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sábado, enero 22, 2022

(CRÍTICA) Spider-man No Way Home: El nuevo parque de diversiones chantajista de Marvel.

Apostando a la nostalgia por triple medida, la nueva película de Marvel representa un nivel de mediocridad que mezcla un fervor casi religioso preocupante.

Mientras escribo estas lineas y mientras las lees, la taquilla está haciendo maravillas para Marvel, para Disney y para Spider-Man en lo que se trata del estreno del año. En tan pocos días ya se posicionó como una de las más exitosas del 2021 y es muy probable que a este paso termine volviéndose la película número uno a nivel mundial. Es también un festín para la gente que vuelve a las salas de cine tras una larga espera, con salas repletas aprovechando no solamente la temporada vacacional de fin de año, sino también las regulaciones más laxas en cuanto a la pandemia.

Es un producto que así con sus resultados, revela de inmediato su condición de entretenimiento al que no se le puede negar y que ofrece un punto de escape para nuestra realidad a un montón de gente… pero también existen condiciones de las que nadie quiere hablar o que resultan en un completo factor ignorante, temas incómodos que por lo general a la gente no le gusta tratar, principalmente bajo hábitos de consumo y la calidad presente del producto en sí.

Bajo la discusión sobre la industria, Spiderman: No Way Home revela algo que no es un secreto.

2021 presentaba una modalidad de esquemas de estrenos híbridos bajo todos los estudios, del cual Disney no logró adaptar a la perfección, en gran parte porque su modalidad buscaba obtener un dinero adicional aunado al costo de la suscripción mensual de sus usuarios, el cual además se trataba de un número bastante elevado. Esto afectó aunque sea difícil de creer al titán de Marvel, el cual a lo largo del año ha tenido proyectos que si bien no son enteramente fracasos de taquilla, a la hora de recaudar números son un bajón notorio para las maquinaciones industriales del estudio… en donde siempre más es la única opción.

No es el mismo caso con Spider-Man y si bien podría considerarse como punto el factor de reconocimiento del personaje tratándose de  uno de los personajes más queridos de la empresa y de los cómics en general también es cierto que es un afianzamiento de lo tradicional y que está alejado de estas representaciones que siguen siendo una afronta a este tipo de audiencia al que por lo menos las otras tres películas con todo y fallas, tenían como carta principal; en este caso una película de espionaje con acercamiento feminista, una película interpretada por asiáticos y otra con un cast multicultural y de preferencia sexual, énfasis en estas dos últimas que han resultado controversiales por las aproximaciones en cuanto a gobiernos cerrados y que han omitido el acceso de estos productos por varias razones.

Pero Spider-Man es lo suficientemente fuerte y reconocido, para barrer estos esquemas, para librarse de cualquier crítica y para omitir las preocupaciones de pandemia que antes existían en las audiencias, alimentadas ahora sí con una fuerte necesidad de evitar el spoiler de, lo que puede que se trate de una de las más grandes representaciones por demás nostálgicas, en ya de por sí un año repleto de estas modalidades de mercado bastante truculentas (y de antemano hago una advertencia que para hablar del filme en su totalidad, haré uso de tan mentado recurso aterrador, sobre advertencia no hay engaño).

Spiderman: No way home es un caso especial, porque estamos ante un proyecto que antes que hablar de una propuesta interesante debajo de un perfil por guionistas o director, está más enfocada a ser una especie de focus group para atender las necesidades y predilecciones de un grupo de fanáticos. Esto no estaría mal si al final el proyecto tuviese oportunidad de desarrollar propuestas y las ideas que tiene cobijadas en francamente una película bastante pobre a nivel de producción, quizás una de las peores que Marvel ha presentado en años.

Y es que no importan los valores positivos dentro del filme; cuando uno analiza lo que es el personaje de Spider-Man dentro de estas películas, se encuentra con que es literal un niño, al cual esl estudio siempre tiene miedo de postular independiente de esta modalidad episódica que padece cada película y en donde siempre tiene que estar recargado de algún invitado que adopta una posición patriarcal y de imagen a seguir para Peter, y quien siempre termina en el mismo punto en donde se nos promete que ahora sí, Peter Parker ahora será independiente y tendrá sus propias aventuras, para seguir con el mismo sistema. Resulta hasta bastante ofensivo que sus villanos ni siquiera se encuentren independientes de esta sombra de importancia como lo es Tony Stark y en donde ahora, pues ni siquiera villanos llega a tener, porque la galería de los seis siniestros ahora involucran a personajes de otras franquicias, que desconocen a Peter como tal.

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Esto honestamente es bastante frustrante, pero si dejamos de lado este problema, la película sigue resultando bastante banal.

Lo que todo mundo espera más que ver a esta nueva versión de Spider-Man, es ver a las añoradas versiones de hace dos décadas presentes en un reencuentro. No hay mucho razonamiento a por qué simplemente aparecen dos versiones cuando la teoría del multiverso -y por lo menos en los cómics- abarcan versiones ridículas del superhéroe puestos en una mesa grupal más que la de la historia icónica del personaje en la gran pantalla y por supuesto que un grado de nostalgia para aquel que vivió el 11 de Septiembre, encontrando un panorama desolador en las noticias, y de pronto recibir la llegada de Tobey Maguire como un puberto retraido el cual se vuelve el superhéroe más identificable de todos encima de una versión infravalorada de Andrew Garfield fallida en la construcción de un universo del arácnido previo a ser absorbido -más bien masticado- por Disney.

Fuera de los atropellos a los arcos históricos de la mayoría de los involucrados, los dos presentes al igual que los villanos en regreso, no hacen malas interpretaciones: todo lo contrario. Por parte de los héroes, la versión de Maguire se presenta más sabia y calmada, y la verdad es que ver a un Peter adquiriendo la gracia de verlo envejecer, con todo y entradas en el pelo y consejos para los otros dos, se entiende la conexión inmediata con las audiencias, pero la versión de Garfield recibe más atención y es una especie de redención del personaje a quien el actor parece entender mejor en su modalidad humorística que sobrepone a una tremenda depresión considerando las perdidas emocionales y personales.

Alfred Molina tiene un tinte más caricaturesco pero de igual forma como la de su enemigo, el verlo por unos minutos más adquirir un tono noble y benevolente como el que obtuvo antes de morir es emocional, y Willem Dafoe de pronto llega a invadir la pantalla con su dinámica del Duende Verde el cual sigue siendo escabrosa con su dualidad que lo hace ser un personaje trágico confundido en este nuevo mundo que no tiene lo que había consagrado incluyendo a su hijo y huyendo de su propia mente maligna, la cual lo termina secuestrando para mostrarse como una amenaza desconocida para el trepamuros: un sujeto que de verdad disfruta el caos y la violencia sin algún tipo de reconocimiento y objetivo.

Spider-Man: No Way Home: fecha de estreno, reparto, sinopsis, tráiler y más | GQ

Están todos los elementos para generar por lo menos un viaje fenomenal, pero lo que trata Spider-Man: No Way Home es un caso de la gente estando en mayor matrimonio con el concepto que con la ejecución (algo común con este tipo de películas). El guión de Chris McKenna y Erik Sommers a pesar de proponer elementos de potencial contrapeso en la vida de Peter y MJ y sus amigos, terminan desechando las posibles amenazas para darle hincapié a la condición del multiverso y los invitados, desplegando una serie de chistes a montón que no siempre conectan, y mucho menos, porque estas interacciones son dirigidas por Jon Watts a quien francamente se muestra desinteresado. A pesar de ser una película que involucra magia y el hogar del Dr. Strange o de peleas caóticas con enemigos que representan nuevos retos a este Spider-Man, los escenarios son completamente huecos, sin algún valor dentro de su diseño de producción y de una apariencia tan acartonada que parecen sets televisivos, el peor de los casos ocurre cuando la mayoría de estos encuentros se presentan en el clásico escenario oscurecido para no enfocarse en un esfuerzo ni del escenario ni de las dinámicas potenciales en ocasiones siendo tan difícil de percibir gracias a la irregular fotografía de Mauro Fiore.

Pero el peor de los aspectos se encuentra en el montaje de Jeffrey Ford y Leigh Folsom Boyd, quienes a falta de momentos en donde los personajes discuten en un plano que los compete a todos o que interactúen en batallas de un modo coherente -esto se ve más en el acto final en donde las regrabaciones se dejan ver- lo que termina haciendo es un corte rápido en las peleas que lo hacen bastante confuso, y demasiado molesto para constatar que Watts no puede hacer que sus personajes tengan una conversación normal sin recurrir a cortes bastante redundantes que no impactan en el ritmo o siquiera en la conexión humorística que trata de generar.

Esta es una película frustrante, pero igual y la gente vocifera que todas las voces de todos los ángeles han  sido escuchadas… y está bien si eso se llega a sentir. La película por ciertos momentos logra conectar y emocionar -destacable el trabajo de Michael Giacchino quien respeta los temas musicales propuestos por Danny Elfman, James Horner y Hans Zimmer además de los suyos para el Doctor Strange, haciendo este uno de los pocos casos en donde el leit motif se respeta y genera una unificación emocional con la escena en ya 13 años de estas películas- pero a veces el mensaje del querido mentor de Spidey se puede aplicar en otros elementos fuera de la pantalla o el papel.

Spider-Man está invadiendo las salas, pero ¿No se les hace malsano que la única propuesta presente en cines y en horarios flexibles sea la de Marvel? ¿Dónde quedaron las propuestas independientes o de otros estudios y géneros? Porque sí, esto es una montaña rusa en el sentido tanto positivo al tratarse de un paseo que uno disfruta en el cine y en compañía, pero en el valor negativo de que al justificar su condición, quiere hacer que todos padezcan de la misma, y les recuerdo que el cine es un arte, que llegó a desprenderse tras varios años de esta etiqueta individualista, demostrando que puede hacer las dos cosas con gran capacidad.



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