Otro cheque en blanco

Parece que ahora sí tenemos presidente. Tras los resultados del domingo pasado ha sido sorprendente ver la velocidad con que los poderes, fácticos y legítimos, han aceptado la victoria de López Obrador, si tenemos en cuenta el escenario apocalíptico planteado meses (por no decir años) antes del histórico primero de julio. El lunes pudimos transitar por las calles, sin que viéramos comercios saqueados o incendiados, aún se horneaba pan, se amasaban tortillas y, por fortuna, aún se puede comprar papel higiénico en los supermercados…

Pero no sólo ha sido el resultado de la elección; ver al candidato ganador conversar con empresarios y con el presidente saliente, escucharlo hablar de México sin discursos preparados, sin abuso del teleprónter, sin gesticulaciones previamente ensayadas, sin excesos de maquillaje ni gel para el pelo, nos hace conscientes de una gran ausencia durante el sexenio que termina. Antes no teníamos presidente, ahora parece que ya tenemos.

Y ha recibido un gran cheque en blanco similar al entregado a Fox hace casi veinte años. López Obrador llega con una cómoda mayoría relativa en ambas cámaras, que gracias a la lentitud en los cómputos del INE, todavía a una semana de la elección no sabemos con exactitud a cuántos escaños corresponde ni los nombres de sus ocupantes, pero se estima en 303 curules en la Cámara de Diputados y 70 en el Senado del República. Suficiente para gobernar y aprobar leyes durante los siguientes tres años. Esperamos que ese cheque en blanco no se dilapide de la misma forma en que lo hizo el hombre de San Cristóbal.

En el plano nacional, Guanajuato ha sido el azulito en el arroz al elegir nuevamente un gobernador del PAN. No fue una sorpresa, la inercia política del partido permitió un resultado abrumador con un candidato apenas conocido, de muy pobre trayectoria y con graves deficiencias en la comunicación, quizás la mayor fortaleza de su antecesor. Diego Sinhué obtuvo más del doble de los votos de su inmediato seguidor, Ricardo Sheffield.

Sin embargo, vale la pena revisar la merma constante de participación electoral en nuestra entidad. Según cifras del INE, en las elecciones presidenciales de 2006 la participación en Guanajuato alcanzó el 66.71%, en el 2012 bajó a 59.63%, y en las elecciones pasadas alcanzó apenas el 53.19%, muy por debajo de la media nacional del 63.43%. Es decir, de ser uno de los estados más participativos, por encima de la media en el 2006, hemos pasado a ser uno de los menos interesados en sufragar. ¿Se debe esto a un hartazgo político o a falta de candidatos que estimulen a la gente a participar? Creo que es un tema interesante por analizar. Otro dato para contrastar, la CDMX tuvo una participación por encima del 70%. En la tabla anexa se pueden revisar los resultados.

Si Guanajuato se convierte en un bastión o en un reducto panista lo veremos en los próximos meses, por lo visto esta semana, y en oposición a lo comentado en la elección presidencial, lo poco que hemos escuchado del gobernador electo no permite que se sientan los efectos del relevo en la gubernatura, ni siquiera una cierta alegría.

Se anuncian golpes de timón, cambios de estrategia, y se chotean frases desgastadas de tanto oírlas: “Seré un gobernador de resultados, transparente y honesto”. Ojalá así sea, pero mi impresión es que si ganamos un presidente, el sexenio que viene sentiremos los efectos de no tener gobernador. Espero equivocarme.

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

Participación electoral en elección federal
Columna1 2006 2012 2018
Nacional 63.97% 63.08% 63.43%
Guanajuato 66.71% 59.63% 53.19%
CDMX 70.59% 67.16% 70.60%
Fuente: INE

 

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