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sábado, noviembre 27, 2021

31 Días de Halloween: The Evil Dead (1981).

Hace cuarenta años nadie pensaría que un grupo de idiotas que fueron a una cabaña a hacer una película de terror mundana no sólo cambiaría las reglas de distribución y producción dentro del horror… sino que también harían una de las películas más emocionalmente inspiradoras de todos los tiempos.

Es Octubre de 1979 y Betsy Baker está atendiendo un llamado de casting para una película independiente de la que sus amigos le recomiendan participar; es apenas una actriz sin experiencia de gran preparación de la Universidad de Michigan pero más allá de un pequeño papel en una película de televisión –Palabra de honor (Mel Damski, 1979)– las posibilidades laborales no son las más óptimas, por lo que el  aparecer en un proyecto de largometraje apoyado por un grupo de personas con la misma condición que ella le parece prometedor…además pagan, y ella necesita el dinero.

Le parece curioso de que el llamado a un casting no sea en una oficina o en una bodega para que pueda expresar sus afinidades actorales, no… el llamado se da para quedarse de ver en un restaurante local, cita a la que llega un poco tarde pero que sus ojos confirman la extrañeza de la situación, o más bien el barco amateur del que está a punto de iniciarse, porque en el restaurante ve a 3 sujetos más jóvenes que ella que apenas rebasan los veinte años y los tres lejos de revisar documentos o agendar más citas, están sentados sin atender a otra persona, porque nadie más atendió el llamado de casting… y lejos de estar tristes los tres sujetos están aventándose papeles con popotes y usando cucharas como catapultas de comida para desgracia de los ningún otro comensal, puesto que eran los únicos sentados. Betsy piensa que esto debe de ser una broma, de que no es posible de que estos tres pendejos sean hombres preparados, pero la situación amerita darles una oportunidad, no tiene nada qué perder.

Ese día Betsy Baker conoce a Bruce Campbell a Robert Tapper y a Sam Raimi.

Este grupo forma parte de uno más extenso de 4 personas agregadas –Josh Becker, Mike Ditz, Scott Spiegel e Ivan Raimi, hermano mayor de Sam– que en medio de bromas y salidas, deciden que su creatividad es tal que plasman estas ideas bufónicas y burdas en películas de 8mm dirigidas por Sam, a quien antes hacían menos por ser un tipo más calmado absorto en sus revistas de Spider-Man pero que contagia de una pasión por filmar, también alimentada por el hobby de su padre, un mago sin éxito que captura las memorias familiares con una cámara casera y le enseña a montar al muchacho de enmedio. Poco a poco este grupo se da cuenta de una cosa: pueden ganar algo de dinero con sus estupideces, gracias a un bache legal que la Universidad de Michigan tiene de prestarles el auditorio a sus alumnos para cualquier representación drámatica que ellos representen, así terminan estrenando cortometrajes como The Happy Valley Kid (1977), Seis meses para vivir (1977) y ¡Asesinato! (1978) con una cuota de pago de un dólar con cincuenta centavos para cada asistente, particularmente algo que termina volviéndose más serio cuando la segunda película ya cuenta con un presupuesto obtenido por los amigos de $2000 dólares.

Con la proyección de ¡Asesinato! obtienen un éxito moderado y se dan cuenta de que la gente recibe su extraña fascinación con Los tres chiflados -en donde hay un océano de patadas y cachetadas ofrecidas para Ted Raimi, el menor de la familia- pero el momento en donde más conectó la audiencia, fue en un jumpscare ofrecido por el asesino del filme.

Esto, yendo de la mano con lo dictaminado por el todopoderoso y señor George Romero -de que el horror es el género más rentable- los hace aspirar esto con su próximo proyecto, esto también generado básicamente gracias a una idea de Tapper, quien es el último en ser adherido al grupo de idiotas y quien forma la tercia previamente mencionada que hace una investigación de campo asistiendo a funciones de medianoche en autocinemas para ver películas como La noche de los muertos vivientes (George R. Romero, 1968), La masacre de Texas (Tobe Hooper, 1974) y La última casa a la izquierda (1972) de Wes Craven. Aún más influyente que las clásicas del horror dentro de su país, Raimi también se empapa de horror europeo, en donde constata que las dimensiones de violencia y sangre dejan en vergüenza a Leatherface y compañía, por lo que decide explotar ese asunto en El libro de los muertos, el título original del proyecto.

Las ganas estaban, pero la situación de estos idiotas era bastante diferente a la de su dios Romero, porque Romero sacaba dinero de parte de su trabajo como publicista y quien de hecho contaba con una agencia especializada, sin contar con su trabajo documentalista para la televisión, estos tipos no tenían ni un trabajo estable… sólo contaban con su creatividad. Filmaron un demo de media hora llamado Dentro del bosque con locaciones en la cabaña familiar de Tapper -por las afueras de Michigan– la cual, convence a al abogado familiar de TapperPhill Gillis– de formar una compañía con estos inexperimentados llamada Renaissance Pictures y de proponerles una meta de presupuesto de $150, 000 dólares… que tenían que obtener en un mes, no más, no menos, por lo que además de las confiables muestras escolares -la cual nunca se cuestionó la calidad y género de las cochinadas que hacían gracias a Dios- se adjuntaron otros intentos de vender el proyecto a través de promociones en supermercados locales y entrometerse en cenas de médicos para proyectar la película como parte de sus eventos: obtvieron sólo $85, 000.

Pero esto poco importaba, el dinero que faltaba lo conseguirían después o durante filmación, filmación que de contemplarse a terminar por 4 semanas en Tennessee, se extendió a 12, es decir… 3 meses de filmar sin interrupción en una cabaña vieja abandonada por la civilización, bajo presiones y demás portentos físicos y mentales, que demostraron ante todo la valía del ser humano en cuanto a la creatividad que necesitas para labrar un David cuando sólo cuentas con palillos de dientes.

Creo que al igual que muchos fanáticos del horror, compartirmos la situación en torno a Evil Dead  conocida en varios países de habla hispana como el estrambótico título de El despertar del diablo. Esta era una película que llevaba una carga inmoral por parte de nuestros padres, por lo tanto el verla era una situación que se debía hacer a escondidas, a la medianoche. En mi caso eso ocurrió al lado de mi hermano una madrugada sabatina y es una película que en definitiva jugó con nuestros cerebros de chicle, alterándolos con una secreción de genialidad dentro de un horror enteramente barato.

El argumento de Evil Dead es bastante mundano con similitudes dentro de este los suficientemente atropellados hasta el hartazgo por otras películas previas y posteriores.  No es que precisamente rompa el molde frente a estas barreras lo cual no sería de extrañar considerando que Raimi la construye en base a las influencias de las que recién se empapaba dado a que el género no era uno de sus favoritos siendo un niño. No busca hacer razonar a la audiencia con devaneos sobre la violencia ni habla de un pánico satánico, ni acciona la inmoralidad de tener sexo premarital: son un grupo de amigos que por las circunstancias terminan en un meollo paranormal del que no van a salir tan fácil ni tampoco es que entiendan del todo el por qué les sucede lo que les sucede.

Esto que bien podría parecer una película de lectura banal y pobre, en realidad es porque se acomoda a una simple y pura honestidad dentro de lo que se presenta, porque Evil Dead en ningún momento cojea. Sus tres actos son excelentemente estructurados y Raimi es capaz de presentar elementos a escena como objetos referentes para que tengan payoff posteriormente en los conflictos o que sirvan como escenarios que procesan jumpscares efectivos.

Y es que en su condición pura -de la que bien podría inferirse un tratamiento algo despreciable hacia las mujeres, en particular con la infame escena de la violación con los árboles- hay un sentimiento y tono que refleja a Raimi y a su crew, quienes frente a las presiones entregan actuaciones a tono, pero que uno va percibiendo entre una mezcla de entera dedicación al proyecto, y sumo cansancio, desvelados, sin dormir, sucios, en pocas palabras adaptando el horror de lo presente en la vida real hacia sus personajes. De hecho Ashley Williams (Bruce Campbell) se presenta como un personaje atípico dentro del horror de ese entonces que no estaba muy interesado en que el último superviviente de la carnicería fuese un hombre, y uno que en apariencia y por las condiciones de una lectura de las tomas, no es precisamente el protagonista en un principio. Ash es un hombre decente y enamorado que le cuesta trabajo desprenderse de sus amados pero que no tiene ni un minuto para razonar los actos de los que forma parte y que poco a poco va cayendo en una locura que altera su psique, algo que para las consiguientes películas estarían más recargados en el tinte cómico pero que aquí, se percibe una tragedia de parte de las audiencias.

Y es que esta pureza argumental, va de la mano con una exploración de producción en la que Raimi y su equipo de fuera de cámaras sacrifican también su sanidad para entregar un producto de una envidiable vista y apariencia. Es barato claro, pero eso no es sinónimo de pobre, porque Evil Dead razon a sus monstruos como mezclas de maquillaje casero y stop motion, que van desde el más descuidado hasta seres con capas de pintura encima incómodas. Mucho más agresivo resulta ser su propuesta de cámara, en donde Raimi y su equipo concibieron sin ser genios ni expertos, nuevas tecnologías que usaron para la puesta en escena extremadamente económicas para servir a un punto de vista de una entidad demoniaca que nunca se ve, pero que su presencia ronda los bosques y con un andar frenético que a 40 años sigue sorprendiendo y que haga pensar por tu cabeza cómo demonios lograron ciertas tomas, las cuales están limitadas a las barreras exclusivas de una imagen en movimiento que una foto nunca les podría hacer justicia.

El equipo de  Raimi regresaría de filmar de esta pocilga el 23 de Enero de 1980, pero ello no significaba que la película estaba completa. Tan sólo la secuencia final elaborada por Tom Sullivan y Bart Pierce consumiría otros 3 meses de elaboración en donde los demás no encargados tendrían que sortear las cuestiones económicas necesarias para obtener el presupuesto final que habían dejado de lado por tanto tiempo, obteniendo préstamos bancarios y de familiares, pero todo esto valdría la pena el 15 de Octubre de 1981, un año después de embarcarse en esta odisea, cuando Evil Dead presentaba su primer corte potencial a un grupo de empresarios en el teatro Redford de Michigan a las 8 de la noche.

Estos hombres acompañaban a unos realizadores que decían bromas entre ellos a oídos, unos inmaduros que en sentados con sus trajes elegantes, no escondían la realidad que sentían: que estaban bañados en sudor de nervios. El teatro acogía a los familiares, posibles productores interesados y crew en el primer nivel, con el segundo ofrecido para asistentes públicos, los cuales eran en su mayoría pubertos que tenían la misma estúpida mentalidad que la de Sam Raimi. Lejos de ser un fracaso, funcionó, porque los sujetos pretenciosos terminaban volteando para arriba, atestiguando la salvajada reacción que estos niños tenían frente a la película: le gritaban a los personajes de que no entraran a lugares, o del horror por las escenas de poseídos, reían frente a los efectos especiales o generaban voces de disgusto nauseabundo y terminaban apoyando a Ash para rematar a sus amigos coreando en unísono córtala, córtala… esto tenía futuro.

Ese 15 de Octubre fue determinante para la posterior distribución de Evil Dead en Cannes, con sus defensores de la talla de Stephen King quien quedaba maravillado entre su condición de cine barato que no se peleaba con la creatividad propuesta con su manejo técnico (de la que diría que es “la película más original y feroz que había visto en años”, el arma necesaria de marketing que necesitaban), y con un mercado europeo genrado por Irvin Shapiro, formal productor y distribuidor de películas de corte autoral pero que congeniaba con Raimi al encontrarlo carismático y ahora crecido en confianza tras la filmación, incluso uno de las condiciones de su estreno en las Europas fue algo que a la fecha suena normal pero por allá entonces era inaudito: Evil Dead se podía ver cines o en formato casero.

Eso aseguró un éxito masivo, del cual formó parte orgullosamente de los video nasties que no demeritaban su impacto entre jóvenes seguidores de Raimi y de Ash (a menudo se menciona a Evil Dead como el vhs más robado en la historia de los videoclubes). Eso es lo importante de esta mugrosa película: todos los que hemos visto Evil Dead, terminamos enamorándonos de una película que termina abandonando esta etiqueta de reto morboso, porque nos deja maravillados de que por un momento en la vida, este grupo de idiotas dejan de serlo… y jugando en contra de las reglas escritas por el sistema Hollywoodense se volvían voces de una nueva generación, artistas absolutos, y modelos a seguir que daban envidia. Si ellos pudieron, tú puedes, no es fácil… pero si así fuera Evil Dead no sería Evil Dead.

Felices 40 años, Evil Dead.

 

 

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