo una participación igual de la mujer en trabajos de alta especialización y en los puestos de dirección, estimulando la diversificación de las posibilidades ocupacionales de las mujeres y los hombres.

Tomando lo anterior en consideración, es que debe comprenderse el importante papel de la mujer en la economía, pero más allá de solo comprender, es necesario que la sociedad se mueva hacia la acción desde el campo público o privado, puesto que los objetivos ya han sido planteados y ya existen medidas concretas y específicas para mejorar la inclusión y participación de la mujer en la economía.

Podríamos decir entonces, que la responsabilidad de generar un mejor entorno de competencias para lograr la igualdad de género en la materia de la economía no le compete solo al gobierno, sino que, es una obligación de todas y todos.

Mariela López Marcocchio

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