Las mafias de abajo

Cuando barran desde arriba, la mugre nos va a caer acumulándose con la podredumbre que tenemos los de abajo, incluida la violencia criminal.

Todo mundo muy entretenido con la punta política del nuevo presidencialismo centralista, esperanzado en que las cosas se resolverán, como ha sido prometido. Pero el día a día municipal nos asfixia más que la palabrería de un juego lejano.

Acá abajo tenemos que vérnoslas con toda la gama de materiales que construyen la corrupción mexicana. En los cargos locales, la familia es primero: contratos de todo tipo para los allegados y nombramientos de lo mejor aunque nada se sepa hacer. Se ponen bien listillos con la información privilegiada que hace riquezas inmobiliarias asombrosas. Se obstruye la justicia cotidiana para nunca resolver nada. Se modifica el modo de vida de los funcionarios, haciéndose pasar como nuevos ricos. Se hacen tratos de colusión para el trafique de negocios entre empleados, funcionarios, usuarios de servicios municipales o proveedores.

La más extendida idea es que hay ratería y media, mediante el desvío de los recursos públicos que se deben destinar a la función pública; por eso el abuso de las funciones y el tráfico de influencias son de lo más socorrido para sacarle jugo al cargo.

Presidentes municipales, síndicos y regidores utilizan al ayuntamiento para su beneficio en todas las medidas; el funcionariado somete a sus subordinados al soborno: cuota pa’l jefe o ya sabe. Y, desde luego, la mordida, ese monumento al ser mexicano.

Pero ojo, no todo son esas prácticas: la estupidez en decisiones hace perder millones. Allá arriba, la fodonga vida municipal no se toca ni en un discurso.

 

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