México feminicida

Por Tzazil Valencia* y María Isabel Puente

México tiene un grave problema de violencia en muchos sentidos: inseguridad, corrupción y delincuencia organizada. Uno de los que más alarman por su rápido crecimiento es el asesinato de mujeres. Cada día lo vemos en los titulares de noticias. El estereotipo del macho mexicano es algo que se encuentra presente en el imaginario colectivo de cualquier extranjero que visite nuestro país.

Según la tipificación del artículo 325 Código Penal Federal Vigente en México comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias contra la víctima:

  • Signos de violencia sexual, lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, o actos de necrofilia;
  • Antecedentes de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
  • Amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
  • La víctima haya sido incomunicada,  previo a la privación de la vida;
  • Relación sentimental, afectiva o de confianza entre víctima o victimario.

Existen diversas posturas frente a que el feminicidio deba tipificarse como un delito especial y autónomo o bien tipificarlo como un agravante del homicidio calificado, otras posturas sugieren que se haga una distinción de feminicidio como un acto de asesinar a una mujer y femicidio comparándolo con el genocidio.

Y hablando de genocidio, pareciera que en la actualidad existiera una parte II de la “cacería de brujas”, y aunque en los años 1800, cuando se mataba a las mujeres era porque ellas tenían conocimientos en cocina, medicina, etc., y a los hombres de aquella época les parecía que dichos conocimientos, que no los habían descubierto ellos, eran una aberración y más si su autoría era de las mujeres, he ahí esta cacería brutal hacia ellas.

Sin embargo, esta parte II de cacería de brujas ya no es porque las mujeres tengamos un conocimiento diferente o que hayamos descubierto algo nuevo.

Tenemos que afrontar a una estructura que cosifica, violenta y  humilla a niñas y mujeres por igual. Dicha cacería aumenta cuando no se encuentran alineadas en los estereotipos de “las buenas mujeres”: las que no se notan y las que no cuestionan, quienes no salen de su casa, las que no tienen impulsos de ningún tipo, sexuales, histriónicos e incluso de alimentación. El estereotipo que los mismos hombres crearon sobre las mujeres.

Es una falsedad decir que las mujeres al estar desaparecidas se hayan marchado con su pareja, que hayan huido de sus casas para llevar una vida de excesos o bien, que se encontraban “en malos pasos”. Cuando nos encontramos ante mujeres desaparecidas lo correcto es dar parte a las autoridades. Salvaguardar la vida, integridad y dignidad de nosotras como mujeres es una tarea complicada.

Entonces pues, ¿qué hacemos con los feminicidas? Si al parecer siguen culpando a las mujeres de sufrir las violencias que terceros ejercen dos veces en sus cuerpos, la primera es en vida, cuando nos tenemos que ajustar a las buenas costumbres, el amor romántico y a los cautiverios en que nos hacen vivir las normas patriarcales en los ámbitos morales, jurídicas y religiosas. La segunda aún y cuando se haya cumplido con ese papel, no es suficiente, ya que la raíz del problema no se elimina siendo buenas mujeres.

Y todo esto parece una película taquillera, de esas de Hollywood, donde los y las espectadores ven asombrados cómo una mujer es quemada viva y como otra es mutilada hasta la muerte, y sí, parece película, porque ni la sociedad, las legislaturas, los gobiernos, las universidades, ni las instituciones de impartición de justicia se inmutan con las muertes y desapariciones de tantas mujeres.

Simplemente es espectadora de todos estos hechos y tal como sale de una sala de cine, anonadados por lo que acaba de ver, vuelven a la comodidad de la vida cotidiana y no con una puesta en acción que pudiera acabar con la violencia feminicida en México por lo que la película más taquillera en México se llama “México feminicida”.

 

*Tzazil Valencia Oseguera es Licenciada en Trabajo Social por la UNAM y se encuentra en camino para la obtención del grado de Especialista en Modelos de Intervención con Mujeres por la misma institución. Ella trabaja con víctimas de violencia de género y con las familias de las víctimas de violencia feminicida. E-mail: tzazilvo@hotmail.com

*María Isabel Puente Gallegos es Abogada por la Universidad de Guanajuato, Maestra en Derechos Humanos y Doctoranda en Sostenibilidad por la Universidad de Valencia, España. Email: mapuenga@alumni.uv.es

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