Váyanse enfriando…

…porque la algarabía electoral ya se acabó.

Más de 45 millones de mujeres y 42 millones de hombres estamos inscritos para votar el domingo primero de julio en unas elecciones que no habíamos tenido jamás. 87 millones podríamos elegir gobiernos para 132 millones que integramos la población actual de México.

¿Cuántos realmente iremos a las urnas? Y de esos, ¿cuántos tenemos razón para entender qué y por quién jugamos?

Nuestra sociedad históricamente es muy vertical, autoritaria, por eso somos mayoritariamente católicos y con evangelistas en crecimiento; por eso también deseamos al ejército cada vez que crímenes atroces nos espantan; y, por supuesto, tenemos en alta estima a la chancla como método educativo. Eso nos ha permitido desentendernos de las cosas públicas, prefiriendo encargárselas a otros: les votamos como si les diéramos cheques en blanco que cambian por lo que ellos deseen.

México seguirá siendo nuestro país simplemente porque no nos habremos ido los mexicanos. Al día siguiente de la elección, tendremos que seguir haciendo por la vida, legal o ilegalmente. Y eso no se modificará hasta que cambiemos por una u otra razón. Los mexicanos tenemos solo una distinción atávica: los de arriba y los de abajo, los pobres y los ricos. Cuando unos se meten a la política no pelean valores ideológicos, se meten por ascender, por dejar el barrio jodido, por cambiarse a donde están los poderosos. Eso es lo que hacemos cuando elegimos: los elevamos para sacarlos de nuestro ambiente, esperando que se acuerden de nosotros cuando estén sentados a la diestra del señor…

 

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