- Publicidad -
lunes, abril 19, 2021

Crítica: La liga de la justicia de Zack Snyder es sinónimo de indulgencia.

Blade Runner (1982) apesta… o por lo menos en su primera versión. En estos tiempos la película de Ridley Scott es una de las más emblemáticas de su filmografía y es un viaje obligado no sólo dentro de la ciencia ficción y el neo noir, sino que es uno de los eslabones clave dentro del género del cyberpunk, pero por allá hace casi cuarenta años, Blade Runner era sinónimo de problemas; una película que se salió de control en una apuesta por varios productores que ganaban más control y quienes no dejaban de mirar a un Scott todavía alterado por la muerte de su hermano menor en medio de los problemas de ego entre este y Harrison Ford, por lo que tras ver el trabajo en progreso tomaron la decisión de alterar de manera significativa el filme final. Agregaron una voz en off de parte de Harrison Ford quien se nota enojado en la labor, para que este explique emociones y el trasfondo histórico de Los ángeles del 2019 del futuro atravesados con los pensamientos de su personaje, Deckard, además de un final feliz para este y Rachael (Sean Young) quien de pronto tiene anulado el meollo de ser un replicante disfuncional al igual que el resto de los de su especie que el detective estuvo cazando durante toda la película, gracias a una voz omnipotente que nos avisa que no estaba construida con estas limitaciones. Todo porque Warner Bros en una total desconfianza a una película que irónicamente consideraban vacía y tediosa.

Las primeras reseñas tacharon a Blade Runner de ser una aberración y un proyecto mediocre que se salvaba por su apartado visual y el score de Vangelis en una película que parecía ser una mancha torpe por parte de Scott que apenas salía del éxito de Alien: El octavo pasajero (1979). Tuvieron que pasar 10 años para que por accidente Michael Arick descubriera en una bóveda la versión preliminar en 70 mm de Blade Runner que, aunado con el interés del público de verla en un festival, terminó por concebir una versión más óptima por parte del estudio junto a Ridley Scott para poder tener una versión del director… misma que se estaría trabajando hasta el 2007, en donde Scott pareció haber quedado satisfecho con el producto final.

La liga de la justicia puede que suene a un fenómeno similar, pero no lo es.

..

El 30 de Abril del 2019, el mundo del internet unió fuerzas en relación al tráiler de Sonic: la película (Jeff Fowler, 2020). Dicho tráiler enfatizaba que se trataba de una película cercana a cosas que el público había visto en las adaptaciones de Alvin y las ardillas o Scooby-Doo, sin embargo lo que terminó ganando la ira de todo el mundo se trataba del rediseño de Sonic, muy lejos de parecer el amigable personaje de los juegos de Sega en una aproximación supuestamente realista. La conversación en torno al diseño de Sonic fue tal que el estudio tendría que hacer un llamado oficial para ofrecer una disculpa por este y prometer que el rediseño de Sonic se haría para que este tuviera una apariencia más amigable. El internet parece estuvo contento con esta decisión, sin tomar en cuenta que esto agregaba más presión a los animadores del filme quienes trabajarían sin paga extra por 5 meses con un presupuesto de 5 millones de dólares. Tras mostrar el diseño nuevo el 12 de Noviembre de ese mismo año, la respuesta fue positiva, algo que de seguro incitó a la audiencia a asistir a Sonic: la película en una de las pocas películas estrenadas del año pasado y que recibiría críticas positivas y una taquilla saludable.

Nadie había realizado una convocatoria masiva para alterar Blade Runner o de revivir El globo de plata (1988) de Andrzej Sulawski diez años después de su filmación fallida por el régimen totalitario de Polonia, o quiso una edición íntegra de Avaricia (1924) de Erich von Stroheim con sus 9 horas en un canal de paga norteamericano y aunque parezca que se trata de una situación esnobista, el caso de Snyder alude además del cambio de los tiempos, a una participación activa dentro de los fanáticos que dan a entender su voz.

No, La liga de la justicia no es Blade Runner, es algo nuevo… y eso plantea escenarios tanto positivos como negativos.

Alzar la voz en redes sociales es algo que termina afectando a la industria, más si esta toma en cuenta la recesión de salas de cines y que por ende, responder a los llamados de los usuarios o fanáticos, puede presentar para ellos el proyecto taquillero y benéfico de estos hábitos de consumos que postulan a la película dentro de la conversación, debates, o esas asimilaciones de información en meme que recuerdan a los usuarios la obligación de consumo para seguir siendo parte de este fenómeno popular. Aunque esto también habría que hacernos la pregunta de si el filme o serie como tal, deja de tener una voz independiente de este fenómeno y por ende, termina obteniendo una voz autoral que pueda adjudicarse a un director y una persona de estas intenciones.

Claro que La liga de la justicia es también parte de una conversación mucho más extensa sobre su director, Zack Snyder y el auténtico calvario que ha tenido dentro y fuera de la película.

La liga de la justicia se estrena tras años de especulaciones y en primera deja en evidencia la vilificación a la que es capaz un estudio de cine que le da la espalda a una figura que moldearon dentro del colectivo popular como un “visionario” –palabra tan más usada que ya en realidad quién es visionario y quién no- y principal ejecutor del proyecto más importante de la empresa: el manejo de sus superhéroes en la pantalla grande que esperarían competir de manera directa con Disney y su Universo cinemátográfico de Marvel. Fuera por la nula respuesta que esperaban o no, el hecho de haber usado el suicidio de la hija de Snyder como una estrategia a dejarlo fuera del proyecto de La liga de la justicia para intercambiarlo por Joss Whedon es un acto muy cruel y azaroso, puesto que pensaban que Whedon pudiese arreglar una producción que se encontraba en un campo de batalla corporativo y que pudiese inyectar el tono que intentaban copiar de él al ser pieza clave de Disney con Los vengadores (2012).

El que Zack Snyder reniegue de este proyecto y asegure que tiene su visión resguardada en un porcentaje lo bastante aceptable como para tener una nueva versión fue primero objeto de burlas, pero esa terquedad de la que todo mundo tachaba de pedante –porque también para Warner Bros  fue más fácil adjudicar la falla del proyecto de Liga de la justicia del 2017 a Snyder que a sus maquinaciones corporativas- fueron convirtiéndose en emoción y en apoyo de parte de sus fanáticos, quienes incluso han realizado actos caritativos con fundaciones en torno al fenómeno del suicidio, todo  para que este hombre siga presionando para sacar a luz el proyecto.

Esto es algo que remarco porque la labor de Zack Snyder me parece de lo más noble y rara en estos tiempos: es un hombre que acaba de adquirir un control total de su visión que puede entregar sin alterar en un tiempo relativamente corto a comparación de otros directores, y es uno que lo hace en una cruzada personal porque esto le recuerda a su relación trágica; los demonios personales hicieron que abandonara La liga de la justicia y es a través de su arte, que encuentra sanación. Eso no se le puede negar en ningún momento.

Ahora… partiendo del filme y separada la admiración por parte de su lucha pública y privada, Liga de la justicia es ciertamente superior a la versión de 2017, con elementos contrastantes una versión de la otra, pero también es una película de Zack Snyder, con todo y sus problemas habituales.

Esta película es uno de los actos más indulgentes de un director que se haya visto en el género de superhéroes, uno que quizás ante la única oportunidad que tiene de entregar la visión que tenía entrega dicha visión sin cortes de 4 horas de duración; la decisión si bien forma parte de la fantasía de todo director de cine –a cuál no le gustaría entregar la versión más íntegra de su película con carta blanca por parte del estudio- esta decisión llega a ser confusa: Liga de la justicia lleva una estructura narrativa planteada de manera episódica como si se tratase de una serie de televisión lo cual puede darnos una pista del génesis del proyecto cuando HBO Max. Habrá gente que pueda soportar la ruta de las 4 horas o de manera segmentada, y eso la hace adherible a las necesidades de la audiencia en realidad, porque ocasionalmente la película obtiene un ritmo irregular, quizás también en relación a que muchas veces vemos escenas y planteamientos que ya conocemos.

Esto no es lo más extraño, porque Snyder toma la decisión de preservar la relación de aspecto IMAX  similar al 4:3 que, para estándares de las plataformas en donde se va a ver la película que es de manera hogareña, la vuelve algo cansada de contemplar. Esta decisión más allá del ego de mostrar un filme que se contemplaba en un acabado inmenso que no se puede apreciar por las circunstancias de nuestro mundo, realmente no aporta nada dentro de la atmósfera del filme o que trate de emular viñetas como he visto mencionar por algunas personas. Es más, termina siendo contraproducente puesto que las escenas de acción se sienten constrictivas en una limitante que no permite apreciarlas.

Liga de la justicia de Zack Snyder Es la misma trama de la versión del 2017, pero hay ciertos cambios proponentes y que se sienten adecuados dentro de la concepción de Snyder, y quizás bajo una evolución más positiva dentro de la percepción del superhéroe que tiene en la cabeza. El guión de Snyder y Chris Terrio plantea a los superhéroes como dioses y la gente los ve con maravilla y temor respecto a sus acciones en más de una escena. Si bien la idea es ocasionalmente interesante, a veces tropieza en las intenciones de lo que plantea a cámara y vemos escenas que contrastan con esta realidad de ver a un superhéroe y más con la idea de un psicópata que sigue despreocupándose por daños colaterales o inocentes, como Wonder Woman explotando a un solo tipo cuando trataba de evitar una explosión. Pero cuando no se tropieza con la percepción icónica de sus personajes frente a lo que los somete, hay cosas interesantes. Mujeres cantan en celebración a Aquaman (Jason Momoa) a quien su llegada a un pueblo pesquero pobre significa buena nueva, y su partida indica volver a la realidad de seguir enfrentándose a su condición humana, o la idealización de Flash (Ezra Miller) como un eslabón figurativo de la muerte en los últimos momentos de una mujer que le parece atractivo y que en las milésimas de segundo en las que actúa, no se da cuenta de las habilidades de este.

Los tres personajes que la película suponía presentar al público esta película antes de sus aventuras en solitario obtienen más relevancia y los conocemos mejor.

Cyborg interpretado por Ray Fisher es bastante acertado. De manera inevitable uno puede encontrar un paralelismo frente al personaje y la historia personal del realizador: un hombre de potencial que enfrenta la pérdida y que tiene que evaluarse como un ser completo tras pasar el duelo y aceptar su condición. Fisher tiende a ser rígido con su personaje, siempre molesto frente a la condición que lo mantiene en anonimato y que trata de entender sus poderes, aunque al final comienza a tener más adherencia frente a sus compañeros de equipo. El otro que se beneficia de las 4 horas es Barry Allen interpretado por Ezra Miller. Sigue siendo el patiño del equipo, en un actuar que revela su inexperiencia frente a la noción de ser un superhéroe, pero las escenas extras nos dan una idea de su alcance de poder y de las evaluaciones de último minuto que tiene que enfrentar para poder ser útil, es de hecho más esencial que la versión anterior.

El que sí es más problemático llega a ser Aquaman, porque ya conocemos cómo es en los filmes en la película de James Wan del mismo nombre del año 2018, por lo que su presentación llega a ser dispar. Acá es sometido de manera más seria y con escenas que no hacen otra cosa más que la de revelarnos las relaciones que tiene con otros personajes pero que parecen de otro universo. Aquaman es más necio y no tiene espacio para bromas, y en medio de los avances del equipo congenia un tanto con miembros con los que se identifica o que tienen un pasado histórico, lo que llega a funcionar en ocasiones… y luego hay momentos en donde lo que parecía bromista de parte de Whedon termina apareciendo aquí, como que diga frases sin sentido y desencajadas con lo que Aquaman intenta ser aquí.

Lo demás, es pan con lo mismo en realidad. El que más adolece es Superman y es que honestamente, Henry Cavill nunca tuvo oportunidad. En las previas películas Superman nunca resaltó como el símbolo de esperanza que Snyder parecía entrever, y termina dispuesto a ser simplemente un animal bruto violento que parece ser la única lectura que la gente tiene en relación al personaje en estos tiempos: Superman no puede tener espacio a ser un hombre bondadoso o que se preocupa por los demás –el único acierto de la película de Whedon y que todos dejaron por alto por el tema del rostro extraño- porque eso resulta risible a las audiencias, lo que ellos quieren es verlo fallar y volverse un enemigo, lo cual menos sirve si en realidad nunca tuvimos tiempo de verlo en acción como un proponente doloroso para los personajes y el público hacia este supuesto lado oscuro.

La liga de la justicia de Zack Snyder puede que se trate de la mejor película del director. En sus peores momentos sale a relucir que el mayor pecado de Snyder está en ser un director más preocupado por la apariencia visual del filme la cual le otorga una dinámica sacada de una escena de videojuego en donde sus personajes se vean épicos, y eso nunca le falla. Posee una estética herencia de la forma de filmar de Michael Bay, banalidades formadas con una capa de solemnidad plástica y su cabeza se encuentra en estos momentos, a tal grado de que el exceso de querer narrar 4 horas de filme demeritan sus habituales trucos como el slow motion, o tenga escenas que no aportan nada a la trama y que se sienten extendidas sólo por el valor de poder tenerlas, o la dependencia de un score musical fallido por parte de Junkie XL que sigue esta tendencia de los scores musicales modernos de no respetar temas musicales previamente planteados salvo dos personajes y, en el caso de Wonder Woman, agregarle un tema vocal más ridículo que el que Hans Zimmer concibió y que es usado para cualquier ocasión, restándole importancia, más bien como un elemento afirmativo a que la música está ahí, todos estos elementos curiosamente parecen sacados de una parodia del cine que suele hacer.

Más en relación a este aderezo de egos, resulta en que la película cuando termina, no termina, porque la audiencia tiene media hora de escenas que no pudo acomodar dentro del filme y que se vuelven un festival compulsivo de generar fan service que no tiene el mismo compromiso con los momentos que sí tiene logrados, en donde sí nos da a entender que sus personajes están en sincronía con el subtexto del filme a las que deja libre de pretensiones maduras para que podamos apreciarlas.

Al final, Liga de la justicia de Zack Snyder es ego destilado, y tenía que ser así. No es la peor película de superhéroes, pero tampoco es la obra maestra que llega a cambiar el juego dentro del género: es competente, y quizás bajo esta noción sea mejor dejarla así. Este hombre ya puede dormir en paz, ahora depende de las audiencias si la película se vuelve un abanderado tóxico como de costumbre, o simplemente tener la satisfacción de una obra más competente que la aberración de hace unos años.

Más noticias

Comentarios

spot_img