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lunes, marzo 8, 2021

31 Días de Halloween: La escalera de Jacob (1990)

Es bastante curioso que en 1990 dos guiones de Bruce Joel Rubin se materializaran en proyectos. Ambos los concibió desde la década pasada y ambos apuntaban a las percepciones de Rubin respecto al tema de la transfiguración corporal y la validez del alma, cosas que le interesaron en un momento de su vida cuando sus creencias religiosas ponderaban hacia una agonía existencial. Ambos proyectos fueron dados por omitidos por mucho tiempo y para sorpresa de todos, uno de ellos se volvería la película más taquillera del año. Rubin fue nada más ni nada menos que la persona que concibió la idea original de Ghost: La sombra del amor (Jerry Zucker), esa película que siempre hace suspirar a tu mamá.

… la otra, no la tendría tan fácil.

La escalera de Jacob –o como se le conocía en nuestro país con el nada delator título de Alucinaciones del pasado– comenzó al igual que su hermana de texto como una obra fundamentada en el horror, la diferencia radicaba en que Rubin se oponía a cambios de tono en su proyecto, algo que en un principio no fue del agrado de Paramount Pictures, los cuales ya habían estado intentar despegar el filme con un menú de directores todo para que este terminara en manos de Adrian Lynne, fresco del éxito de Atracción Fatal (1987), también de parte de Paramount. Lo que no contaba el estudio, es que también Lynne encontraba apropiado el tono del filme, y con director y guionistas aguerridos a la idea de cambiar elementos para que terminasen en una película más accesible, el estudio terminó por desechar La escalera de Jacob, situación que Carolco aprovecharía con la promesa de darle control total creativo al director en una acción que obviamente buscaba el renombre de taquilla de Lynne, y lo cual… no pasó realmente, lo cual es una pena porque estamos hablando de una obra del horror seminal noventera.

La escalera de Jacob forma parte de este panteón de películas que suelen ser saturadas en su reconocimiento al truco del giro de tuerca, situación que comparte con obras como El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999) o Corazón Satánico (Alan Parker 1987) y eso puede demeritar su calidad final. Si para la audiencia todo gira en torno a la gran revelación, la película termina por perder gran parte de su identidad y temas que intenta poner a la mesa para la mayoría y termina por volverse una cosa no más que compleja que un libro para niños en donde al conectar los puntos se obtiene un dibujo hacia al final, de lo cual también es que sea una película que no precisamente es secreta respecto a su truco y muchas veces –más de las necesarias- predica en casos torpes que sólo pueden pasar desapercibidos para una persona ciega.

Pero este giro, y este tratamiento, lleva de la mano una exploración bastante inusual dentro del horror. La escalera de Jacob nos pone en los pies de Jacob Singer (Tim Robbins), un ex veterano de la guerra de Vietnam que no encuentra un rumbo en su vida tras la guerra. Tras padecer un accidente que lo deja fuera de combate, Jacob no es precisamente recibido como un héroe en su comunidad, más bien pasa desapercibido además de unos intentos de formular una nueva vida: con una novia nueva y un trabajo como cartero. Es en estos momentos que la película hace referencia a la situación de Estados Unidos en los setentas: esta sensación de desesperanza y suciedad rodea a Jacob lo hace sentir alienado y jamás a gusto por lo que siempre nos aproximamos de manera deprimente a esta enajenación que los combatientes o  personas que han salido de un trauma intentan superar en nuestra sociedad.

Y al hacer esto, Jacob se vuelve uno de los pocos protagonistas masculinos dentro del género en expresar un aura de derrota emocional y sensibilidad. No es usual verlo llorar o sentirse sin rumbo, y Tim Robbins expresa estos pesares con una expresión de horrror en su rostro que apenas y logra comprender su percepción en este mundo cruel, uno al que además tiene que enfrentarse sólo ante sus demonios tras la muerte de uno de sus hijos que conllevó a la separación de su primera esposa, y de lo cual Jezzebel (Elizabeth Peña) no quiere ni puede ayudar, y la cual sólo está entablada en una relación completamente sexual como posible alivio superficial de su dolor.

Es una serie de temas que además relaciona con las injusticias ocasionadas por los experimentos con soldados respecto a las drogas y… de manera gradual un acercamiento hórrido basado en visiones grotescas. La escalera de Jacob tiene monstruos en secuencias horrendas en donde estos toman los espacios de por sí asquerosos de la realidad de Jacob e imperan en este; forman orgías, lo miran con extrañeza, lo quieren atacar, o son almas en pena a los que el protagonista intenta rehuir asociándolos a señales de su duelo y tragedia bélica. Estos son llevados de manera valiente porque Lyne haya obligado a su equipo a plantear monstruos creados en el momento y con efectos que no requieran alteración de post producción, por lo tanto sus apariciones son breves y de flashazos, a los cuales uno nunca les va a tomar completa forma y esto obviamente genera un mayor temor porque lo que vemos nos es incapaz de razonar.

Quizás el mayor acierto con estos, sean los que no predican un horror inconcebible, sino más bien aquellos que representan la psique de Jacob: la escena más famosa en el hospital nos muestra su temor a ser tachado como un lunático en medio de una carnicería que desconoce –justo como su anterior trabajo- y un infinito e incómodo detalle a un ser que en agonía, se mueve de manera rápida reflejando el trauma psicotrópico del que fueron parte sus amigos. Y a pesar de esto, esta es una película que con todo y su atmósfera de opresión, termina revelando cierto optimismo sobre nosotros y lo que tenemos que hacer para sentirnos en paz, cuando alcanzamos un estado zen de entendimiento sobre nuestra estadía en este mundo.

La escalera de Jacob no tuvo éxito en 1990, porque era una película que lejos de apuntar a sustos fáciles, iba por una vertiente que solamente personas como Andrzej Zulawski habían logrado en países fuera de Norteamérica: un horror que traduce la aberración mental del protagonista en la escenaLa gente esperaba un filme escabroso –que sí es- de parte del tipo conocido por sus thrillers eróticos, una cosa facilona, no precisamente una obra que además les parecía cansada tomando en cuenta esta aparición incesante de Vietnam en el cine durante fines de los ochentas y principios de la década posterior… pero el tiempo ha sido buena con La escalera de Jacob, estamos hablando de una de las obras más referenciadas por el medio y otros como el videojuego que tomaron en cuenta la película que nadie vio ese año, pero todos copiaron.

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