Viudas (2018)

Steve McQueen hace lo impensable para audiencias modernas: Hacernos conectar con la historia de un robo, no con chistes ni elegancia, sino con absoluto suspenso.

Las entregas de Ocean’s fueron más grandes de lo que podrían haber pensado llegar a ser. Exitosas con las audiencias que veían revitalizado el concepto del “rat pack” para una nueva generación, también sentó las bases modernas del género del “heist movie” que hasta en estos días son fundamentos rigurosos ante cualquier forma de cambio, precisamente uno de los elementos que tienen que tener, son esta “finura” falsa y acción, y si menciono esto porque acaba de pasar un fenómeno con Viudas de Steve McQueen.

McQueen proviene de una filmografía que entra en categorías del tan temido “clásico moderno”: Hambre (2008), Vergüenza (2011) y 12 Años de esclavitud (2012), siendo esta última la que le diera el sorpresivo premio de la Academia a Mejor Película. Ha estado callado durante los últimos 6 años y  por promesas de proyectos o cancelados –como es el caso de Codes of Conduct que sufrió dicho destino en el año fiscal de HBO– o proyectos que los mortales no podemos atestiguar, como el video musical de All Day de Kanye West, descartado por el artista y resguardado por el museo de arte de Los Ángeles. Es sorpresivo ver que tenga un proyecto en pauta, y a pesar de que Viudas se encuentre en el terreno del encargo, también tiene una carga más compleja de temas, que parece ser algo que a la gente no le está gustando.

La película inicia con el espectacular atraco fallido de Harry Rawlings (Liam Neeson), asaltante y mente maestra de una banda localizada en las áreas industriales de Chicago; el atraco que contenía 2 millones de dólares termina con una explosión que se lleva a Harry y a sus compañeros a la tumba, dejando a las respectivas viudas con cargas monetarias y de presión. Esta presión le llega más a Veronica (Viola Davis), la viuda de Harry quien termina siendo acosada por Jamal Manning y Jatemme Manning (Brian Tyree Henry y Daniel Kaluuya respectivamente), hermanos anteriormente críminales y que quieren el dinero que les robó Harry para legitimizar la campaña política de Jamal que compite por el distrito 18 contra Jack Mulligan (Colin Farrel), quien tiene la herencia del distrito por generaciones. La cuestión es que Veronica obtiene como herencia una libreta de Harry que indica lo necesario para el siguiente atraco, que ahora es de proporciones mayores al pasado y que podría salvarle la vida a ella, y a las demás viudas involucradas en el accidente.

Al momento de adaptar la serie de televisión inglesa, MacQueen y Gillian Flynn trasladan la historia de Inglaterra a Chicago, y en el proceso le adhieren una carga sociopolítica muy interesante. Audiencias encuentran una lectura simplona e incorrecta del empoderamiento femenino respuesta de la última entrega de Ocean’s (que se fue por la vertiente barata del hermano perdido jamás mencionado), pero lo cierto es que Viudas es un éxito superior, porque MacQueen y Flynn retratan un violento Chicago lleno de personas inmorales.

Los maridos no son exactamente los mejores del mundo y terminan heredando una carga de problemas a mujeres que tratan con sacrificios de mantener estable su mundo y el de quienes le rodean, en respectivas posiciones de obligación femenina implantada por el matrimonio. Linda Perelli –una increíble Michelle Rodriguez… así como lo leyeron- tiene que solventar la existencia de su local de quinceañeras y las deudas de su esposo más similar a una rata que de una persona que exuda amor, Alice GunnerElizabeth Debicki en su punto más alto- es una mujer maltratada y de altura considerable a la par de su belleza que es bastante torpe ante ojos ajenos y que ante la falta de una mejor vida lo único que puede pretender es un ojo morado que le de un sentimiento de vida.

Veronica parecería fuera de esta presión social, pero la verdad es que es la más notoria a simple vista y por su color de piel. La esposa de Harry es una mujer negra de rasgos duros, y que no lo menciona pero ha perdido a un hijo por culpa del ambiente de violencia que deambula por esa Chicago a la que le abren las puertas. Encuentran un mundo del que habían decidido no asociarse, con iniquidad presente en toda esquina… es esa falta de justicia la que le quitó la vida a su hijo, y esa falta de justicia se encuentra en cargos políticos que lo único que hacen es seguir con un juego de falsedades ya sin bochornos de que puedan ser dañados.

Ese es el punto exacto de tensión, porque Viudas se vuelve una película de atracos inusual, similar a la descomposición social que Leone llegase a presentar en su visión del western, donde nos fiamos de aquel con la historia menos jodida y en donde se le puede sacar el mejor provecho a los protagonistas. Al arrinconar hasta las últimas decisiones a la triada de mujeres, lo que logra MacQueen es hacerle pasar vergüenzas para reafirmar su valor femenino y humano, en donde terminan saliendo victoriosas.

Los hermanos Manning son excelentes contrapartes de nuestras heroínas: hombres que adaptados al mundo del crimen no entienden los miramientos de duelo, pero mientras que uno que aspira a la grandeza no deja de ser un torpe, el otro es un psicópata amante del aprendizaje dentro del confort de sus audiolibros.

Es una película más interesada en los razonamientos de los involucrados que no quiere escuchar como un “dinero fácil” y en donde ni siquiera da tiempo de formar una amistad entre las viudas, que inevitablemente comienza a florecer muy ante el temor de todas, porque hay una oportunidad de deslealtad que pueden percibir entre su paranoia.

No es que al estar interesada en estos elementos, MacQueen se olvide de recompensar con una secuencia de acción o violencia, que sí las hay y estilizadas para mostrar un punto dentro de su análisis político social. Sea desde la secuencia inicial con una cámara posicionada dentro de una camioneta desbaratándose, o un majestuoso plano secuencia en donde la limosina de Mulligan abandona su meeting fallido, en donde no lo vemos pero escuchamos bramar obscenidades raciales a su secretaria mientras pasa por el distrito, al que con una sola vuelta a la derecha cambia de un estado de miseria a exuberancia que ha obtenido por el título del apellido y nada más que eso… no lo olvida.

Solamente que las audiencias han tenido una mala costumbre de esperar una película gamberra de Liam Neeson, de una comedia de martinis y malos intentos de productoras de enaltecer valores de género, y de esperar a Michelle Rodríguez patear traseros… y en una película en donde resulta convincente verla con miedo el que dispare porque nunca ha agarrado un arma, lo encuentran como traición, yo lo veo como uno de los mejores filmes del año.

 

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