No les creo a los mandones

Cada vez que una nueva élite política llega al poder se descose en palabrerías.

Una tras otra, las veces en que hemos visto desfilar gobiernos les hemos tenido que entender más o menos qué diantres significaron sus palabras. Y como las palabras se las lleva el viento…

Échense este collar de perlas mexicanas: Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) “Arriba y Adelante”. José López Portillo y Pacheco (1976-1982) “La solución somos todos”. Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) “Renovación moral de la sociedad”. Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) “Solidaridad”. Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) “Bienestar para la familia”. Vicente Fox Quezada (2000-2006) “El gobierno del cambio”. Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) “Para que vivamos mejor”. Enrique Peña Nieto (2012-2018) “Mover a México”. Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) “Cuarta Transformación”. Ahora, después del rosario y sus misterios, intente poner los hechos verificables para ver si se hicieron milagros.

Los políticos tienen en la palabra dicha todo el instrumental para convencernos de que son los buenos de la película y que solo ellos podrán con nuestros males. Escogen a los villanos y nos los atizan en la cara, recogen nuestras taras y las transfiguran en virtudes; así es que logran obtener nuestros votos y encumbrarse: ellos se elevan hacia muy arriba y nosotros nos quedamos abajo viéndolos en sus nubes.

Así es que eso de que la patria es primero y que el sacrificio nos obliga a todos, simplemente resulta adormidera. Acá abajo, donde los municipios son botín de los arribistas, para nosotros la matria es primero.

 

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