Romper el molde

Cuando Miguel de la Madrid tomó posesión en 1982, instrumentó una serie de medidas para racionalizar el gasto público. El objetivo, se decía, era poner orden en las finanzas públicas a través de recortes significativos en el gasto corriente gubernamental. El encargado de llevar a cabo las nuevas políticas era el secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari. Entre otras medidas se llegó a ordenar que las oficinas se cerraran a las 6 de la tarde para ahorrar energía eléctrica. El “meme” de aquellos tiempos era dibujar a Salinas con unas tijeras y le llamaban “Salinas Recortari”. Se corrieron a cientos de burócratas lo que provocó un fenómeno inédito: los trabajadores al servicio del Estado iniciaron una verdadera rebelión pública.

Pronto las medidas de austeridad se revirtieron. Nunca llegaron a los altos mandos, solo fue pretexto para correr a la burocracia de niveles más bajos. Los mandos superiores siguieron gozando de sus prebendas y de todo el personal a su servicio. Entre más asistentes más poder; el mensaje ha sido claro: los guaruras simbolizan el poder burocrático. Al poco tiempo, nada de las medidas de austeridad quedó en pie. Había servido para simple propaganda del gobierno que iniciaba con el modelo neoliberal a la mexicana.

Por eso las medidas anunciadas este ultimo domingo desde la escalinata de su casa de campaña-transición de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tienen que ser permanentes e ir al corazón de la corrupción gubernamental. No deberíamos estar  dispuestos a dejar pasar una nueva simulación con fines propagandísticos. En cincuenta puntos AMLO sintetizó una nueva política para combatir la corrupción y controlar el gasto público. El objetivo es que con lo que se logre ahorrar, se distribuirá en los otros programas centrales: subir las pensiones a los adultos mayores, a los pensionados del ISSSTE e IMSS, así como otorgar becas a estudiantes.

Considero que las medidas racionalizadoras del gasto público deberán complementarse con otras necesarias e impostergables: el servicio profesional de carrera para todo el trabajo de base de los tres poderes gubernamentales, así como en estados y municipios. Eso que apenas es una insula en algunas dependencias de la administración pública. Sin un sistema de evaluación para la movilidad y el ascenso basado en méritos, la corrupción no dejará de ser el ingreso fundamental de los trabajadores.

No es el espacio para comentar las 50 medidas de AMLO, lo iremos haciendo poco a poco. Desde luego una de las más importantes y que ha sido eje de las propuestas es la de que ningún funcionario podrá ganar más que el presidente. Ya ha anunciado cuál es ese tope: 108 mil pesos netos mensuales, aproximadamente el 40% de lo que hoy gana Enrique Peña Nieto. Aunado a que aquellos funcionarios que obtengan un ingreso de 1 millón de pesos anuales o más se les reducirá el salario al 50%. Pero lo interesante es que la propuesta es extensiva a los poderes Legislativo y Judicial. Esto hizo que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se escandalizaran y en voz de Luis María Aguilar Morales expresaran su desacuerdo pues bajaría su salario de 650 mil pesos que hoy perciben, a 70 mil que recibirían a partir del 1 de diciembre. El absurdo es que sostienen que esos salarios tan ofensivos para el común de los mortales son necesarios “para no corromperse”.

Otras dos de las medidas mejor recibidas han sido la desaparición de las cajas de ahorros para los mandos superiores o Seguro de Separación Individualizada que se traducen en que por cada peso ahorrado el gobierno pone otro: una inversión escandalosa del 100%. Y desde luego la cancelación de las pensiones ofensivas de los expresidentes, así como de todo el personal a su servicio. Ahora resulta que para algunos voceros del PRD, éstos apoyos son necesarios para proteger la seguridad de quienes se hicieron ricos en un periodo de 6 años. Nos hemos enterado que por ejemplo Felipe Calderón y familia utilizan a 42 miembros del Estado Mayor Presidencial para su cuidado. Ya veremos como se van ajustando las medidas de un presidente virtual (electo) que le ha impreso una dinámica inédita al ejercicio gubernamental.

 

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