Nuestro populismo de abajo

Dos incidentes reflejan el caldo hirviendo entre nosotros. Un día, un comensal de restorán chilango ve a unos conocidos políticos y les graba, al tiempo que les pregunta: ¿comieron bien? Y añade: porque cincuenta millones de mexicanos no. Otro día, cuando el desfile de la revolución, un alguien graba al ayuntamiento de Guanajuato marchando al tiempo que dice: -allí vienen esos corruptos y, en cuanto pasan frente a él, les grita ¡bola de corruptos! Ambos reportes se hicieron virales en las redes y aún en medios tradicionales con reacciones casi aclamatorias para los “valientes” que hicieron lo que hicieron.

Basta darse una vuelta por la palabrería expuesta por doquier para danos cuenta a las primeras del enojo que las profiere. El insulto generalizado a los de arriba por ladrones, aprovechados, que nomás miran por sí, que deciden cosas que duelen a los de abajo no tiene ni por qué cuestionarse. La frustración de los anhelos, de las esperanzas y de las expectativas son el combustible de la indignación.

El deseo construido vehementemente de ser y tener, de ambición, aspiración y afanes destruidos por la economía, por las decisiones oficiales y por el abandono generan hastío. Si el capitalismo del consumo obliga a comprar y a gastar dinero, la mayoría no puede colmar esa sentencia, ni en tiempo ni en modo alguno. Y cuando alguien se hace de un coche que le dará estatus por fin, le viene un gasolinazo que encabrona visceralmente. O negarse la tele de alta gama, junto al celular finolis, o la ropa de marca que no sea pirata o…

El “pueblo” en esas no ve quién se la hizo, sino quién la paga. Por eso el linchamiento es tan popular.

1 comentario
  1. Agnostico dice

    …" A pesar de los datos que en México y en el mundo cuestionan
    la existencia de una verdadera movilidad social, las personas se
    venden a sí mismas una ilusión disonante: creen que subirse al as-
    censor es un acto meramente de la voluntad individual. Como
    ya se argumentó en el capítulo anterior, 30% de las personas
    afirman que la razón principal por la que no se obtiene un mejor
    empleo es la flojera para trabajar. Se añaden 24% que ofrecen
    como explicación la falta de estudios y 15% que argumentan
    la escasez de puestos de trabajo. Únicamente 1% señalan como
    causa la falta de generosidad de las personas más aventajadas y
    2% dicen que el problema se deriva de las decisiones equivoca-
    das de los políticos. Al mismo tiempo, 3% acusan como causa la
    injusticia del sistema económico. Estos registros pueden consul-
    tarse en la Encuesta sobre Movilidad Social de 2012 (Emovi), en
    la cual se basa el reporte del CEEY.
    De todas, la cifra más curiosa es la que se refiere al origen
    social: apenas 4% de los entrevistados afirma que su estatus es
    consecuencia de la familia donde nació. Al parecer, la evidencia
    científica nada puede contra la necesidad de engañarse a propó-
    sito de una circunstancia que resulta difícil de cambiar. Es mejor
    pensar que la flojera y no la cuna son la razón de la inmovilidad:
    al menos lo primero puede modificarse, mientras que lo segundo
    no tiene solución."

    …"Una última reflexión relacionada con la trayectoria vital y la
    ideología merece ser mencionada aquí. De acuerdo con la infor-
    mación arrojada por la Emovi, los investigadores Raymundo
    Campos, Juan Enrique Huerta y Roberto Vélez Grajales encon-
    traron que la experiencia de movilidad social de las personas ter-
    mina influyendo en cuán de derecha o de izquierda se asumen
    dentro del espectro ideológico. Al parecer, las personas que du-
    rante su propio ciclo de vida lograron ascender de nivel tienden
    a apropiarse de valores progresistas y poseen preocupaciones
    sociales relevantes; en cambio, quienes le deben el ascenso a una
    dinámica intergeneracional se identifican mejor con una ética
    conservadora y de derecha".

    Ricardo Raphael. Mirreynato.

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