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martes, abril 16, 2024

Narra Yamashita el trauma de sobrevivir a una bomba atómica

Guanajuato, Gto.- Un auténtico infierno lleno de enfermedades, hambruna y una segregación social, fueron las cicatrices que quedaron grabadas en la mente de Yasuaki Yamashita, quien sobrevivió a la bomba atómica de la ciudad de Nagasaki en Japón.

Este martes, en el Congreso del Estado, se presentó el libro “Hibakusha, Testimonio de Yasuaki Yamashita”, que narra la vivencia del japonés a casi 80 años de la explosión de la bomba atómica en la ciudad de Nagasaki.

Yasuaki Yamashita sobrevivió a una bomba atómica solo para enfrentarse a la hambruna, enfermedades y la discriminación. Foto: Patricio Serna.

El nipón narra como aquel 9 de agosto de 1945, en la parte final de la Segunda Guerra Mundial y tan solo tres días después de que el instrumento de destrucción masiva impactará en la ciudad de Hiroshima, Nagasaki fue blanco del segundo ataque atómico perpetrado por los estadounidenses.

“Vino una luz tremenda, muy fuerte, como si fueran mil relámpagos al mismo tiempo”, recuerda Yamashita, mientras comenta cómo en compañía de su madre y su hermana buscaban refugio al momento de la explosión.

Tras la explosión, él y su familia tuvieron que buscar refugio en el campo, dado que en la zona centro de Nagasaki los alimentos eran nulos, e incluso el poder acceder a camote y papas, implicaba un alto costo, vender joyas y valiosos kimonos.

Cuenta como una vez en el refugio de la ciudad, el panorama en Nagasaki era de muerte, hambruna y una ciudad en llamas

“Había muchos cadáveres, la ciudad completamente destrozada, quemada, no había nada, únicamente todo negro, negro, negro, y la gente que sobrevivió la explosión estaban caminando como fantasmas, parecía que no tenían alma”.

Yamashita narra como después de la explosión, la leucemia a consecuencia de la radiactividad comenzó a cobrar más vidas, incluso temió morir en cualquier momento al haber estado expuesto al ataque atómico.

Además de todo lo anterior, en un Nagasaki postguerra, la segregación se hizo presente, pues quienes sobrevivieron a la explosión, fueron severamente discriminados, al grado de prohibirles el tener hijos por temor a los efectos de la ola radioactiva.

El resultado de la segregación social, fue el incremento de suicidios entre mujeres sobrevivientes a la explosión, quienes veían opacada su vida por el inesperado evento.

“Si yo dijera que en ese momento viví un infierno, sería suficiente la palabra, no existe la palabra exacta que podría describir esa imagen, grotesco, horrible, pero de cualquier manera teníamos que luchar, sobrevivir para conseguir alimentos”.

Para Yasuaki Yamashita, una vida sin segregación le esperaba en México, cuando tuvo oportunidad de viajar a nuestro país en el 68, donde uno de sus primeros trabajos fueron precisamente los únicos juegos olímpicos que se han celebrado en el país.

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