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jueves, abril 22, 2021

Gobiernos contra la sociedad

¿Qué nos deparará el futuro?, averiguar si la especie humana estará en posición de decidir si puede continuar o está condenada a la destrucción medioambiental y las pandemias por la globalización, si somos capaces de destruirnos nosotros mismos, así el mundo está funcionando: la población mundial está al borde de un agujero negro, estamos condenados a muerte en el infierno de la tierra.

Argumenta el politólogo norteamericano profesor de ciencias políticas en la Universidad de Harvard, Samuel Phillips Huntington (1927-2008) y Noam Chomsky (1928-), profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y activista norteamericano, “el gobierno debe crear una fuerza que pueda ser sentida pero no vista, ya que el poder es fuerte en la medida que permanezca en la oscuridad, esto ayuda a comprender las intrigas del poder y de sus perversiones de lo que pasa en la actualidad”.

De aquí, que el poder del gobierno debe estar protegido de la población y la población no está protegida del poder del gobierno, por ello el recurso del miedo es empleado para disciplinar a la población que ha dejado horribles huellas de sangre y dolor que a veces ignorarnos. La historia reciente ofrece muchos ejemplos estremecedores para abrir las puertas a la explotación de ricos recursos naturales en el mundo, es el caso del gobierno mexicano vinculado con el narcotráfico.

¿Qué estamos haciendo frente a esta situación?, unos trabajan para enfrentar estas amenazas y otros se esfuerzan en intensificarlas, el problema ya no solo es la guerra nuclear sino las pandemias y el desastre medioambiental. Por el momento, es una de las dos mayores amenazas que pone en peligro la especie humana, siguen los casos de Corea del Norte e Irán, la guerra árabe-israelí, el conflicto potencial entre China, el gobierno norteamericano y Japón, no se detiene.

Por supuesto, es un problema de permanente tensión, y permite que la soberanía sea ahora nuevamente un instrumento de emancipación que permite trazar caminos de transformación en los países al tratar de imponer la democracia, la libertad y los derechos humanos mediante el terrorismo para fomentar el servilismo de los gobiernos a los gobernantes de los países poderosos.

Por ejemplo, la historia nos habla del apoyo e imposición a dictaduras violentas, terroristas en América Latina, controladas sobre todo por el gobierno de los Estados Unidos desde la formulación de la Doctrina Monroe (1823), cuando hizo pública su intención de dominación continental y del Destino Manifiesto, como es el caso, entre otros, en Argentina, Guatemala, Honduras, Panamá, El Salvador, Brasil, Uruguay, Chile, etcétera, que los gobiernos cometieron genocidio con comandos entrenados en los Estados Unidos e Israel.

Estos gobiernos latinoamericanos son dirigidos por una elite política pequeña y es extraño a su propio país y sueñan con los títulos de la realeza de Europa y envían a sus hijos a Estados Unidos a capacitarse para gobernar la enorme cantidad de riquezas y una enorme pobreza y miseria de los habitantes.

Es cierto, el gobierno norteamericano ya no tiene el poder abrumador de destruir gobiernos y de imponer dictaduras militares como antaño pero es un gobierno empresarial conservador extremista lleno de mafias que se apoya en sus armas y moviliza sectores sociales extremistas informales que amenazan a la sociedades para someter a gobiernos débiles.

Por ello, los intereses empresariales tienen el poder casi absoluto en las estructuras de las instituciones que bloquean el cambio, más cuando en los países subdesarrollados dependen de un modelo económico basado en la exportación de productos primarios, es una estrategia muy bien organizada por el sector privado y el Ejército, que unos y otros pueden someter al gobierno para mantener el statu quo.

Aldous Leonard Huxley (1894-1963), escritor y filósofo británico, escribió Un mundo feliz, una novela que predice que el mundo entero vivirá bajo la mano de una atemorizante dictadura, otro  escritor y periodista británico George Orwell (1903-1950) en su libro 1984, relata una dictadura basada en el estricto uso de la fuerza: vigilancia, castigo, estado permanente de guerra.

Por lo mismo,  el sistema político-económico actual es una forma de plutocracia que atenta contra la democracia, esto demuestra que el desarrollo del capitalismo no es compatible con la democracia, los que hacen política para las sociedades son los manufactureros y mercaderes desde el siglo XVIII como señala Adam Smith hasta hoy el poder está en las manos de las instituciones financieras y las multinacionales beneficiadas por el Leviatán que pervierte la democracia.

Por consiguiente, el gobierno va a tratar de protegerse de su enemigo que es la población, como las grandes empresas privadas van a tratar de proteger su control tiránico, se desarrolla una gran batalla por el enorme poder del capital concentrado que por supuesto trata de impedirlo por todos los medios posibles.

Entonces, la preocupación primordial de un gobierno de un país es la seguridad, pero la pegunta es ¿Seguridad para quién?, porque existe abrumadora evidencia de que no es seguridad para la población, es seguridad para sectores privilegiados dentro de la sociedad; se criminaliza a los movimientos sociales que trabajan en defensa de la tierra y los derechos humanos que los encarcelan y los asesinan cuando perjudican a la clase propietaria, “los decentes”.

La historia nos dice con frecuencia que la primera preocupación del gobierno es la seguridad del poder frente al pueblo, es garantizar la seguridad a sectores poderosos, por ejemplo son los acuerdos de libre comercio que no existe libre comercio sino protección de los derechos de los inversionistas que se negocian supuestamente en secreto por los representantes comercial del gobierno que redactan las detalladas normas representa los intereses de los consorcios financieros no de los ciudadanos comunes y corrientes.

La preocupación regular de las políticas públicas del gobierno es la seguridad del sector empresarial y de grupos privilegiados, podemos concluir que: la seguridad nacional de la población no es alta prioridad de los gobiernos, porque observamos que los gobiernos están en contra de la sociedad, porque el poder corrompe.

 

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,

Universidad Nacional Autónoma de México.

oaristeolopez@gmail.com

 

 

 

 

 

 

Octavio Aristeo López
Octavio Aristeo López
Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. Correo electrónico: oaristeolopez@gmail.com

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