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#TISALeaks “No comercien con nuestro planeta”

Una nueva filtración de WikiLeaks a la que el diario español Público ha accedido en exclusiva revela que el acuerdo internacional sobre comercio de servicios (TiSA, por sus siglas en inglés) –conocido como el ‘TTIP de los servicios’– permitirá imponer sanciones económicas a los países que no cumplan sus exigencias.

Según el diario, los documentos filtrados demuestran que el TiSA daría un enorme poder sobre los Estados firmantes a los paneles de arbitraje, de manera que incluso podrían “decidir de facto si los gobernantes deben cambiar sus leyes”.

TisaLeaks

En concreto, estos paneles podrían dictaminar resoluciones vinculantes sobre las disputas entre los Estados firmantes relacionadas con uno de los aspectos de la “interpretación y la aplicación” del pacto, y obligar a un país a compensar a otro económicamente.

Según detalla Jane Kelsey, experta en este tipo de acuerdos comerciales, “estos paneles pueden decidir de facto que los gobernantes deben cambiar sus leyes, políticas o decisiones en relación con un enorme rango de servicios e imponer penalizaciones económicas hasta que lo hagan”.

Las propuestas para el mecanismo de resolución de disputas se recogen en el documento titulado ‘Institutional and Dispute Settlement Provisions (non papers)’, redactado por la Comisión Europea y fechado el 4 de julio de 2016. Este documento de 30 páginas contiene 37 artículos que pretenden servir “como base para la discusión” de este mecanismo, que no podrá ser “bloqueado” por los Estados firmantes.

¿Qué es el Acuerdo de Comercio de Servicios (TiSA)?

El acuerdo internacional sobre el comercio de servicios (TiSA, por sus siglas en inglés) está siendo elaborado entre medio centenar de países. Según reveló Wikileaks en 2015, este tratado secreto “impondrá a todos los firmantes cláusulas que benefician a las grandes corporaciones multinacionales en detrimento de la soberanía y de los intereses públicos de cada país”.

El TiSA pretende regular de manera supranacional servicios de salud, agua, financieros, telecomunicaciones y transporte, entre otros. Además, exige que haya “transparencia”, lo que, en realidad, se traduce en la obligación de los países de presentar proyectos de ley internos antes de que sean aprobados para determinar su viabilidad. EE.UU. y la UE son los principales impulsores de este pacto que afecta a 50 países y a un 68,2% del comercio mundial de servicios.

Según Greenpeace…

El Acuerdo Internacional sobre el Comercio de Servicios. Este acuerdo engloba a más de 50 países, incluidos los miembros de la UE, afectando por tanto a más de 1800 millones de habitantes.

Al igual que el TTIP (acuerdo UE-EE.UU) y el CETA (acuerdo UE-Canadá), el TISA promete impulsar la desregulación del sector servicios, es decir, los sectores energéticos, de transportes, abastecimiento de agua y otros servicios básicos. Y también como sus homólogos, este acuerdo está siendo negociado en secreto, hasta el punto de que algunos documentos de este acuerdo están sujetos a una cláusula que impide su publicación hasta cinco años después de la firma del acuerdo.

¿Para qué tanto secretismo? Según Greenpeace, para que no nos enteremos de quién está moviendo los hilos, para que la ciudadanía no sepa que Google o Facebook están decidiendo sobre los derechos de privacidad, que las entidades financieras se están regulando así mismas o que la industria de los combustibles fósiles están intentando prolongar su agonía y evitar de esta forma la necesaria descarbonización de la economía y la transición hacia otro modelo energético.

Acompañando a la filtración de los documentos, también publicó Greenpeace un pequeño análisis sobre cómo el TISA aborda los servicios energéticos. Y esta “desregulación” es motivo de gran preocupación.

El TISA no quiere más regulaciones, aunque estas sean para frenar el cambio climático. Entre las medidas obligatorias incluidas en el acuerdo se incluye una congelación de cualquier nueva medida reguladora que restrinja el comercio de servicios energéticos. No es la única cláusula. Una vez liberalizados los servicios (energéticos, de agua potable, educación, etc.) estos no podrán volver a ser renacionalizados, aunque así lo decidan los gobiernos legítimamente elegidos.

El TISA no diferencia entre energías limpias y contaminantes, haciendo imposible una eliminación gradual de los combustibles fósiles más perjudiciales para el clima como el carbón, las arenas bituminosas o el gas de fracking.

Según Greenpeace, el TISA va en dirección contraria al Acuerdo de París. Y esto es precisamente lo que no se puede aceptar. Los acuerdos comerciales tienen que ser diseñados para reforzar la acción contra la degradación del planeta. En lugar de priorizar el beneficio de las grandes empresas y de distanciarse de los acuerdos multilaterales como el de París, estos acuerdos deberían de poner la transparencia y la defensa del planeta en primer plano.

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