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viernes, mayo 20, 2022

(CRÍTICA) La nueva Scream critica los reboots de forma fallida

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La nueva entrega del slasher clave noventero puede ser entretenido, pero al ahondar sobre la nostalgia y los reboots irónicamente refuerza los clichés de los que se queja aportando nada novedoso a la mesa.

Scream fue de las pocas franquicias dentro del mundo del horror que a lo largo de tres dçecadas contó con las mismas figuras dentro de la labor direccional y de guión; esto es muy raro considerando que el horror al ser tan rentable tiende a olvidar a las figuras claves de su éxito y quienes ofrecen películas de audiencias fieles y despavoridas, dentro y fuera de las salas de cine. Tal fue el caso de parte de la dupla de Wes Craven y Kevin Williamson. De Craven no hace mucha falta introducirlo, sólo basta con decir que esta figura plasmó panoramas fragmentales dentro del género desde los años setentas una labor que en realidad casi nadie ha logrado:Desde La ultima casa a la izquierda (), pasando por Las colinas tienen ojos y Pesadilla en la calle del infierno (), mientras que Williamson fue el afortunado de haber contado con la supervisión y cariño de Craven frente a sus textos: de pasar de ser un Don nadie a la persona que, por primera vez volteaba como fanático reconocido y cuestionaba el género que tanto añoraba.

Scream es una obra maestra dentro del horror. Una película igual de divertida y aterradora que a casi 30 años también se siente fresca en su posición cuestionadora y retadora… algo indudablemente herencia de la década noventera repleta de postulados radicales e irreverentes hacia la vieja escuela, y también es que sus secuelas son igual de divertidas e incluso se atreven a preguntarse más allá del género, profundizando en las inferencias económicas que repercuten en secuelas hasta el cansancio.

Desgraciadamente Wes Craven se nos fue por un maldito tumor en el cerebro -lo cual también es notorio porque durante su último lapso creativo estuvo encargado en Scream y nada más que Scream– y sin el cuidado de este, ni los guiones de Williamson, el inevitable reboot de Scream corría con una advertencia de descaro irrespetuoso típico de los estudios desesperados de una propiedad intelectual a la que le puedan echar el ojo.

Lo cual es algo que tienen que sobrepesar el cuarteto de Matt Bettinelli, Tyler Gillet, James Vanderbit y Guy Busick, figuras relativamente dentro del mundo del horror con apenas 3 películas en su haber… pero que también presentan una función bastante curiosa que va más allá dentro del género, ya que los primeros dos son los encargados en la dirección, los otros dos son en el aspecto de guión, así han estado trabajando hasta el momento.

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Parafraseando en cierta forma a Randy (Jamie Kennedy) en la primer película de la franquicia, para hacer una entrega de Scream, hay que seguir ciertas reglas: Es una película dentro del género del slasher/misterio -es decir dentro del llamado whodunit, o en términos cóloquiales el quién fue el culpable– que además sirve como referente un tanto irreverente dentro de las condiciones de protos en las películas del horror y adolescentes, además de presentarse como películas en donde el elemento de la final girl presente en el personaje de Sydney Prescott se vuelva empoderante y pro activa en un mundo que la quiere ver muerta, y en una menor medida -pero no menos importante- son críticas dentro de la sociedad norteamericana que padece de una angustia a responder las causas dentro de la violencia juvenil (después de todo, Scream se adelantaría a la masacre de Columbine y por supuesto que estuvo en el ojo del huracán cuando vidas inocentes fueron apagadas).

Bajo su génesis textual, Vanderbilt y Busick aportan algunas ideas absolutamente atractivas para Scream, sobre todo al tratarse de una película que sucede a 10 años de la anterior y en donde el universo de esta no ha dejado de sacar entregas de Stab -la Scream dentro de Scream– volviéndola la saga del horror más longeva de la historia del cine para desgracia de sus fanáticos. Ya era una constante en la saga, pero en esta Scream existe una persistencia de revelar a los fanáticos tóxicos que se niegan a aceptar los cambios o progreso dentro del cine y sus franquicias los cuales llevan a extremos su voz para darse a notar dentro del campo conformista y ridículo que representa cometer crimenes reales para inspirar al cine, en cierta forma burlándose del prejuicio de la vida real que profesa a la inversa: el cine causa monstruos… lo cual es algo absolutamente gracioso considerando que básicamente ese sentir incómodo fue el modus operandi de muchas películas del año pasado bajo formulaciones de taquilla y de franquicias que han estirado más allá su longevidad.

También es que hay una sugestión mucho más cruel, porque los jóvenes dentro de Woodsboro ya se encuentran tan normalizados a la violencia y derrame de sangre por parte de fanáticos demasiado estúpidos que los asesinatos ya no les parecen cosa grave. Son asuntos tomados con un atisbo bastante sardónico, en donde literal suceden asesinatos o intentos de este, y los jóvenes incapaces de cambiar su destino y realidad simpleemente se disponen a beber y a copular y sentir como si esto fuese una simple apendicitis local.

Estos son los elementos más fuertes dentro del guión del dúo, un guión que además tiene que contemplar la existencia de viejos personajes añorados de la franquicia, y aquí es en donde realmente -y desgraciadamente- falla en aportar algo más allá de una visión simplista de los reboots y secuelas, porque por más que se quejen de forma expresa los personajes ante esta falta de ideas y desvirtuo de la franquicia que tanto anhelan, y del compromiso con las primeras figuras frente a la nueva generación, Scream termina cayendo bajo los mismos “agujeros” que la película misma ha dinamitado y este pastiche crítico es algo que simplemente no justifica su existencia.Los personajes de lo que se considera legado no tienen mucho que aportar e incluso son dejados de lado, sin algun aporte relativamente notorio a los nuevos personajes. No es pasar la batuta sino simplemente estar ahí, esperando su momento literal para desaparecer de la escena y servir al final de cuentas como gancho publicitario melancólico.

Y eso incluse a la querida Sidney, quien no tiene razón para aparecer ni conexión realmente fuerte con esta nueva senda de asesinatos.
Y eso incluse a la querida Sidney, quien no tiene razón para aparecer ni conexión realmente fuerte con esta nueva senda de asesinatos.

Incluso es realmente curioso que muchos de los elementos que aparecen en la película fueron tratados hace 10 años por parte de Craven y Williamson en una entrega que los nuevos realizadores parecen haber omitido dentro del cánon.

Si bien estas aspiraciones son un tanto molestas por la ceguera propuesta, esto no quiere decir que esta nueva Scream sea tediosa. Bettinelli y Gillet la mayoría del tiempo capturan secuencias de horror bajo el mismo perfil de plano un tanto distractor en primera instancia, pero que realmente propone algunos de los momentos más tensos del género slasher en los últimos años, particularmente en una secuencia en donde deciden exprimir a la audiencia hasta la última gota de tensión en un ridículo que sin embargo, no deja de ser punzante y sobre todo para el momento final.

Neve Campbell a pesar de aparecer muy poco como Sidney sigue siendo una gran final girl. Puedes percibir la calma dentro de su andar y por estar cansada de volverse el arquetipo de ensueño para los idiotas que portan el traje de Ghostface, e incluso en esta ocasión tiende a ser un poco más lista y preparada. David Arquette como Dewey se presenta en una versión más desgastada -después de todo es el que más daño físico ha recibido en toda la saga- y quien se encuentra alejado de Gale Weathers (Courteneey Cox), de por sí una señal de la anterior película, ahora más ahondando la vida real de los dos actores. Y siempre es un placer volver a escuchar la atrapante y aterradora voz de Roger L. Jackson como Ghostface (particularidad de este asesino de múltiples rostros e intenciones, pero siempre la misma voz violenta).

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El nuevo cast también tiene algunos sobresalientes. El protagonismo de Melissa Barrera como Sam Carpenter se siente acartonado durante la primera parte del filme -incluso hay una secuencia en donde revela un secreto que supone ser de tremendo daño emocional que, simplemente no se siente creíble- pero es algo que va mejorando con las revelaciones y sobre todo en virtud de su protección del pellejo. Algo que no ocurre con Jenna Ortega, la hermana de Sam y quien además de protagonizar la primera secuencia del filme, es una que constantemente se encuentra en daño físico que la película hace demasiado énfasis, con todo y sonido estruendoso de huesos y gore. Los gemelos Martin son bastante efectivos tratándose de parientes de Randy y quienes representan diferentes condiciones sociales dentro de un campus escolar: Chad (Mason Gooding) tiene un nombre que pues nos revela demasiado que está nacido para ser un deportista, pero que constantemente se preocupa y tiene a consideración lo que su hermana Mindy (Jasmin Savoy Brown) tiene a decir, una nerd del cine víctima de su propia ego.

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Scream es una competente película dentro de la franquicia bastante atinada en el humor/horror y que al final deja algunos atisbos de posibles secuelas, aunque la gran duda resalta sobre al final de cuentas por su fallido intento de expresar algo sobre los reboots o secuelas. Al quedarse en una visión simplificada de las cosas termina generando el mismo problema que este tipo de propuestas han tenido en los últimos años: si de verdad la gente terminará adoptando las nuevas figuras frente a la iconicidad de personajes como Sydney Prescott y compañía, los cuales no tienen un final bastante satisfactorio dentro de esta nueva entrega. Y es que al final es algo difícil de lograr en todo este tipo de contenidos: borrar o hacerle entender a la audiencias de que las personas y personajes envejecen, no precisamente están disponibles para correr como locos frente a un maniaco que posee la virtud de jamás envejecer y germinar en nuevas generaciones, no como ellos.



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