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sábado, julio 2, 2022

Atracciones Navarro

Gente hay para todo. Ciudadanos, no.

El uso y abuso del poder ya no tiene escrúpulos. Desde el presidente de México hasta nuestro presidente municipal, todo se vale para hacerse de más poder. Con el perdón de sus mercedes por semejante equiparación, uno quiere trascender en su proyecto; el otro, saltar de puesto. 

No se trata ya nunca más de asuntos ideológicos. Es más simple: cómo me hago poderoso.

El sistema político mexicano tiene en la compra de voluntades la garantía del éxito electoral. Seguidores convencidos de que el político al que admiran hace lo que hace para nuestro bienestar. Sus intenciones no están en duda. Uno otorga dinero directo a la cuenta; otro útiles para la casa y fiesta continua. El chiste es que todas las cámaras enfoquen la imagen sonriente y cercana. Una y tantas veces que sea familiar.

La máxima política es que todos hablen de mí aunque sea mal. Allí no hay falla. Y si le metemos una lana a la promoción de la imagen, de las palabras, de los actos y demás numerosas apariciones pública, ya se hizo el guiso: hasta en la sopa aparece nombre e imagen.

Los asuntos del gobierno pueden se desastrosos, pero la popularidad personal no debe caer. Cosa de estos tiempos de likes y seguidores.

Por donde se quiera ver, las imágenes de los que quieren ser algo en la política ocupan más espacios y atención que los gravísimos problemas. Es la fuga ante la adversidad. Es mejor esperar el próximo éxito. Así nos trepamos en la rueda de su fortuna.

Arturo Miranda Montero
Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.


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