The New “Juanitas”

Hoy por hoy tenemos una democracia que simula y que pierde credibilidad en áreas fundamentales.

Es increíble que en pleno año 2018 no se respeten los derechos políticos de la mujer ¡Es inaceptable que una mujer que ganó en las urnas un cargo sea obligada a renunciar para dar paso a un hombre!

En 2009 un pseudopolítico llamado Rafael Acosta, a quien apodaban “Juanito”, se convirtió en delegado de Iztapalapa en la Ciudad de México y el compromiso que tenía con Andrés Manuel López Obrador era renunciar una vez que llegara al cargo. “Juanito” ganó y aunque no quería, renunció para dejar su cargo a Clara Brugada.

A partir de ese bochornoso acontecimiento, se quedó como mote peyorativo el de “Juanitas” a aquellas mujeres que renuncian a sus cargos para dar paso a que hombres los ocupen.

En 2009, cuando comenzó la LXI Legislatura del Congreso de la Unión, 11 legisladoras federales renunciaron a su cargo -recién protestado- para dar paso a sus suplentes, que claro eran hombres. Entre esas 11 legisladoras estaba Yulma Rocha, recientemente candidata del PRI a la Alcaldía de Irapuato. Fue un escándalo y una vergüenza su actuar. Se modificó la ley para buscar la igualdad de género en los Congresos y en los Ayuntamientos y de paso evitar actos tan indignos como los de 2009.

¡Pero oh, sorpresa!, en este 2018 resulta que en Chiapas 67 mujeres entre regidoras y diputadas locales, presentaron su renuncia antes de tomar protesta de sus cargos, claro, para dar paso a que hombres las sustituyan.

Ha sido tal el escándalo que el propio Instituto Nacional Electoral ha mandado 5 consejeros a tomar el pulso de la situación de primera mano. Incluso el ahora gobernador sustituto de Chiapas, Manuel Velasco Coello, mandó una iniciativa de Ley para evitar que sigan sucediendo este tipo de acciones.

Aparentemente el escándalo y la indignación generalizada está haciendo que las “nuevas juanitas” estén retirando sus renuncias.

Pero no solamente es eso, la realidad es que la violencia política contra las mujeres es evidente. Adicional a lo comentado, resulta que ninguna mujer ocupa la titularidad de los Órganos de Gobierno de las Cámaras. Ni la Mesa Directiva, ni Junta de Coordinación Política, ni siquiera la Coordinación de las diferentes bancadas partidistas recayeron en mujeres. ¿Entonces?, pues que las decisiones importantes en el Congreso de la Unión siguen en manos de los hombres.

Creo firmemente que resulta necesario que ciudadanos respetables y capaces puedan llegar al servicio público ocupando puestos de elección popular, con especial énfasis en los Congresos locales y de la Unión. Lo anterior refrescaría la política en nuestro país, y si bien es cierto no garantizaría libertad legislativa, al menos sería una forma de buscar el reconocimiento y el correcto ejercicio de los derechos civiles, políticos y los derechos humanos.

Lo anterior tendría que ser mediante el fortalecimiento de una figura como el de las Candidaturas Independientes. No lo podría entender de otra forma.

El problema, o al menos uno de ellos, es que nuestra legislación y nuestra democracia están hechas para que no pueda llegar a un puesto de elección popular una persona cuya candidatura no esté construida en un partido político.

Resulta muy complicado primero cumplir con los requisitos y candados que pone la ley para que una persona obtenga el registro. Si se logra lo anterior -lo cual ya es un logro inmenso-, el triunfo en la boleta es casi imposible, dado el control y monopolio que tienen los partidos políticos.

Pareciera que en México se tendrá que repensar la figura, pues de la forma en la que se encuentra está destinada a la desaparición.

Durante el proceso electoral de 2015 -primero en que se permitieron las candidaturas independientes- ganaron un Gobernador -El Bronco-, un Diputado Federal -Manuel Clouthier-, un Diputado local -Pedro Kumamoto- y tres alcaldes -Morelia, García NL y Comonfort, aquí en Guanajuato-.

En el proceso electoral pasado no ganó ningún candidato independiente a Gobernador, ni a Diputado Federal, ni a Senador. Únicamente ganaron 18 alcaldías de casi 1600 que estaban en disputa y el más grande que se ganó bajo este modelo fue San Pedro Garza García, en Nuevo León y que tiene 125,000 habitantes. Todos los demás son municipios muy pequeños.

Necesitamos que los derechos humanos, civiles y políticos no sean moneda de cambio de los partidos políticos. No necesitamos que estén en una mesa de negociación y si para que eso pase tiene que haber legisladores independientes, entonces se requiere fortalecer la figura.

¡Nunca más violencia política contra las mujeres ni contra nadie! ¡Nunca más derechos humanos lacerados y diezmados!

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.