“México: La Patria con Madre”, PARTE 2

PARTE 1

Se preguntarán apreciables lectores… ¿Por qué dediqué dos semanas a hablar de las madres? Porque siendo franco, la semana pasada al igual que muchos, quise capitalizar la polémica noticia del NAIM y su cancelación. Porque bueno, la verdad es que para mí, como para muchos en este país, eso efectivamente… ¡No tuvo madre! Por lo que preferí y prefiero hablar de todo de lo que sí la tiene…

Y refería que para mí, la familia mexicana en gran porcentaje se sostiene moral, valoral, y por qué no decirlo… económicamente (cada vez más, esto resulta innegable) por la madre de familia, ya que es notoria la participación y rol que como proveedora también ha ido teniendo.

¿Pero cuál es la solución? ¿Qué se puede hacer ante una cultura machista que aún está a años luz del progreso en equidad de oportunidades y respeto?

Empezar por la casa

Cuando tenía 13 años, hubo una ocasión en que quise “jugar” diciendo a mis hermanas menores frente a mi mamá, que ellas lavaran los trastes y que calentaran las tortillas. Mi mamá estuvo a punto de voltearme la cara… Ya sabrán con qué artefacto, que las mamás de manera satírica han hecho famoso -la usan como calzado- y ha dado la vuelta al mundo, en películas y personajes como la abuelita de Miguel, el protagonista de “Coco”.

De inmediato mi mamá, me pidió que me disculpara con mis hermanas, y me “invitó” por no decir que me obligó, a lavar los platos y cazuelas… Y además me recordó, que hombres y mujeres sabemos y podemos hacer lo mismo, y que ese tipo de comentarios, por más tono de “gracia” que yo quisiera imprimir, era violencia, y hoy sé que sí que lo era, porque aunque disfrazada, por supuesto, era violencia hacia mis hermanas Carolina y Nathalia.

Enseñar a los niños y a las niñas que se tienen las mismas habilidades intelectuales, las mismas capacidades físicas, que aunque no siempre son equiparables en fuerza, sí lo son en destreza, lo que reduce el equivocado margen cultural de diferencia. Enseñar a los niños y a las niñas, que la sensibilidad y la apreciación artística, así como la capacidad para sentir y expresar emociones, no pertenece de manera única a ningún género, permite crear una infancia –futura sociedad- más empática entre hombres y mujeres…

Asumir que el machismo empieza en la casa -y se consolida en otros lugares- responsabiliza a quienes son papás y mamás, y no les permite victimizarse ante dicha amenaza porque es papá el primer hombre que muestra el trato equitativo hacia la mujer, y es mamá la primera mujer que ejemplifica el rol de respeto hacia el propio género femenino y quien también le indica al hombre cómo debe ser tratada.

Tener esta consciencia temprana desde la infancia, permitirá hombres y mujeres más conscientes de la participación del género femenino en sociedad, y otorgará de manera más genuina oportunidades y respeto al rol de la mujer como madre, sobre todo cuando solas, se ven en la necesidad de sacar a sus hijos e hijas adelante.

Escuelas empáticas

Con escuelas empáticas me refiero a la existencia de aquellas instituciones educativas conscientes y preocupadas de lo que más amenaza a la sociedad. Y hoy, algo que amenaza a la sociedad es la vulnerabilidad en la que se encuentra la mujer, por lo menos hablando de México, y por supuesto de toda América Latina.

Somos un país de muchas palabras y mucho discurso en favor de las mismas, y qué rollo se avienta la clase política cuando de madres solteras o divorciadas se trata. ¡Qué rollazos! Pero la política pública brilla por su ausencia, y las guarderías del IMSS por ejemplo, siguen siendo insuficientes. Simplemente la garantía que el Estado Mexicano otorga en salud a las mujeres es ridícula, o nula…

Pero en fin, escuela empática es aquella que adapta sus juntas escolares a horarios en los que mamá puede asistir, porque siendo soltera o divorciada, o incluso casada, resulta el pilar de la gran mayoría de niños y de niñas en nuestro país. Y además, genera consciencia y campañas serias, adaptadas a las etapas de las edades correspondientes a los niveles educativos ofrecidos, respecto a equidad de género, y respeto y consciencia por el papel que mamá desempeña en casa.

Pero, ¿qué más hacer cuando falta tanto?

La respuesta apreciadas lectoras y apreciados lectores, no es sencilla… Pero no por ello improcedente: Seguir luchando. Verse en el espejo y ver qué madre en mi familia es soltera o divorciada, y preguntarme qué he hecho yo por ella, o qué puedo hacer.

No es válido ceder lugares en el camión, si posteriormente voy a juzgar una vida que no conozco por el simple hecho de ser divorciada.

No es válido abusar de su necesidad de trabajo, para tener sustento que ofrecer a sus hijos, tomando más de su tiempo, sabiendo que no hay más opción para ella, por ser la única proveedora en casa. No es válido prometerle el sol, la luna y las estrellas en campaña, si como servidor público elegido democráticamente, le voy a olvidar cuando me siente en la silla.

No es válido.

Por eso, diputada Vanessa Sánchez, sigue. Sigue adelante, que tu esfuerzo y tu tiempo sacrificado en casa, ha valido la pena, para tus hijas, y para los y las de las mamás de todo el estado, que ganando nada, tienen bocas que alimentar. Felicidades por ser esa mujer valiente que hoy habla en tribuna ante el Congreso del estado.

Por eso y mucho más, escribe Ana Elaine, que tus letras lleguen e inspiren a más mujeres. Yo te ví triunfar a pesar de que temiste tener un futuro incierto. Pero te ví pelear por tus sueños y por los de tu hijo, y hoy ha valido la pena.

Por eso y mucho más, sé tú Lucy. Ama, disfruta, comparte, ríe y haznos reír. Pelea por tu derecho a una vida plena, como la estás teniendo, y por tus hijos. Me enseñaste que vale más la alegría y libertad, que una jaula de oro.

Por eso Ceci, no te rindas y sigue, que no habrá heroína más grande para Cristopher que tú, y eso es suficiente para continuar.

Por eso Cristi… Sigue, no tengas miedo. Tu juventud no es un obstáculo, es la fuerza que como madre tienes para sacar a esos dos niños adelante. Tu belleza en todos los sentidos, le da al mundo mil razones para abrirte las puertas.

A ti mamá, gracias por todo. Te amo. Por enseñarme a ser hombre más allá de la fuerza física, y más bien hacerla y tenerla en el carácter y convicción para luchar por lo que creo, tanto como tú lo hiciste por mis hermanas y por mí.

Me considero un hombre afortunado… ¡SIGAN ADELANTE MUJERES!

Nos leemos la próxima semana…

 

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