Nombres propios

Hace una semana escribí sobre un nombre propio que se ha perdido su significado: Tenochtitlan. Días después, mi buen amigo Gerardo Rodríguez de Celaya me ha sugerido que siga sobre este tema por varias razones: no queda claro a qué se le llama nombre propio y eso genera confusión con su ortografía. Además, corre una especie de mito que estos no tienen ortografía. Abordo el tema con el mayor detalle.

El nombre propio es el que sirve para distinguir entre dos o más elementos similares. Ahora, propio no significa exclusivo. Por ejemplo, gracias al nombre propio podemos distinguir a quién nos referimos entre personas. Si uno se llama Gerardo y el otro Enrique, solo uno responderá si decimos: «Enrique, acompáñame»; es decir, gracias a su nombre propio. No obstante, gerardo y enrique no son exclusivos, cientos de personas son llamadas así. Lo mismo aplica con ciudades; hay varias ciudades en el mundo que tiene por nombre león y los nombres salamanca, mérida, salvatierra se repiten en otras localidades.  Aquí mismo sucede, guanajuato es el nombre de una ciudad, un municipio y un estado.

Ahora, quiero llamar la atención del lector para que observe que he enunciado con minúsculas los nombres cuando no los he referido a una persona o lugar en específico. Eso ha sido con todo propósito, para cumplir estrictamente con la norma ortográfica. Es decir, solo se consideran propios si se refieren a alguien o algo en específico; de lo contrario son nombres comunes y, por tanto, se enuncian con minúscula inicial. Este ha sido el caso. Cuando me referí a guanajuato no asigné el nombre a la ciudad, ni al municipio, ni al estado; solo me refería a ella como nombre. Así visto, es común a todas esas regiones. La mayúscula es un caso excepcional que solo aplica cuando aplicas el nombre a alguien o algo en específico.

Pongo otro ejemplo. Giacomo Girolamo Casanova (1725 – 1798) fue un famoso aventurero, libertino, escritor, diplomático, bibliotecario y agente secreto italiano. Por supuesto, Casanova, por ser un apellido, está considerado nombre propio pues con él se distingue a una familia de otras. Ahora, la fama de libertino de Giacomo hizo que su apellido pasara a la historia; la palabra casanova es sinónimo de seductor y libertino (gramaticalmente, pasó de ser sustantivo para transformarse en adjetivo). Por ello, si enuncio «Arturo es un casanova» por mucho que haya sido nombre propio de una familia y con él también se distinga al libertino, ahora debe escribirse con minúscula inicial porque no es propio de Arturo.

Algún lector podría ahora reclamar que en los últimos casos enuncié Arturo con mayúscula, a diferencia de lo que hice líneas arriba. Pues bien, los nombres propios son así considerados cuando se asigna a una persona viva, muerte, real o imaginaria. En este caso es imaginaria, supuesta; diferente de arriba que fueron nombres, como palabras, no como personas o personajes.  

Ahora, mi amigo Gerardo Ramírez tiene una compañera de trabajo de nombre Alessa. Sus padres pudieron optar por llamarla Alexa o Alesha. Por esa razón, muchos concluyen que los nombres propios no tienen ortografía, por libre albedrío en este sentido. Pero, eso es una verdad a medias. Cuando sucede, la confusión aumenta y el criterio de aplicación se vuelve incierto. Los padres de Alessa lo enunciaron así y esa es su ortografía. Nadie debe, por tanto, escribirlo diferente porque debe respetar la ortografía del nombre que le es propio. Si lo hubieren enunciado con X o con Sh nadie tendría el derecho de escribirlo diferente.

Ahora, los nombres beatriz o patricia se debe escribir como les fue impuesto. Pero si el nombre cariñoso se trastoca a beti o pati (que ya no es el propio, sino un hipocorístico o nombre afectivo), debe cuidarse que el final se escriba con vocal i y no con Y, como sucede por la influencia del inglés. Por supuesto, irá con mayúscula inicial cuando se aplique a alguien en específico.

En conclusión, la ortografía es la propia de la persona y se aplicará la mayúscula inicial solo cuando tenga esa condición, que sea propio. Las otras palabras que por costumbre se escriben con mayúscula deben cumplir esa condición también: Se enunciará el Director cuando con ese nombre se designe a alguien en particular (sustituye al nombre propio); pero si se usa con un nombre propio, deberá ser en minúscula: El director de Administración (así se llama el área) es Raúl.

 

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