RAE vs Gobierno español

El nuevo Gobierno español, encabezado por el socialista Pedro Sánchez, pretende revisar la Constitución de su país para hacerla incluyente en su redacción. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, encargó a la Real Academia Española el estudio. Lo anterior responde a las políticas públicas implementadas por los gobiernos del mundo –al menos los de habla española– en acatamiento a la recomendación de la ONU de evitar el lenguaje machista. Sin embargo, en el seno de la Real Academia Española hay división y hasta alguno de sus miembros –Arturo Reberte, novelista de gran prestigio– amenaza con renunciar a su lugar.

Se le ha llamado a este tema, que lleva varias décadas de mover las consciencias públicas,  «equidad de género». Soy partidario, como cientos, de la equidad en todo sentido. Todos –hombres, mujeres, ancianos, niños, etnias, transexuales, homosexuales, trasvestis, curas, monjas, animales y vegetales– debemos tener equidad en todo sentido unos frente a otros. El derecho de alguno no está por encima del de los demás. Asimismo, estoy consciente que equidad no es lo mismo que igualdad. Si un grupo necesita más –como los ancianos y los niños–, pues que se les dé más; ello es equitativo porque no están en las mismas condiciones de igualdad. La equidad es el principio de justicia y las leyes son el medio para lograrlo. Las leyes deben crear las condiciones para que las relaciones sociales sean equitativas.

‘Equidad’ es la palabra clave de todo este asunto, pero no así el vocablo ‘género’. Hay dos razones por las que se debería evitar: Primero, (el menos importante) porque es un anglicismo. En inglés la voz gender solo aplica a los seres humanos. Por eso en ese idioma es correcto usarla; pero en español no, porque también comprende, agrupa o aglutina objetos sin vida o, incluso, elementos conceptuales (la puerta, la idea; el avión, el concepto). Aplicarla implica suponer que en español solo hay masculino y femenino; también está el neutro, ambiguo, heterónimo y epiceno, donde se señalan seres humanos, animales, cosas y conceptos. Entonces no es la palabra aplicable. Es tanto como seguir usando el término ‘casual’ para señalar algo informal; cuando en español ‘casual’ es algo fortuito, imprevisto, no planeado. La defensa del idioma a algunos también nos es fundamental.

La segunda es porque incluirla implica aceptar una división que en nada abona a la unidad, al trato igualitario. Sucede con los niños (también con los adultos, pero en ellos es más evidente). Cuando se les pide que no hagan algo, se siembra en ellos una semilla de interés (como cuando se les pide que no toquen algo). Observo, incluso, que desde la aparición del llamado lenguaje incluyente se han tornado más recalcitrantes las posturas feministas y no feministas. Ello es obvio, si de forma permanente se está machacando el divisionismo; se repite una y otra vez que son dos tipos de seres humanos, las posturas se radicalizan. Ahora, tengo la impresión, hay más chistes sobre las posturas machistas porque hay audiencias más sensibles al tema y reactivas, que es lo esperado por los chistes. Tanta actitud radical de sectorización está desbordando actitudes, en vez de moderarlas.

Y, por si fuera poco, también se crea conceptos maniqueos en la realidad, cuando la realidad tiene mucho más riqueza de alternativas. Suponer que el mundo solo está polarizado entre buenos y malos; blanco y negro; positivo y negativo, hace gravemente simplista el mundo.

Según los defensores de lo que se llama lenguaje incluyente, la legislación debe enunciar explícitamente tanto sustantivos en masculino como en femenino (español y española) en vez de solo el genérico (español) que, según las Academias, no solo la Española, es totalmente correcto. En las gramática y ortografía españolas las terminaciones de los sustantivos genéricos no se consideran masculinos.

Dicen inapropiadamente que las Academias están en contra porque solo hay hombres. Falso: también hay mujeres en las académicas de la lengua. Concepción Company es una de las más destacadas de la Mexicana y sostiene que el machismo se debe combatir en otras esferas y no de manera tan desmedida con el idioma. El problema no es la lengua, es la sociedad. El lenguaje siempre es reflejo de la evolución social. Por lo tanto, se modificará cuando la misma sociedad se haya transformado y no antes. Este tipo de políticas públicas respecto del idioma está llevando a radicalizar conceptos que en absoluto favorecen el desarrollo armónico social.

Me pronuncio en contra porque hasta ahora solo había quedado en comunicaciones administrativas esta política pública. Como se modifique la Constitución española, la Mexicana corre el mismo riesgo. De por sí en oficinas de Gobierno están hechos un lío con el lenguaje incluyente como para que ahora en la ley fundamental de los países se incorporen barbaridades.

 

1 comentario
  1. Susana dice

    No es tan importante usar el señores y señoras, como lo es el cambio de la sociedad en favor de la importancia de las mujeres y sus derechos. Las mujeres nos ponemos el pié y con nuestras conductas machistas, fomentamos la desigualdad de género. Los hombres no abandonarán la comodidad y el poder de disfrutar el servilismo femenino. Entonces me pregunto qué tan lejos está el cambio social que nos pondrá en iguales niveles. Estamos a siglos de que esto ocurra lamentablemente.

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