Tipología del voto en México

La cultura política, la baja densidad ciudadana, la democracia incompleta, el estado fallido, la negligencia y abuso de los partidos políticos, han hecho que tengamos una gama de posibilidades de entender el voto. Sin querer ser exhaustivos, les presento una tipología coloquial de lo que podemos ver como expresión de lo que el voto puede ser y significar en el México del siglo XXI y de cara a las elecciones de 2018:

Voto razonado: producto del análisis y reflexión de las plataformas políticas y de los programas de gobierno que los partidos y coaliciones registran ante el INE y se basa en un ejercicio del análisis del discurso de candidatos y de sus representes.

Voto comprado: producto de las prácticas por condicionar el voto a cambio de dinero, sea en tarjetas de débito o de forma directa, incluye despensas, tinacos, calentadores solares, estufas, refrigeradores, tablets y pantallas de TV.

Voto histórico: producto de la tradición y de la costumbre, práctica impuesta desde los caciques, que se arraigó en historias locales y en el uso de los colores patrios por generaciones.

Voto duro: producto de la fuerza ideológica de los partidos, tiene que ver con la construcción de la identidad y de la forma en que la política de partidos se enraizó en grupos y personas a las que la lealtad a un partido significa todo.

Voto crítico: expresión social muy reducida, que parte de realizar un balance de las prácticas democráticas e institucionales y que busca expresar descontento o apoyo ante propuestas políticas que se presentan como posibilidad de cambio estructural ante el estatus quo.

Voto ideológico: voto que se ancla en cosmovisiones propias de polaridades y de principios axiológicos, que caen en el dogmatismo, en la que se usan metarrelatos como elementos asociados a nociones como socialismo, capitalismo, liberalismo, comunismo o fascismo.

Voto compromiso: producto de acuerdos y de ofertas que condicionan el tener un resultado a favor de quién vota, ya sea en lo material a nivel personal o comunitario ante propuestas de realización de obras públicas o de cumplimiento de demandas y necesidades, desde tener un puente, un camino, un centro de salud, el titulo de tierras o la regularización de la vivienda, entre muchos otros.

Voto convicción: producto de la acción discursiva, directa o mediática de un candidato o partido, en la cual se convence a las personas para votar por esa propuesta  y no otra, que se refuerza por la forma de pensar y de las creencias que se llegan a tener con relación a algún tema o necesidad específica.

Voto coercitivo: voto que se logra en favor de quien controla o administra programas sociales o servicios públicos y que se usa para para beneficiar a un partido o candidato bajo la amenaza de quitar los bienes o servicios a los que tiene derecho conforme a las reglas de los programas sociales.

Voto disciplinado: producto de las prácticas gremiales en sindicatos y organizaciones campesinas o de colonos en las que los lideres convocan a los integrantes de esas organizaciones a votar por un partido o candidato usando la estructura gremial, facturando la lealtad a sus líderes.

Voto diferenciado: ejercicio ciudadano que discrimina las diversas propuestas de partidos y candidatos en relación al tipo de elección, sea presidencial, de senadores, de diputados, locales o federales y para los ayuntamientos, y que asigna sus preferencias acuerdo a diversos factores que le hacen distribuir sus votos, según el caso.

Voto castigo: voto que expresa el descontento y el hartazgo que sienten las personas ante el pésimo desempeño político o por las prácticas de abuso de poder, de la corrupción o impunidad y que son ya inaceptables para las y los ciudadanos.

Voto clase: producto de una visión social y política desde la clase social en la que se ubican los electores, implica una conciencia del papel que tienen las personas dentro de la estructura económica de la sociedad y desde el lugar en el que se colocan es que votan, sea para cambiar el gobierno o sea para mantener las condiciones que prevalecen y le parecen ventajosas para su clase social.

Voto emotivo: voto que busca explotar emociones y sentimientos en las y los electores, se sustenta en traducir la acción política en estados de bienestar y propuestas que idealizan el futuro y que se sustentan en candidatos carismáticos, mesiánicos y aduladores.

Voto útil: es producto de una estrategia para decidir el voto en función del resultado de las elecciones, buscando evitar la dispersión del voto y consolidar a su vez las probabilidades de triunfo de un candidato o partido.

Voto inducido: voto producto de la acción de fuerza moral o política que se señala de forma directa o velada por quien votar, práctica usada desde la acción de influencia que tienen por ejemplo ministros de culto, sacerdotes o autoridades civiles que cuentan con feligreses o seguidores incondicionales.

Voto nulo: acción que expresa el rechazo a la elección en particular y que reivindica a vez el derecho constitucional de ir a votar, es una forma de protesta cívica.

Voto miedo: es voto que busca generar un estado de alteración emocional, usando la propaganda y la publicidad para crear escenarios catastróficos y de peligro, juega con la percepción y la sensibilidad humana, ante el posible triunfo de un partido o de un candidato en particular. Se nutre la mentira y de la ignorancia.

Seguramente habrá otros tipos de votos y otras tipologías, pero sin duda alguna, el que hablemos de todos ellos, como una realidad del voto en México, es más que un botón de muestra, que expresa el que no tenemos por ahora un sistema político, sano, democrático en su sentido más amplio, es decir, no contamos con una democracia de calidad.

Habrá que pensar en dónde nos colocamos como ciudadanos y ciudadanas de cara a las elecciones próximas, pero sobre todo, tenemos que recuperar el hecho de que el voto es libre y secreto. Exigir a su vez  que la autoridad electoral cumpla con la obligación ética, moral y democrática de hacerlo valer, con todas sus consecuencias. El INE y TRIFE, junto con los OPLES, tienen por ahora el balón en su cancha, ante las formas, -muchas fuera de la ley-, de hacer  campañas políticas electorales por parte de partidos y sus coaliciones.

 

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