La muerte de Filmstruck

O en palabras más decadentes: a los servicios de streaming no les importa la revalidación de clásicos.

Este fin de semana fue uno preocupante que deja claras las intenciones, fascinaciones y desperfectos de las nuevas plataformas de contenido; Filmstruck, el servicio de streaming en colaboración con Warner Brothers, TCM y –más sorprendente que todos- Criterion y Janus Films salió en el año 2016, siendo un servicio enfocado a las películas de corte autoral y la única opción para ver el inmenso catálogo de Criterion Collection de manera legal y a una parte de su coste original. Su suscripción era más elevada a comparación de la de su competencia, pero su curaduría era impecable: no había algoritmos que te sugerían estrenos recientes y desconcertantes porque confiaba en la investigación del internauta para descubrir su camino cinéfilo, y fue creciendo, con el paso del tiempo adquiriendo proyectos aún más interesantes que no habían salido ni en la colección pero sí restaurada, o películas que no habían salido en algún formato casero.

Filmstruck también fue un espacio de desarrollo de crítica y apertura a diálogos fílmicos, dirigidos por una siempre agradable Alicia Malone y un grupo de historiadores que sudaban pasión por el tema y dedicaban meses especializados a directores poco recordados. Quizás mi módulo favorito era la doble función en la que ponían un clásico junto a un homólogo que no esperaba el público, pero que tenía cierta relación que uno tenía que descubrir, así, encontrando doble función de El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957) con El alucinante viaje de Bill y Ted (Peter Hewitt, 1991).

Incluso la plataforma empezaba a emigrar a espacios fuera de la dupla de Estados Unidos y El Reino Unido comenzando con España apenas este año pero, el viernes fue anunciado el fin del sueño. La compra de Time Warner por parte de la empresa AT&T ha estado dejando estragos de mercado. Es obvio que tienen una idea de hacerle frente a Comcast -Dueños de Universal– y Disney ante todo, especialmente con la compañía del ratón ocupando más espacio y comprando estudios clásicos como 20th Century Fox. Esta nueva fusión no ve el por qué debe compartir espacios de streaming con proyectos como Netflix y por ello plantean la separación del ente para generar al igual que los demás, su propio servicio.

Y eso se llevó de entre las patas a los clásicos.

En una declaración bastante torpe, adjudican que su decisión se basa al hecho de que “es un mercado nicho”, y sí, tienen razón: hay un número abismal entre esas millones de personas que se amontonan para ver la nueva serie de Sabrina y Luis Miguel durante el fin de semana y hacerlas tendencia social no se reúnen para comentar el maratón de Godzilla de los setentas o celebran que la obra de Ozu se encuentre en linea, pero las comparaciones rayan en el absurdo y omiten de manera peligrosa la principal labor tanto de Filmstruck, como de TCM y Criterion: recuperar el cine.

Los grandes estudios no tienen interés de restaurar películas porque esa es una labor que se realiza de manera privada sólo con la consulta y permiso, muy rara vez ellos restauran y para que esto pase tiene que ser un evento extraordinario como el centenario de Universal.

Ellos no ven la finalidad de venta de recuperar películas a las que: a) Están a punto de perder los derechos y b) Son películas viejas. Más énfasis en lo segundo porque ¿Cómo vas a vender películas viejas si el mundo se mueve entre tendencias? Raya en el pesimismo y en cierta ironía ver que Time Warner tiene a TCM que por años se ha dedicado a la salvaguarda de películas y que en los tiempos del vhs buscaba la expansión de clásicos como mercado principal y novedoso para Ted Turner y ahora han decidido darle la espalda al asunto, que no pesaría tanto, de no ser porque nos encontramos con el lento fallecimiento del medio físico ante el digital del que para empezar, ni eres dueño de tu compra.

Y hablemos claro, hermanos Warner: Yo, consigo una cuenta bancaria extranjera para poder ver tu material en una plataforma legal, específicamente The Devils de Ken Russell, película maldita del ’71 a la que le tienen un miedo irracional de publicar en formato físico y que de no ser por Mark Kermode y los esfuerzos del BFI, no hubiera ni sido restaurada ni peleado por un corte del director que ya no se puede de manera fidedigna porque Russell lleva 6 años muerto. Hermanos Warner, no estoy muy convencido de ver en la esquina de clásicos de Netflix películas que no tienen nada qué ver con el término, de verdad quiero darles mi dinero para consumir su película a la que no le pierden nada, y lo que me hacen a mí y a milles de cinéfilos, es cortar posibilidades.

Guillermo Del Toro, Barry Jenkins, Edgar Wright y hasta Martin Scorsese dieron el grito al aire, porque ellos entienden la validez y espacio de que exista cine alternativo y con función educativa, cine que sirva para analizar y para descubrir, para alimentar nuestra fascinación y entendimiento del arte, pero el entendimiento del arte es algo que a los estudios les importa un carajo, y en este caso ¿Qué se hace?

Fácil, te vuelves un pirata cibernético. No queda de otra.

Si de verdad te interesa, Filmstruck tiene vigencia hasta el 29 de noviembre en su versión norteamericana. Un vpn basta para que te puedas registrar gratis y disfrutar de un mes de puro cine clásico.

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