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domingo, mayo 16, 2021

Malos conocidos

Los mexicanos no somos muy duchos en eso de la democracia; es más, no nos importa mucho. Preferimos al padre autoritario, al que se encarga de todo.

Cuando hay que ir a votar, lo hacemos casi como acto reflejo, sin ninguna información crítica que module una decisión. De esa manera, quienes han durado décadas en el poder, gozan del voto repetido una y otra vez por el mismo color, el mismo partido u otro.

Se nos hace natural que los mismos de siempre sean quienes aparezcan cada periodo electoral en campaña por uno u otro cargo. Son caras conocidas y mañas sabidas. Ya está probado que usan el cargo para cambiar su vida, su casa, sus carros y hasta de amores. Se convierten en los ilustres de la política, a los que se busca para tomarse la foto que demuestre que nos conoce o que, por lo menos, nos sonrió alguna vez. Son esos cartoncitos que se cuelgan en nuestras paredes bien enmarcados para lucirlos y presumirlos. La cercanía con los poderosos siempre tiene algo de estremecedor.

Ahora, mientras tratamos de sobrevivir a la pandemia, a la criminalidad y a la crisis económica profunda, ya van reapareciendo los candidatos. Sus acciones y reacciones apantalladoras quieren nuestra atención para fijarnos, otra vez, en sus sonrisas, en sus axilas expuestas al levantar los brazos. Los que ocupan cargos actualmente, hacen todo lo que en meses no hicieron: inauguran, arreglan, presumen millonadas en tal y cual obra, saludan a habitantes de regiones que jamás visitaron, se disfrazan de policías y arman recorridos por “barrios peligrosos”; todo lleno de cámaras, micrófonos y luces que los hagan lucir como nunca. Los candidatos ven por sí y para sí; no les interesamos más que como número de boletas.

Arturo Miranda Montero
Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.

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