- Publicidad -
miércoles, agosto 17, 2022

¡Mío!

En nuestro sistema político de botiín, el que gana una elección cree que se lleva todo.

Eso de que el poder con sus cargos son patrimonio del ganón, viene de muy lejos en nuestra historia. Antaño, se vendían los cargos y el que compraba de allí se reponía; hoy, también.

El único freno a tales desviaciones es la organización de instituciones sólidas capaces de frenar acciones francamente desorbitadas. Por eso a los políticos de ahora no les gustan las instituciones, les repugnan porque no les dejan hacer y deshacer al contentillo. Veamos el caso de Guanajuato capital. Un político logró reelegirse para el cargo de presidente municipal. Con él hubieron de llegar síndicos y regidores para integrar el colectivo que, constitucionalmente debe gobernar: el ayuntamiento. Pero héte aquí que los ayuntados nomás jalan por su surco. El presidente se erige, sin compartir el gobierno, en quien dice qué sí y qué no se hace.

De tiempo atrás, los cadáveres que se usan para sacar dinero han sido tratados con toda indignidad y sin recato alguno: los rentaron a un vivales que los paseó como circo y ni pagó; los han utilizado en tianguis y ferias pueblerinas. Y cuando se les dice que paren, que así no se debe tratar a una persona fallecida, al contrario, se inventan un negocio mayor para sacarles más raja, disque para beneficiar a la ciudad. Todo ese trajín hizo que los científicos del INAH advirtieran que eso sería catastrófico. Antropólogos físicos llevan tiempo estudiando a esas personas, en tanto que otras instancias institucionales han reclamado que nada se ha hecho bien y de buenas,

El presidente no puede ver conocimiento, quiere ver grilla. Por eso es un político menor enojado con una institución que viene de 1939. Nomás.

Arturo Miranda Montero
Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.

Más noticias

Comentarios

spot_img