Orgías referenciales: Ready Player One (2018)

La nueva película de Steven Spielberg será un festín para los espectadores capaces de retener toda la información que se les lanza en secuencias fantásticas, pero estos momentos no son capaces de mantener a flote una película de poco desarrollo y al final de todo, una visión inconsistente sobre la nostalgia.

Steven Spielberg y Ready Player One: son dos opuestos en mi vida.

De Spielberg he dejado claro que mi pasión sobre el cine proviene de él y sus películas, por las que suelo abogar dentro del razonamiento de que Spielberg es un autor, y no necesariamente una máquina de generar la misma película… pone el mismo entusiasmo y conocimiento que otros directores por los que suele ser comparado o ninguneado.

El caso de Ready Player One, es otro… porque desde que leí la novela, encuentro detestable su existencia. Son muchos los elementos que hacen que no sienta conexión con la novela, pero en resumidas cuentas: Ready Player One es un libro con personajes detestables y trama tediosa que se defiende por las referencias que su protagonista –y en mayor papel Ernest Cline– tienen bajo la manga.

Eso la hizo un éxito en ventas, porque si has vivido debajo de una roca los últimos años, los ochentas y noventas volvieron en forma de todo producto inimaginable, y los estudios aman ver ese dinero fácil en sus bolsillos… o por lo menos apuestan.

Ready Player One es la culminación de este fenómeno de mescolanza, de la mano de un director que es técnicamente el padre de la cultura popular que surgió durante más de tres décadas.

Pero, esto no se traduce a que sea el más adecuado para el encargo que ahora está en pantallas.

El modus operandi de Ready Player One, no es nuevo, si uno hace memoria recordará películas de crossover como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1989) y hasta dos intentos de lego Lego: la película (Christopher Miller y Phil Lord, 2014) y Lego Batman: la película (Chris McKay, 2017). Son películas en las que el universo explota en todas sus posibilidades pero no olvidan que están a servicio de una historia y un grupo de personajes por los que nos preocupamos; la obra de Zemeckis es sobre un mundo animado post guerra que cobija un remake de Barrio Chino (Roman Polanski,) a la par de un viejo detective gruñón que aprende a lidiar con los fantasmas de su tormentoso pasado, en el caso de las sagas de Lego, Lord y Miller hacen una dulce exploración de la relación de padre e hijo aderezada de conceptos orwellianos en juguetes que les permiten un gran catálogo de chistes y la historia del elegido en un Lego sin chiste pero gran corazón, y el spin off por parte de McKay debe ser la exploración más interesante de Batman y su existencia en una carta de amor y burla al personaje y su entorno, incluyendo los fanáticos.

Ready Player One presenta un mundo titánico en el que los límites son los sueños, porque vemos personajes sacados de la cultura popular de todo medio y conviven e interactúan, pero este entorno sólo sirve de adorno. El planteamiento del OASIS es uno vacío y lejos de ofrecer una visión o postulado de la cultura popular, de quienes somos por lo que consumimos o qué nos hace sentir emoción, lo que hace es estar, se detiene a ser glorificado con kilométricos “viste eso” por parte de las audiencias.

Entonces, es confuso lo que la película quiere dar a entender: ¿El mundo del OASIS es uno en el que nuestros ídolos se codean con nosotros y podemos ser ellos pero es malo este entorno? Realmente nunca se detiene a formular algo interesante fuera de su función de vislumbrar, siendo un mundo vacío que sólo busca agradar a aquellos que no cuestionan y consumen, precisamente como los estudios esperan que el público reaccione.

Irónicamente, hay momentos en los que hay un poco de corazón. Hay uno en específico, en donde el planteamiento va fuera del filme, porque es una expresión más personal por parte de Spielberg. Una que involucra a Stanley Kubrick, director a quien siempre ha visto como amigo perdido y que no es la primera vez que homenajea: es sorpresiva, es divertida, y esta le habla de manera externa a la audiencia por parte del director narrando lo escabroso que era el mundo que Kubrick planteo el cual suele ser la ventana más asequible dentro de su filmografía para los cinéfilos.

El otro lado bondadoso, se encuentra quizás en el punto por el cual Spielberg sintiese cercanía en la obra. Mark Rylance como James Halliday es un personaje trágico, uno que enseña el deterioro social de una persona que terminaría abandonando a sus allegados para volverse un ídolo de las masas simplificado en un concurso de tres llaves y un huevo de oro. La secuencia final es entrañable, porque predica la importancia de vivir el mundo real, de amarlo, de ser quienes somos con gente a la que le importamos cómo somos… y esto lo hace con una interpretación extraña pero funcional, porque Rylance todo el tiempo está fuera de sí, en un plan de hombre lúcido, tan lúcido que está fuera de sí… algo como Garth de El Mundo de Wayne (Penelope Spheeris, 1992) y John Carmack.

Pero las secuencias empiezan, y terminan con la misma serie de problemas, porque el arrastre del mundo fuera del OASIS es poco desarrollado y en donde Spielberg tiene nulo interés en protagonistas tan tediosos.

Wade Wilson y compañía son personajes creados para el público mencionado arriba… porque son ellos. Son gente que siguen con euforia un pasado del que no les tocó pero no se cuestiona, en donde la identidad de la gente respecto a lo que aman no existe porque sólo es para referir y ganar porque sabes más que el otro: son la definición de fanatismo tóxico, ese que no ayuda a progresar sino a seguir viendo al cine, videojuegos y series de televisión como populares, como axiomas a los que no se critica, se vienen a apreciar.

El desalmado mundo de Ready Player One proviene de la pluma de Zak Penn, el cual toma un tratamiento más maleable del universo virtual, pero termina descuidado más a los de por sí aburridos personajes, y no les da su momento de redención o de crecimiento… todo culmina en una simpleza exhibida por las reglas del guión más no por la constante evolución de los personajes, de amistades forjadas sin ver estos lazos pero que ahora los vuelven entrañables por demandas del texto y la repelente subtrama romántica que en estos tiempos juegan con el anticuado arquetipo del nerd que obtiene todo, incluso a la chica, en menos de un día.

Lo interesante dentro de todo esto, es a qué mercado intenta apuntar Ready Player One. Estoy seguro que el nicho se extasiará, porque yo lo acabo de vivir, la gente parece sentirse satisfecha con una obra que se auto referencia, que usa personajes fuera de contexto justificando su apropiación dentro de la lógica de los personajes dañando las verdaderas motivaciones y crecimientos dentro de cada uno –hola Gigante de Hierro y Gundam, sé que son símbolos de la anti guerra pero ¡MÍRALOS LANZAR RAYOS!- pero nada más… la pregunta, el grial al que no creo que apunte, es a gente alejada de todo nombre, todo videojuego, toda anotación curiosa de un top de Youtube, ellos pueden ver una película de Marvel porque les ofrece suficiente material fuera de las viñetas y que incluso pueden indagar, pero al no tratarse de esta facilidad y compromiso de crear personajes entrañables que puedan moverse en dos mundos con interés y complejidad… esta debe de tratarse de la película más extraña a la que pueden asistir

Te amo Spielberg, pero no eras el adecuado para dirigir un producto tan fríamente calculado, este puede que se trate de tu punto más bajo y aburrido en toda tu carrera, porque no ofreces otra cosa que el “amar los ochentas”… y eso se vuelve aburrido en menos tiempo de lo que esperas.

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