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miércoles, diciembre 8, 2021

Hortensia

Sobrevive uno en su burbuja hasta que la televisión nocturna quita el sueño. Allí aparece ella, llega a la Fiscalía para demandar a los administradores de la salud pública: tiene metástasis cancerígena.

¡Pero si la conozco!, exclamo. Es de aquí, de Guanajuato. Dos notas periodísticas me confirman la conocencia. ¿Qué le ha pasado que anda demandando a funcionarios públicos? Pues eso, que los encargados de las administraciones de salubridad pública no le han cumplido el derecho a su salud y, como nunca ha sido timorata, va y les reclama como todo ciudadano debería: aplicación de la Ley.

¿Cómo creerle a los políticos que se encumbran en las instituciones aquello de que sirven a la ciudadanía? Una y otra vez, hasta ser innúmeros, los casos encueran esa demagogia. Ella ha acudido a las instancias de salubridad pública para encarar el cáncer que le aqueja. No ha encontrado más que negligencia y litigio. El año de la pandemia ha servido como excusa para todo: para su tratamiento de quimioterapias y para que los jueces se tomen su tiempo en hacer valer el derecho.

La enferma de cáncer ha tenido que lidiar litigiosamente con el otro cáncer nacional: la impunidad, el no pasa nada, el ya se cansará, la justificación extendida de pretextos para alargar el caso y el dolor. Uno puede meterse al expediente y son abrumadores los oficios y contra oficios girados de aquí para allá. Es la burocracia kafkiana que oculta toda noción de humanidad.

Ella tiene, como todos, la vida contada; nomás que la a la suya la han empujado los burócratas de salud y de la judicatura.

Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.

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