Titánica en su máxima extensión: “Avengers: Infinity War” (2018)

El décimo aniversario de Marvel es también la culminación de su idea original: de que sus personajes se enfrentaran tarde o temprano al Titán loco… y lo hacen muy bien

Para cuando vimos Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) todos los que estaban en mi sala saltamos al unísono cuando cierto sujeto morado aparecía al final de la película: Thanos se acerca.

El Guantalete Infinito fue el cómic que me acercó a Thanos de niño, y con ello su escala por conquistar el amor de la muerte en uno de los duelos más sobrecogedores que percibí en la infancia, es una de las lecturas más entretenidas que recuerdo de la empresa y una a la que nunca pensé que sería parte de una adaptación. Pero con esto es inevitable el rememorar lo que ha pasado en 10 años, porque el panorama ha cambiado mucho.

Las películas de superhéroes ya existían pero la idea de que estas ofrecieran un producto en unísono llamado universo era algo prácticamente imposible. Hoy esa promesa de ver el encuentro más grande de todos también se embate con el tema incómodo: de que ya hay un sentimiento, más que de cansancio, de normalización… cosa que no voy a mentir, sí llego a presentir en muchos de nosotros.

Pero es raro, porque presientes este disgusto más en el terreno de no apoyar otros proyectos que de las películas en sí, que tienden a ser genéricas y muy por la línea del convencionalismo que no ofrecen mucho más que horas de apagar el cerebro. Pero con un villano de la talla de Thanos, lo que busca Marvel es posicionarse como la mejor productora dentro del género de superhéroes, y ofrecer un villano a la altura de clásicos del cine.

Esa idea la tenía Kevin Feige, esa idea la tenían los hermanos Russo –que ahora son los favoritos del estudio al estar haciendo 4 películas de la franquicia- y eso… es algo que logran.

Voy a hablar con spoilers sobre la película, por son necesarios para analizarla de frente, si no quieres conocer detalles y quieres una visión simple, sí: Avengers: Infinity War cumple las expectativas y ofrece un viaje delirante para aquel persona que haya seguido de cerca estos diez años, enfocándose en dar un tratamiento espléndido al tan esperado Thanos. Detalles hay, pero ciertamente estos existen para ser explorados una vez que termines de ver el evento del mes.

Aquí empiezan los spoilers

Los hermanos Russo tienen una labor difícil: englobar todas las franquicias en un magno evento y que todo se sienta consistente y que cada personaje brille. Y es que en el fondo, esta es una película de 5 horas de duración, separada en dos partes, por lo que personajes que no aparecen en esta entrega están justificados –dentro de la trama- para tener un plan de rescate contra Thanos, que llega con bombo y platillo, y es espléndido.

Todo en las decisiones de Thanos apunta a un temor, a un encuentro inevitable, y esto no tendría peso por su propia cuenta si parte del drama de Thanos no se explorara durante la película. Lejos queda su fascinación por la muerte en tono romántico y aquí se visiona como un ser que busca la equidad dentro del universo eliminando la mitad de la población para que este pueda proseguir con su desarrollo, lo cual hace difícil de argumentar que esté en lo incorrecto, y eso es escalofriante.

Propone la eliminación de gente sin daño o predilección entre todos los estratos sociales para proseguir con la evolución, precisamente volviéndose un Dios. Es de hecho algo curioso que a partir de las entregas, se va quitando más su armadura y aquí y ahora, Thanos está en ropa normal, porque ha obtenido el control del universo a través del guantalete del infinito, que además usa en todo su poder en la secuencia más emocionante donde los personajes deben evitar a toda costa el chasquido de sus dedos.

Es monstruoso, es un genio, no tiene problemas enfrentándose a los héroes que por años hemos visto derrotar a todos, y exige el uso más óptimo de cada luchador por aportar algo que sólo lo haga sangrar.

Y sufre, porque en el fondo es un personaje solitario, al que termina cediendo de lo que ama en escenas grotescas del sentimiento y que no hacen más que hacerle sentir una cercanía por aquello que consideró estirpe y que ahora vive dentro de su causa.

Todo esto, no se hubiera logrado sin la excelente participación de Josh Brolin, quien tiene una voz profunda y calmada, y que los efectos especiales aprovechan mucho porque los gestos que Brolin ha creado en su carrera como actor están vigentes en un titán morado casi realista.

Ese es el elemento a destacar del filme, porque en verdad han obtenido el primer villano que se siente amenazador, con causas, con carisma, y al que con horror vemos triunfar. Todo deriva del viaje de inevitabilidad que es parte del tema central de la película: su llegada está cantada cual trompeta del apocalipsis y también entra la inapelable acción de los personajes de fungir como héroes, de ponerse las ropas y sacrificar situaciones personales para dar a como dé lugar una batalla.

En este aspecto, los héroes tienen por desgracia, un tono irregular.

Quizás el más construido de todos, sea Thor. Chris Hemsworth ofrece una interpretación bastante curiosa, porque Thor pasa a ser el último de su estirpe, y sin más que perder, se vuelve el líder de facto para buscar el asesinato de Thor, dentro de sus propios orígenes. No deja de ser un tarado que piensa con el pene, pero es parte de su naturaleza, naturaleza que también gracias al viaje de Thor Ragnarok (Taika Waititi, 2017) ha aprendido a confiar en su fuerza interna, a valerse de ser un dios por sus nociones y acciones, sobre las cuales termina traicionando buscando un mcguffin que válgame Dios, casi funciona.

Además es parte del equipo más estúpido de todos, y saca cada gota de provecho en esto.

El otro, debe de ser Tony Stark, y no era sorpresivo. Se trata del décimo aniversario, y el que inició todo, de nuevo tiene un despunte de horror al ver la llegada de aquel que lo hizo tener síndrome post traumático. Robert Downey Jr. se siente avejentado, pero en el buen sentido, porque por primera vez, quiere sentar cabeza, idear la propuesta de vivir alejado del mundo heroico en un 60%, y sobre lo cual termina dirigiendo un batallón con la ayuda de un nuevo integrante –Dr. Strange– y la relación de alumno/maestro que encara con Peter Parker (Tom Holland). Y realmente te pega emocionalmente de ver que en el último momento, Stark se encuentra desolado, causado por el indicio de que “cada quien crea a sus demonios”, y estos le han alcanzado, herido de muerte y abandonado en un planeta extraño sin nadie más… justo cuando ya pensaba en otros planes.

No todo desarrollo tiene peso óptimo, y eso era normal, después de todo es un fenómeno que pasa en los cómics cuando un escritor tiene una predilección y nulo conocimiento de otros personajes. El que cae en desgracia en esta unificación de estilos, es el equipo por el que James Gunn sacó la carta de “oye, se pueden hacer películas de autor en este género y empresa”.

Y es tan simple de deducir, porque desde el inicio con los guardianes, Christopher Markus y Stephen McFeely simplifican al grupo de idiotas como uno que sueltan chascarrillos inocentones o de “rebeldía” –carentes del humor Troma light de Gunn– y en donde el uso de una canción es torpe porque no tiene la valoración semiótica de Starlord (Chris Pratt) y los fantasmas paternales que le ofrecieron ese tesoro y que ahora le unifica con su nueva familia.

Starlord siendo el más nefasto, porque su crecimiento personal queda de lado, y es más berrinchudo y torpe que de costumbre, llegando a desesperar incluso cuando se le requiere un maldito minuto quieto, dispuesto a defender a su grupo que también así de fácil se desmorona por la llegada de un dios nórdico… al que imita cual niño de 5 años.

Pero quizás el más extraño de estos casos, sea el del equipo de Thanos que son desconocidos para el público, apenas entendemos sus interacciones con el villano, no recuerdo haber oído sus nombres, y son demasiado desechables muy a pesar de que la historia los utiliza y presenta como generales importantísimos.

Y está el detalle de que los Russo no saben generar buenas secuencias de batalla, con coreografías en poco matrimonio con la cámara y que resultan confusas de seguir –sobre todo en una secuencia nocturna- pero no son totalmente demeritorias, cuando le atinan a algo lo hacen con emoción… y esa es parte de lo que quería llegar.

Es cine burdo para muchos, y señal de deteste para la gente que se acomoda las mangas pensando en que no son dignos para perder tiempo en estas películas, pero entendiendo al público al que van, y el compromiso que tienen con ellos, pocas veces un estudio responde con atrevimiento a su audiencia base, la cual reacciona en todo momento.

A la función a la que fui, la gente vitoreaba, y una mujer a mi lado sufría en agonía por ver caer a sus personajes favoritos, los cuales terminan pereciendo a manos de un tipo al que no le pueden ganar, que termina obteniendo lo que en otra película se le daría al héroe: la posibilidad de ver un amanecer optimista, alejado de todo problema.

Si partimos de eso, es un producto que encara los sentimientos de su audiencia, con respeto, y siguiendo su naturaleza de un viaje en donde te diviertes y disfrutas del encuentro más o menos pensado para sostenerse dentro de un universo fílmico, el primero en hacerlo con tanta magnitud, reclamarle se siente como ignorar que una película conectó con su mensaje y propuesta a la audiencia.

Thanos regresará, a tratar de evitar el plan de la segunda reserva de héroes que existen, también sería bueno esperar a si esta primera parte funciona en conjunto de su verdadero final, y si de los riesgos frente a varios superhéroes quedan vigentes… pero son basados en cómics, en donde uno se acostumbra al regreso de los héroes que prometieron estar en una tumba: uno ya está acostumbrado.

De todas formas, el viaje que tuve fue de remontar a ese hojear de páginas, en donde nadie, absolutamente nadie le ganaba al tipo morado, y yo me arrancaba los pelos del coraje, la diferencia está en que ya lo hago con más de 100 personas que comparten mi pesar.

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