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martes, enero 25, 2022

CRÍTICA: Cordero (2021).

sI BIEN LAS INTENCIONES DEl debut de Valdimar Jóhansson son cercanas al origen del horror folclórico, esto medio se pierde en un mar de caracterizaciones sin mucho aporte.

Es muy curioso el fenómeno de Cordero. Primero se presenta como un regreso -aunque de productor- de Béla Tarr tras 10 años de pausa, con una película escrita por Sjón, quien es más reconocido a sus colaboraciones con Björk. Esto prometía bastante, y luego el póster llegó.

Póster y Trailer de (Lamb).Es un genial póster de una época en donde estos resultan ser mundanos. Encima de recordar a una época en donde estos eran pintados, es literal, presentando al personaje epónimo sostenido por Noomi Rapace en medio de un paraje noruego: no se necesita más.

Cordero se estrenó en plena temporada navideña -muy ad hoc considerando las implicaciones dentro del argumento que sucede precisamente en la fecha- y sucumbió a la pausa que todas las demás obras sufrieron por el estreno de Marvel de la temporada… sólo para en estos días tener una reevaluación por parte de las audiencias en una taquilla bastante sólida considerando el tipo de película que es.

Es que además, Cordero se ha prestado en esas formulaciones de consumo moderno en donde internet parece definir el sentido de una película de forma explicativa, en una controversia y debate sobre lo que significa.

Esta es una película que entra en el subgénero del horror, no hay duda de esto. Pero esta categorización se presta a una serie de comparativas que a la película no le presentan benéficas, sobre todo en los estándares de crítica moderna que asocian la película de Jóhansson con obras de los últimos años como La Bruja (2015) de Robert Eggers o Midsommar (2019) de Ari Aster, y que en definitiva contribuyen a esta condición dentro del cliché de remarcar que Cordero es una película en definitiva sacada de la casa productora A24.

En realidad su simil más cercano -y que sirve para una interesante doble función- es con El pequeño Otik (2000) de Jan Svankmajer. Hay paralelismos definitivos dentro de los protagonistas quienes, ante la falta de un hijo acceden a tener otro dentro de condiciones supernaturales, y que terminan arraigados en tragedia. Incluso toma como referente el tono semi humorístico de la obra de Svankmajer y dentro de sus referentes literarios, con cientos de relatos dentro de los cuentos de hadas con parejas dentro de este fenómeno de adopción que recurren a medidas extremas o de forma más adentrada en el siglo pasado, con evocaciones de los trabajos de Arthur Machen y particularmente con Hechos referentes al fallecido Arthur Jermyn y su familia de Lovecraft, con esos encuentros de híbridos de lo sacro y mundano y la incompatiblidad existencial de darse cuenta de esto.

Bajo este acercamiento es que Cordero se presenta más atractiva y funcional. El principal atractivo dentro de ella es el vasto trabajo visual de Eli Arenson, de cámara pausada y cero intermisiva, de una frialdad similar a la del ambiente, pero también aludiendo a este matrimonio roto por la tragedia. Es un gran trabajo que además dentro del montaje de Agniezka Glisnka se presta a entonar el misterio del epónimo personaje, que a primera instancia sabemos que se trata de una ovejita atrapada dentro de un simil humano pero que no se nos dice mucho.

Es en esa pausa y en esa cautela que la película parece servir mucho a los temas que por lo menos intenta proponer dentro de su argumento y diálogo… que me parece que aquí es donde falla de manera irregular. Si Cordero se hubiese mantenido dentro de la dinámica del matrimonio de María (Noomi Rapace) e Ingvar (Hilmir Snaer Guönanson) podríamos entender de forma satisfactoria el tema de la pérdida y la desilusión fértil que va en constante choque dentro de la naturalidad paisajista y de índole pagánica, y de hecho la película durante la primera parte va por este rumbo.

El problema radica cuando Sjón y el propio Jóhannsson agregan a un tercero en discordia dentro de la familia; ofrece bastante potencial al demostrar la trágica pérdida de realidad de la pareja y su nuevo adoptado a través de un hermano que detesta al vástago, sin embargo es dejado de lado para reforzar las relaciones humanas que conflictuan con el razonamiento humano de la pequeña Ada. Y si bien aquí Cordero obtiene sus imágenes más oníricas que hablan dentro de la psique de los personajes, al poner demasiado énfasis en el triángulo amoroso de los humanos -que termina a llevar a nada- descuida el lado animalezco del relato el cual para cuando lleva a su desenlace es imposible de no sentir como descuidado.

Este es primordialmente un problema argumental porque por el terreno actoral todos los presentes ofrecen un compromiso con el argumento y de forma bastante vulnerable. Rapace como una madre en desconsuelo es particularmente más ferrea a la idea de su nuevo hijo, de forma muy curiosa para los estándares cinematográficos relegando la vulnerabilidad a su esposo interpretado por Guönanson, quien termina más entablado con la pequeña Ada y en varias ocasiones se muestra más lacrimoso que la mujer (no es que esto sea anormal, simplemente reitereando, es algo que pocas veces el cine logra expresar).

Incluso la caracterización de Ada lograda a través de la mezcla de un niño y los efectos especiales son fenomenales y convincentes dentro de esta logística imposible
Incluso la caracterización de Ada lograda a través de la mezcla de un niño y los efectos especiales son fenomenales y convincentes dentro de esta logística imposible

Al final Cordero es un ambiguo proyecto e ir con esa carta de presentación le beneficia la mayoría del tiempo; un tropiezo en las aspiraciones sobre lo que intenta plasmar como drama termina volviéndose una especie de avalancha de la que no se logra sostener para el final, pero es un gran debut fílmico que encima, ha puesto a la mesa un debate sobre significativos y cautela dentro del cine en las audiencias modernas que la toman obvio por la presentación de género, y que probablemente encuentren algo más sustancioso para comentar dentro de sus círculos.

Eso ni mil Spider-Mans logran hacer.



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