Mentir, una longeva tradición

‘El aspecto más triste de la vida actual es, que la ciencia gana en conocimiento más rápido que la sociedad en sabiduría’
Isaac Asimov

 

En múltiples ocasiones he aseverado que el arma más peligrosa es la mentira y me parece que la razón y Cronos, me han asistido.

Incluso se ha profesionalizado en extremo, es toda una actividad altamente rentable porque significa control y poder, por eso cada día más se sofistica. De hecho, el mundo se ha movido y se mueve a partir de grotescas mentiras por absurdas que parezcan. Lo vemos en campañas políticas, en campañas comerciales, en creencias; y tal parece que un gran sector de la población mundial lo disfruta y defiende que le mientan, que hasta pueden llegar a enemistarse y hasta agredir a quién o quiénes se atrevan a señalarles un eslabón del engaño. (…)

Porque mentir no se toma como lo que es, un insulto, una ofensa a la inteligencia y a la dignidad, un escupitajo a la cara. ¡Se acepta y ya…!

La historia está plagada de estos lamentables ejemplos, sólo por recordar alguno de los más recientes: las campañas electorales, ¿quiénes no escuchamos decir barbaridades de tirios y troyanos, donde la contraseña es ‘gana quien miente más y mejor’, habrá indudablemente pocas excepciones, realmente pocas. Pero aquellos que hacen las mentiras más creíbles, que son claramente evidenciadas, que al poco tiempo de llegar al tan peleado y anhelado puesto de poder, muestran sus verdaderas intenciones.

Y como pocos cuando no nadie, reclama por esos engaños, logran hacer realidad lo que ocultaban, tráfico de influencias, negocios particulares, dádivas (mordidas), otros puestos dentro del presupuesto, o negocios que se sabían que se darían en catarata con las reformas estructurales.

Por eso ahora vemos a flamantes ‘empresarios’ dinosaurios con las uñas y colmillos afilados en pos de proyectos del agua, entre otras concesiones, en la bolsa y en los bolsillos.

La corrupción sí se crea, sí se transforma, pero no se destruye.

Pero analicemos algunas de las estrategias que en las grandes ligas las cuelan, las contagian, especialmente en los llanos; y que se utilizan para lograr insertar en la mente colectiva la mentira y ser aceptada dócilmente como tal. No llegamos casualmente a esta deplorable situación del grave deterioro y desgarramiento del tejido social, la casualidad no existe; este fenómeno social ha sido insertado sistemática, lenta y cuidadosamente para deformar el pensamiento en las mentes más jóvenes, que son las más fáciles de manipular. Para inducir al indeseable comportamiento de gran parte de las ya muchas generaciones, por eso cada día estamos peor, la curva del aprendizaje dentro de las familias disfuncionales, el contexto donde se desenvuelven, son el caldo de cultivo de un abyecto aprendizaje que también crece asintóticamente, las evidencias nos lo gritan en la cara. Pero, ¿cómo es posible que esto suceda, sin que nos demos cuenta?, alguien se preguntaría con justa razón, veamos.

Mantener a la ciudadanía en la ignorancia y la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y la de su esclavitud. Por esta razón:

‘La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.’

Estimular a la población, ser complaciente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…[i]

Dichas estas dos premisas de muchas más, volteamos a ver y escuchar a nuestro derredor y estaremos en condiciones de constatar que estos postulados están vigentes y como resultado de la práctica cotidiana de estas conductas antisociales, tenemos hordas de gente adoctrinada que para desgracia de la colectividad, no tienen la mínima empatía, ni la capacidad para entender que es imprescindible convivir en una sociedad sana, para lograr que la sociedad progrese en su conjunto.

Con lo antes dicho, sólo se les ha despertado el subconsciente primitivo e instintivo como ideal y deseable. Nadie escapa a estos estímulos, inclusive aquellos que tienen preparación académica, pueden ser dóciles vasallos de quienes nos han causado y causan tanto daño desde las ostentosas y lúgubres guaridas del poder.

‘Los incultos son gente difícil de tratar: Si te familiarizas con ellas, se tornan descaradas; si las ignoras, se resienten.’
Confucio (28 de sept. de 551 – 479 antes de nuestra era)

Por eso no escuchan, ni entienden, ni les interesa aprender otra cosa que no sea sentirse bien en lo personal, ya sea cobrando por sus servicios sin compromiso ni consciencia social, otros robando, engañando, obteniendo dinero fácil por cualquier medio y consumir cualquier estimulante.

Estas abyectas prácticas, no son exclusivas de las clases económicas marginales, también se dan en las clases económicamente privilegiadas. No acertaría a decir cuáles son peores, pero ninguna será mejor que la o las otras. Mucho depende de quienes fueron sus ‘maistros’ o sus ‘maestros.’

Así que cabe cuestionar que el urgente y deseado cambio debe partir desde ¿dónde y adónde? Los frentes y flancos que hay que cubrir son enormes, diversos y muchos; pero cuidado, estemos atentos con los verdaderos enemigos que están agazapados y listos para actuar. Causando sangrientos conflictos, enfrentando hermanos contra hermanos, a lo largo y ancho del mundo, ¡cuidado!

Ahora bien, si se hiciese lo propio, cuándo se verá un progreso real, tangible, verdadero… ¿Cuándo…?

Cuando se dé el primer paso en firme, en la dirección correcta hacia la educación laica y progresista que nos dé la identidad positiva de nuestras raíces históricas, rescatar y fomentar nuestros medios de producción y sentir el orgullo de ser mexicano[ii], mexicanos de bien.

Entonces sí podremos decir: ¡vamos en el camino correcto!

 

[i] Armas Silenciosas para Guerras Tranquilas.

[ii] Soy respetuoso admirador de las culturas ancestrales orientales, entre otras. Pero jamás renunciaría a mi nacionalidad, porque amo a mi país.

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