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viernes, julio 23, 2021

Democracia pueril

Nuestros partidos políticos jugaron a los encantados: los niños corren para evitar el toque del que encanta, dejándolos inmóviles.

Ellos son la encarnación de la muy frágil democracia mexicana. Solamente aparecen cuando se les convoca al juego electoral.

Cada uno hace sus trácalas para evitar al otro, aunque hagan equipos circunstanciales. Morena es el grandulón del juego, al que se le arriman como a la piñata que contiene premios en su interior; por eso gana más territorios aunque sea con quien sea y como sea. Los priistas, panistas, perredistas, petistas y verdes, le juegan al listo, a las caiditas; y los más nuevos, golpeados, se quedan llorando su pérdida. Esa banda se repartió la mitad del padrón electoral que asistió a las urnas.

Uno quiere dejar inmóviles a sus adversarios para que no le interrumpan su juego acaparador del poder; los otros, se escabullen haciendo retruécanos para evitar ser tocados por el encantador, y, al último, los menores se van con quién les dé más dulces de la piñata.

Ganar o perder espacios territoriales nomás sirve para organizar los intereses cobijados por las franquicias partidarias; aparte, desde luego, las “empresas” criminales que llevan mano para poner o quitar según sus propios intereses. De lo obtenido, todos sacarán ganancias a su debido tiempo.

Pero juegos aparte, la otra mitad que no quiso o no pudo votar, más los habitantes no incluidos en el padrón electoral, pos ora sí que nomás milando…

Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.

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