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sábado, junio 22, 2024

Nuestro ruidero

Agredir y humillar al gran Arturo Parra en su propia vecindad ya es el colmo. Eso es lo que nos espera. Él, como miles de guanajuatenses, hemos reclamado de una y mil formas que la ciudad está ensordecida.

A cualquier hora, la ciudad que antes era capital de Guanajuato, está sometida al ruidazo de cuanta amplificadora exista. Todo espacio público se privatiza por quienes instalan sus bocinas para agrandar sus ruidos.

Si usted es usuario del transporte concesionado, ya se la sabe: “¿quién te agarró la nalguita, mami?” a todo volumen, y si le molesta, pos no se suba.

Si tiene para comer en un restaurante, asimile que ya no puede rendirle a su comida, porque la tele o las bocinas a güevo le endilgan los ruidos del lugar. Y si está en mesa callejera, todos los intérpretes le van a endilgar el bocinazo o el grito pelón.

¿Quiere ir al teatro o nomás dormir en su casa?, pues las miles de tandas estudiantinas se lo van a impedir. Si requiere un taxi, también se tiene que chutar el ruido de la radio y de la canción del operador, y ni se le ocurra pedir bajar el volumen.

No es necesario insistir en el ruido automotor de los vehículos particulares que circulan como si todo fuera para ellos. Si ya sabemos que toda obra citadina está dedicada al cochismo. El auto es el mayor signo de estatus social y quienes no lo tenemos, pues valemos puritita. Miles de visitantes se dejan caer a la ciudad y van por sus calles, plazas y callejones gritando como no lo hacen en sus lugares de origen. Ah, y los antros, bares y demás, esos tiene cancha libre para hacer el ruido hasta el amanecer. La ciudad ya no es nuestra, nos agrede y sin candidaturas que nos digan algo.

Arturo Miranda Montero
Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.

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