Off the record 15 de octubre 2018

Excesos en tiempos de reducción

En esta ocasión, la recomendación rutinaria del Congreso Local para los salarios de los 46 Ayuntamientos de Guanajuato obtiene un cariz diferente.

Aparte de evidenciar lo excesos de los cuerpos edilicios, ahora la pauta colocada por el gobierno electo de Andrés Manuel López Obrador con un salario máximo de 108 mil pesos para el Presidente de la República, suma el tema con mayor fuerza dentro de la ya por si indignada opinión pública.

Ya un Ayuntamiento causó escándalo en el pasado. El deleznable trienio que encabezó Enrique Benjamín Solís Arzola -agresor intelectual de una periodista que fue condenado- se subió el salario días antes de terminar su gestión en 2015, para recibir una liquidación mayor. No se midió. El sueldo quedó más caro que del propio gobernador con 160 mil pesos mensuales.

El arribo entonces de un alcalde del PAN, en la figura de Juan Antonio Morales Maciel, hizo pensar en un ajuste obligado. No fue así. No hubo tal reducción y el ahora exalcalde silaoense se dedicó a evadir el tema argumentando que parte de su remuneración la entregaba en apoyos sociales que sólo el conocía.

Ahora es Antonio Trejo que con todo y la coyuntura nacional debió enfrentar el tema. El también exsecretario del Ayuntamiento, llevó el punto dentro de su primera sesión ordinaria ante el nuevo cabildo para indicar que se acatará la última recomendación del Congreso del Estado. Es decir, a 89 mil pesos.

Hay que precisar que las recomendaciones del legislativo no consideran el contexto federal, por lo que habría que entender que alcaldes de Guanajuato, aun acatando estarían cerca del salario del presidente.

Al momento, 26 alcaldes más están por encima de los parámetros establecidos -no obligatorios- por los diputados locales. Es de esta manera que alcaldes de municipios como Abasolo, León y Valle de Santiago perciben todavía más que lo que ha pregonado el próximo presidente de México.

 

Ahora sí, Trujillo y Arredondo a Sedeshu

Mucho se habló de las ilógicas pretensiones en el PAN de ubicar a su exdirigente estatal, Gerardo Trujillo Flores, como Secretario General del Congreso del Estado. Lo inefable que hubiera sido modificar la ley para conceder ese capricho partidario, se convirtió en un gasto innecesario que prefirieron frenar.

También se ofertó la Unidad de Estudios Financieros del propio Poder Legislativo. Nuevamente se corrió la voz y esta tampoco se concretó.

Ahora, todo parece indicar que no sólo Trujillo, también el exalcalde de Salamanca, Antonio Arredondo Muñoz, lograrán reinsertarse en la nómina estatal. ¿Dónde más? En la Secretaría de Desarrollo Social y Humano (Sedeshu).

Gerardo Trujillo con el coordinador de la bancada panista, Jesús Oviedo Herrera. Foto Archivo

Toño Arredondo, a la Subsecretaría de Administración e Inversión y Gerardo Trujillo a la Subsecretaría de Planeación y Operación.

Quizá si hubieran comenzado por ubicarlos ahí se hubieran ahorrado -sobre todo Trujillo- tantas críticas justificadas, pero ahora el tema es que tendrán debajo las reglas de operación de los programas, los polígonos asignados para Impulso y los programas operativos anuales.

Aunque los objetivos del gobierno de Diego Sinhue Rodríguez, para ubicar a dos cuadros connotados del PAN en Sedeshu, pudieran adelantarse estos pintan ya un buen adelanto del perfil que se le quiere dar a esa dependencia.

Antonio Arredondo. Foto: Archivo

Pero no hay que dejar de lado que la llegada de operadores políticos a la Sedeshu sólo pudo ser posible con un titular como Gerardo Morales Moncada cuya gestión ha sido poco menos que gris. No se esperaba algo diferente pues su papel desde que llegó como relevo del hoy gobernador, fue precisamente para mantener sin cambios la programación de los recursos.

Por eso no hubo necesidad -según indican los enterados- de consultarle sobre los nombramientos de los que serían sus principales subordinados, en los mismos lugares donde él ya había colocado a su gente de confianza como encargados.

Al final, las decisiones verticales se han tomado. Trujillo y Arredondo se incorporarán con y sin el visto bueno de Morales, evidenciando así la principal debilidad de una secretaría que desde el sexenio de Juan Manuel Oliva sufrió los devaneos de las ansias políticas.

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