Transformación radical: la única salida viable para el PRD

Frente a la crisis política, electoral, de confianza y credibilidad que enfrenta el Partido de la Revolución Democrática, que se reflejó en toda su dimensión en los resultados del 1 de julio, la única salida viable para su supervivencia es una transformación radical.

Esta es la gran responsabilidad de la Comisión Nacional de Diálogo (CDN), creada por el Comité Ejecutivo Nacional, y que tendrá que ser ratificada por el XV Congreso Nacional Extraordinario a celebrarse los días 17 y 18 de noviembre de 2018.

La CND tiene el mandato de impulsar la renovación del PRD hasta concretar su reorganización en un nuevo modelo de partido.

Para tal efecto, establecerá comunicación con personalidades, liderazgos y organizaciones dispuestas a conjuntar esfuerzos para luchar, en las nuevas condiciones políticas, por un país con seguridad, democracia y legalidad.

Esta propuesta nace de la necesidad de entender que el PRD requiere un nuevo enfoque teórico-político a partir del resultado electoral. Primero, porque no funcionó la estrategia de crear la coalición electoral de “Por México al Frente”,  y su candidato, Ricardo Anaya, no fue capaz de colocarse como alternativa ante el electorado. Segundo, porque tampoco caló hondo el planteamiento de un gobierno de coalición.

De hecho, la gente votó en sentido contrario a esta opción. Optó por una presidencia fuerte y entregó su toda confianza para encabezar sus anhelos de cambio en la persona de Andrés Manuel López Obrador, al grado de que le concedió no sólo el Ejecutivo Federal, sino también una amplia mayoría en el Congreso de la Unión y en los congresos estatales.

Obviamente, Andrés Manuel no es cualquier actor político, porque ha sido el más persistente en la pelea por encabezar el Ejecutivo Federal. Contendió previamente dos veces como candidato al a la Presidencia de la República, una vez a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, y dos veces como aspirante a gobernador de Tabasco. En todas ellas como candidato del PRD o de una coalición en donde el PRD era el partido predominante.

Con estos antecedentes, fue muy difícil para los militantes y la sociedad dejar de identificar a AMLO con el PRD, y además el candidato de Morena integró a su agenda muchas de las propuestas perredistas.

Durante casi tres décadas el partido ha peleado por fortalecer la democracia, el respeto al voto, el cambio de régimen y el combate a la corrupción, entre otras propuestas. Esta lucha fue abanderada primero por Cuauhtémoc Cárdenas y luego por el propio Andrés Manuel durante sus dos candidaturas fallidas a la presidencia de 2006 y 20012.

Lamentablemente, para 2018, el PRD llegó atravesado por grave crisis que evidenciaban con toda claridad que se había agotado el modelo de partido.

Frente a las divisiones, renuncias, pérdida de credibilidad y a la dificultad para construir una amplia alianza de las izquierdas, la única alternativa que le quedó al PRD fue coaligarse con el PAN y MC; que si bien no resultó como se esperaba, al menos permitió conservar el registro.

Sin embargo, la crisis persiste y de no atenderse de inmediato no será posible revertirla. Por lo tanto, se requiere impulsar una transformación radical para convencer a la gente y a diversas personalidades que se sumen a la construcción de un nuevo partido.

Para ello, los dirigentes y los líderes de las expresiones tienen que generar confianza para convencer a otros de que den el paso y eso nos ayude a darle credibilidad al proceso de dirección, diálogo y debate que sentarán las bases de un nuevo partido.

Si no se atiende este principio fundamental, por más que los dirigentes formales y los líderes de las expresiones digan que es necesario cambiar, no convencerán a nadie y entonces se quedarán con sus creencias y lo poco que les quede y dure del partido.

Un aspecto clave tiene que ver con la responsabilidad de la CND de establecer contacto con una serie de movimientos, organizaciones sociales, políticas, empresariales, y con personalidades prestigiada en municipios, estados y a nivel nacional para dialogar y convencerlos de que vale la pena construir un partido de izquierda, democrático, que contribuya a la estabilidad y a establecer contrapesos frente a eventuales excesos de cualquier gobierno.

Se tiene que erradicar el conflicto interno y abrir la puerta para que otras personalidades que tengan credibilidad y mayores niveles de confianza, conduzcan el nuevo partido con el respaldo de dirigentes históricos del perredismo y de la izquierda.

La única manera de que funcione la transformación tiene que ver con que todos coincidamos en que requerimos atender el problema de credibilidad y confianza del partido ante la sociedad.

Si colocamos esta preocupación en el centro, habría condiciones de construir un partido que sea socialmente útil, que la gente lo reivindique y lo vea como aliado de sus causas y necesario en la vida política del país. Si no lo hacemos, el PRD o el partido en el que se transforme, no tendrá viabilidad.

 

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