¿Recuerdan cuando el mundo explotó por Vaselina?

Tuve que ver Vaselina 3 veces la semana pasada para poder escribir algo al respecto: esas son más veces de las que normalmente puedo aguantar pero es para tratar de entender los problemas que tengo con la icónica película

Estoy escribiendo esto con el calor del domingo y con el ruido de la televisión de otro cuarto a tal volumen que no me deja poner música, aunque claro que si lo hiciera me terminaría distrayendo y sentiría el sudor de mi espalda recordándome que hace calor, que no tengo mi texto terminado, y que no olvide que hace calor. Esta temperatura es pésima para mí porque no me deja concentrarme a la hora de trabajar y eso hace que desvaríe en temas, encima el tema que tengo en mi calendario personal es uno que no me inspira “diarrea textual”; estoy pensando en cómo puedo empezar, pero no tengo la más remota idea… y la tele, la que aporta un gramo de desconcierto en estos momentos, anuncia el regreso de “Vaselina” a los teatros de la CDMX.

Es una coincidencia cruel, pero me deja pensando lo mismo de toda la semana ¿Por qué Vaselina?

La labor de un crítico de cine siempre es la de resaltar su visión personal del producto que está analizando, y en la cuestión de retrospectiva, esta visión es como la de armar un rompecabezas cultural… porque debes inspeccionar muchos detalles para por lo menos poder entender el éxito de una obra. Esta ocasión me resulta conflictiva, porque mi relación con Vaselina nunca ha sido la mejor, claro que esto no hace menos disfrutable el asunto de investigar sobre el proyecto, sólo que me resulta desconcertante como ningún otro análisis en el que haya estado laborando en muchos años.

Vaselina trata la historia de amor de Danny Zuko (John Travolta) y Sandy Olsson (Olivia Newton-John), un par de pubertos enamorados totalmente opuestos: Mientras que Danny es un Greaser que se acuesta con todas y es agresivo con todos, Sandy es una joven australiana que encuentra el primer amor con el rudo, y posee un aura virginal que choca con todos los alumnos de Rydell, suena simple y entiendo en ese punto el atractivo de la historia para el público, este juego del “serán y no serán” ofrece los  elementos más destacables de la película: dos grandiosas canciones… una de ellas se encuentra entre mis favoritas de todos los tiempos:

Pero es precisamente la canción que me encanta, la que muestra el cojeo de la película que más me suele incomodar: su tratamiento social y la idealización del romance forzado.

El primer fenómeno lo vez desde el inicio en la secuencia animada, porque es ahí en donde Vaselina realmente se detiene a pensar en la importancia del por qué tratar la década de los años cincuenta. Vemos figuras históricas y culturales mientras los personajes principales son animados por John Wilson. Desgraciadamente es el único intento de plasmar la importancia de la década en el material.

Incluyendo… un motociclista Neo Nazi ¿?

Tanto para Randal Kleiser –director- como para su guionista Bronte Woodard, las implicaciones socioculturales de Vaselina son: “los muchachos, son rebeldes, y quieren tener sexo a toda costa”. Danny y su pandilla de los T-Bird van por la calle insultando a los que no pertenecen a su grupo social –volviéndose los abusivos- y pensando en las mujeres como objetos de deseo, y por parte del grupo de las Pink Girls, ellas encuentran suculento el moverse entre los deseos de los disparatados hormonales ocasionalmente respondiendo los albures de aquellos que hablan más de los minutos que duran copulando que de aspiraciones. Representa un problema porque precisamente los T-Birds y las Pink Girls son desdeñables, obteniendo metas para conseguir más chicas y del otro grupo consiguiendo nuevos pretendientes para causar un celo; esto los hace vagos porque nunca entendemos quiénes son y por qué la valía de pertenecer al grupo, más que la de tener sexo.

Y esto le afecta en mayor medida a Sandy, una chica que no encuentra problemas con los otros grupos sociales y que de hecho busca interactuar con todos de manera honesta, que recibe burlas por parte de la pandilla femenina de ser una persona “perfecta” que no rompe ningún plato y que a pesar de su extrema buena apariencia no busca el consuelo sexual sino el interpretado como de “vieja escuela” para esta década ficticia simplificada. Mayor crimen pasa por el lado de los T-Birds porque es en Danny Zuko, el personaje que por alguna extraña razón se siente atraído por Sandy a pesar de resultar ser una persona tan diferente y por la que no reflexiona en sus quehaceres.

Porque él debe seguir siendo este idiota, y ella debe cambiar para poder estar con él: es una relación tóxica porque ninguno aprende del otro y terminan moldeando el estándar de una nueva figura de Rydell que suena anticuada, y lo peor es que ella presiente ese daño irreparable de imagen.

No tiene amigos, la miran con deseo, la intentan violar, se burlan de sus costumbres, y ella al no tener un espacio o persona con la que pueda reflexionar decide entregarse eternamente y sin esperanza a un hombre a pesar de que este no cambie su incorrección.

Y lo he pensado, que es un musical simplón que se traslada al entorno de los cincuentas, pero existen grandes obras de la misma década que intentan formular temas más complejos que sólo agarrar la embarrada de los cincuentas. El Show de horror de Rocky (Jim Sharman, 1975) y Cabaret (Bob Fosse, 1972) son musicales con temáticas sexuales como Vaselina, solo que la primera es una farsa/homenaje a la serie B que sirve como declaración de la libertad sexual de su autor y protagonistas, y la obra maestra de Bob Fosse habla sobre la decadencia de un lugar y sus personajes en un área a punto de ebullición durante la segunda guerra mundial (y no olvidemos la OTRA obra maestra de Fosse “Todo ese Jazz” (1979) en la que decide plasmar su vida en un juego de montaje perfecto que retrata su ego inspirado en Fellini y Godard).

Pero… escribiendo los ejemplos, es que encuentro mi respuesta.

La década de los años setentas es una dura para la industria porque representa el descontento de la audiencia y sus temores expresos como ninguna otra etapa fílmica. Los directores aparecen y ofrecen planteamientos atrevidos, pero estos a la par dejan fragmentos reflexivos en la psique. Para la salida de la época lo que la gente quiere es obras que simulen de nuevo el que nada pasa, y de que el entorno no es sucio ni jodido, es una representación del sueño nostálgico del pasado.

Que es precisamente el valor cultural de la película de Kleiser. Su película sabor malteada, de colegiales treintañeros que buscan jovialmente dónde reposar sus genitales sin buscar ser vulgar visualmente apunta al valor nostálgico de las décadas pasadas como nadie más, y no hay otra película que pueda pensar que use el entorno de 20 años atrás para ponerse a reflexionar en los “viejos tiempos”, si buscamos un culpable de esto Vaselina tiene la culpa.

Con la llegada de los años ochenta, el cine retrospectivo de década se haría más frecuente, y el pronunciamiento de un entorno en el que no vivimos pero en el que ponemos nuestra fascinación por pensar que no tenían problemas, lo vivimos ahora.

Stranger Things (Los hermanos Duffer, 2016) y Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) –por mencionar unos ejemplos recientes- no nos dejan pensando en Reaganomics, en el ascenso del VIH, en la guerra del Medio Oriente o en el maltrato policial hacia los afroamericanos que paradójicamente son problemas que tenemos como protagonistas de nuestro cierre de década, no… lo que pensamos son en esas referencias que nos hacen sentir especiales y pensar “rayos, esos años ochentas no eran para nada malos, desearía viajar con un Delorean a ese momento, desearía vivir de verdad”.

¿Tiene algo de malo este planteamiento? Pues no si se le da el adecuado.

Porque podré odiar y cito mis problemas con Vaselina, pero la mayoría de la gente menciona que el producto les hace sentir calor en sus corazones, recuerdan las canciones que inevitablemente aparecen en los bares nocturnos haciendo que la gente imite los pasos fogosos de Danny, encuentran paralelismos entre su relación y la del filme, buscan ese entorno de amistad y grupos, y se vuelve un ícono de lo alcanzable, porque esos años son lejos y no podemos hacer otra cosa más que revivir el ambiente precioso e irreal que la película propone. Claro que me gustaría más aprecio a otros musicales de la década, pero no puedo cambiar nada de esto, la gente lleva años amándola, haciéndola incluso parte de su etapa escolar al interpretarla y el paso de generación se ha dado como pocos musicales, llegándose a poner en la mente de todo mundo cuando siquiera menciono el género.

Solamente que celebrar los cuarenta años de una película que no me gusta me parece el momento perfecto de entender a las audiencias, a los fanáticos… y de paso también llegar a pedir perdón por hacerte caras de repugnancia cuando me dijiste que Vaselina era tu película favorita: era un imbécil, ahora no tanto.

 

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